Envestidura vs Concurso

Juan Cardona CJuan Cardona Comellas

La situación creada por nuestros «representantes» hace del análisis político una crítica reiterativa de un comportamiento egoísta y falto de miras. Es difícil trasladar las actuaciones personales de estos «elegidos» al mundo real.

Si las negociaciones del futuro gobierno se comparasen con las que realizan las empresas ante un gran contrato en el que un ofertante en solitario no pudiese acometer la obra demandada; éste, buscaría sin duda alguna un partner para complementar su oferta y salir victorioso ante cualquier propuesta de la competencia. La unión temporal de empresas constituida, que obliga solidariamente a sus componentes, lucharía, sin duda, para conseguir el contrato con todas sus fuerzas y recursos manteniendo al tiempo que la participación de cada uno de los socios fuese equivalente o acorde al esfuerzo realizado. En aras del beneficio común cada componente cederá algunas partidas para que las ejecute el socio que las realice en mejores condiciones. Cualquier egoísmo conduciría al fracaso o debilitaría la propuesta. En una correcta licitación conjunta lo importante es que resulte satisfactoria para todos los que componen el grupo y no solamente a uno o a alguno de ellos.

Una vez adjudicado el concurso, la oferta ganadora estará bajo la lupa tanto de quien promovió el contrató como de quien perdió la puja; que por cierto, se queda sin obtener beneficio alguno y sólo le queda el saber que en el siguiente concurso tendrá que afinar la proposición y rodearse de mejores socios: Unos ganan y otros pierden.

En nuestro sistema electoral el que consigue los votos y apoyos necesarios es el que gana, y cosa curiosa el resto de parlamentarios que no lo consiguen no pierden, sino que ganan menos: la oposición remunerada es un buen lugar para el ocioso y en donde muchos parlamentarios que no presentan propuesta alguna en los cuatro años de legislatura y ocupan su tiempo disfrutando de sus modernas tabletas, pagadas con nuestros impuestos, continúan gozando de sus prebendas y su sueldo asegurado a final de mes.

Cuando una empresa fracasa en los concursos públicos una y otra vez, no sube el sueldo a sus empleados sino más bien reestructurará su plantilla y al «inservible» lo cesa y lo sustituirá por otro trabajador que tendrá que demostrar su valía antes de exigir un aumento de sueldo o un ascenso. Me da impresión que los partidos políticos no funcionan así y al incapaz para llevar la nave a buen puerto o al perdido en la bruma de la medianía le sigue, le seguimos, pagando su buen sueldo exclusivamente con su postura ante las cámaras o simplemente rellenando el hemiciclo.

Mi voto y el todos los españoles es quien adjudica el zurrón al político que lo rellena con avidez con nuestros impuestos. Mientras no se cambie el sistema solo nos queda el exigir a nuestros «empleados» un mejor rendimiento y caso de no dar la talla exigirles que sean honrados y honestos y dejen su lugar a otros. Lo peor es que muchos de ellos al cubrir la ficha del paro en el apartado de profesión pondrían: «político»; empleo anterior: «ninguno»… así nos va.

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Un comentario

  1. Cuando te refieres a empresas, entiendo que hablas de empresas privadas, pues en las públicas pasa igual que en el política, no se quita al inútil y cobra igualmente su sueldo sea o no eficiente. Pero un buen análisis. bravo.