Artur Mas entre Moisés y el «caganer»

Juan Cardona CJuan Cardona Comellas-(www.juancardona.es)

Se cumplió lo esperado y las mesnadas independentistas con un par de diputados en «renting» de los antisistema de las CUP constituirán un nuevo gobierno que conduzca a parte del pueblo catalán a la tierra prometida. ¿Quién será el pastor que los conduzca? ¿Será el Moisés catalán? La respuesta es sencilla, no; será el número tres de «Junts pel Sí» por la provincia de Girona, alcalde de la capital, Carles Puigdemont. Con esta novedosa formula de elección, el número cuatro por Barcelona cede los trastos al tres de Girona para ser elegido el uno de Cataluña: democracia veredes, amigo votante.

El Moisés catalán aseguró hace unos días que «No se puede igualar un pacto a una humillación o una bajada de pantalones». Pacto logrado: bajada de pantalones realizada. De la figura del leader conductor a la del «caganer» tradicional. Apartarse de la política tendrá al menos la recompensa de estar en las casas de los catalanes en la Navidad y expuesto (no importa que sea con el culo al aire) a la familia y amigos, así año tras año.

Según cuentan las sagradas escrituras Yahvé castigó al caudillo Moisés a no entrar en la tierra prometida y quedarse a las orillas del Jordán por un problema de deslealtad. Con crueldad manifiesta le permitió ser el conductor de su pueblo durante cuarenta años (menos mal que en el «proces» se acortan los plazos) y con la miel en los labios lo cesa y destituye, como un vulgar entrenador de fútbol, y un nuevo aspirante a Josué toma temporalmente las riendas. Sin ánimo de jugar a ser adivino todo apunta a que el Tribunal Constitucional sea el Yahvé terrenal y repita la operación una y otra vez hasta el último de la lista de Lleida (la de menor peso en el parlamento) en un nuevo vagar interminable a través del desierto.

De todo este esperpento un penúltimo corolario: en el acuerdo se obliga a las CUP a asumir públicamente sus errores por el sufrimiento infligido a los patriotas independentistas catalanes y votar todo aquello que los «Junts pel Sí» decidan. Catalunya queda así en manos de un grupo de diputados con algo en común: faltar a la palabra dada, y en donde un acuerdo de despacho, según el desleal Mas, solamente implica «corregir» el resultado de las elecciones del 27S y en el cual la CUP «queda desactivada como elemento de oposición parlamentaria»; una nueva fórmula democrática de elección en la cual la voluntad expresada con los votos de los sufridores se puedan corregir a mayor gloria y aprovechamiento de la clase «dirigente»: los catalanes se convierten en menores de edad ante las urnas. Así les va…

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