Entre la ópera bufa y la opereta.

Juan Cardona Cjuan@juancardona.es

La situación política, después de las últimas elecciones generales, se puede situar entre dos géneros de la ópera. La bufa y la opereta. La primera es una ópera que se desarrolla sobre un tema cómico. Se mezclan así la estructura «seria» de la obra musical con un argumento burlesco. Las conversaciones entre nuestros responsables políticos, con papeles de actores bien memorizados y escritos con anterioridad, se pueden considerar dentro de la bufa. La seriedad del escenario (la formación del gobierno) se contrapone con las declaraciones formuladas por los líderes de quien es el que tiene que mover ficha, o quien tiene que imponer al otro la anulación de parte de su programa, o simplemente con promesas de apoyo a la «segunda».

Los votantes están (eso parece) desorientados mientras los políticos echan cuentas del impacto positivo o negativo que sus ofertas pueden influir en la fidelidad de su masa electoral. Si no fuese por la importancia que supone contar con una estabilidad de gobierno la situación podría prolongarse sin límite y promete ser al menos divertida viendo como las propuestas van variando alejándose de los programas electorales para volver con fuerza a la intransigencia. ¿Es tan difícil establecer un programa de mínimos para salir adelante? Digo de «mínimos»; ya que hay tantas cosas que enmendar que no parece difícil establecer un calendario extenso para modificar las desviaciones e impurezas que nuestro sistema democrático ha creado.

Tendrían sus señorías tanto trabajo con las nuevas leyes necesarias que no les dejaría tiempo para las trifulcas partidistas y para «quítate tú, que me pongo yo». ¡Seriedad! Apliquemos el álgebra de Boole. Desechemos el conjunto «unión» y el «vacío», y centrémonos en el de «intersección». Por ahí está la solución. Construir un nuevo conjunto que contenga los elementos comunes.  Creo que para aplicar correctamente esta teoría hay que superar el 4º curso de la ESO, seguramente lejano en el tiempo en la formación de sus señorías.

Por otra parte está la opereta, aquí nos encontramos que la trama tiene un componente disparatado e inverosímil. En el «asunto» catalán los libretos ocurrentes y sin sentido que había planificado el desleal señor Mas se han visto superados por la fuerza de la improvisación en la interpretación de actores tan señalados como los de la troupe de la CUP. Han conseguido la cuadratura del círculo: empate asambleario a 1.515 votos. Un caso que merece un serio estudio de lo alta matemática; pero todo tiene su truco. Fácil, se numeran las acreditaciones de tal suerte que sean igual el número de pares que de impares y se da la orden de que un bando vote sí y el otro no. Después se recuenta y ¡milagro!: empate.  Ahora el que decide en la práctica es el Consejo Político de la CUP con un sistema representativo sui géneris. Hay que enmarcar las declaraciones del olvidadizo Artur Mas que sentenció: «No se puede igualar un pacto a una humillación o una bajada de pantalones». En estos momentos los debe tener por los tobillos bailando un cancán de opereta.

Dentro de subgénero bufo hay piezas destacadas como «El barbero de Sevilla», de Rossini, hasta «Las bodas de Fígaro», de Mozart, por tanto no hay que desesperar; eso sí hay que encontrar compositores de esa talla.

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