Afundación celebra en Pontedeume su programa intergeneracional «Fálame da emigración»

Afundación celebrará mañana viernes 21 de abril a las 12.30 h en el IES Breamo de Pontedeume un encuentro intergeneracional entre mayores y estudiantes del instituto integrado en su programa «Fálame da emigración», en el que 69 voluntarios y alumnas y alumnos de centros escolares de toda Galicia dialogan sobre vivencias en la emigración. El IES Breamo participa en este programa en el que se involucraron 40 estudiantes de segundo de ESO y 8 voluntarias y voluntarios socias del Espazo +60 de Pontedeume: Carmen Villar, Ezequiel Juan Guntín, Carmen Tenreiro, Aurora Aller, José Dopico, Rosa Cabana, Carmen Fachal y Joaquín Leira. En el encuentro del viernes, tras una primera jornada en la que las voluntarias contaron su experiencia, serán los jóvenes los que, tras investigar sobre la historia de sus propias familias, relatarán sus relaciones con la emigración y juntos reflexionarán sobre las diferentes motivaciones para emigrar, las dificultades y los aspectos positivos o las diferencias con la inmigración en Galicia.

La iniciativa se enmarca en la línea estratégica «El valor de la experiencia», del Área de Envejecimiento Activo de Afundación, por la que la entidad quiere poner en valor la trayectoria vital y profesional de los mayores a través de programas intergeneracionales y de voluntariado, que beneficien a otros grupos de la sociedad. «Fálame da emigración», que se integra dentro de las propuestas de programación para escolares que desarrolla cada curso Afundación, se desarrollará en esta nueva edición en 16 centros escolares situados en las localidades donde Afundación tiene un centro de mayores —las siete principales ciudades gallegas y en otras cuatro poblaciones (Viveiro, Betanzos, Pontedeume y Monforte) —, con la participación de 618 estudiantes de ESO, lo que propiciará un total de 48 encuentros intergeneracionales. El programa está abierto a todos aquellos institutos que quieran participar en el proyecto, con la incorporación continuada de nuevos voluntarios y voluntarias que han vivido la experiencia de la emigración.

El proyecto y los encuentros

«Fálame da emigración» se articula a través de dos encuentros intergeneracionales, a los que precede una fase de preparación por parte del alumnado y de los mayores. Los primeros, a partir de una guía didáctica y material de apoyo documental aportados por Afundación, trabajan sobre el contexto social e histórico de la emigración gallega, mientras que los segundos construyen el relato de sus historias de vida y preparan las sesiones en los centros escolares. En el primer encuentro, los mayores cuentan sus experiencias en la emigración y dialogan con los estudiantes. En el segundo encuentro, tras investigar sobre sus familias, los jóvenes relatan sus relaciones con la emigración y, en esta nueva edición, recogerán además documentación y fotografías y aportarán sus propias historias de vida para ampliar los testimonios y que estos relatos se transmitan entre generaciones para poder conocer nuestra historia colectiva. Así, con este objetivo de que el programa amplíe su alcance y tenga un carácter colaborativo, Afundación ha creado la página web falamedaemigracion.afundacion.org, que recoge el material didáctico del proyecto, el material documental que surge de cada encuentro (fotografías, vídeos, testimonios…), y el que aportarán los alumnos y alumnas sobre las historias de la emigración de sus familiares.

Como recurso didáctico complementario, Afundación expone en cada uno de los centros participantes la muestra «Nós tamén fomos emigrantes», una selección de imágenes de los archivos de la agencia EFE, que posee uno de los fondos fotográficos más importantes de España y que documentan diferentes aspectos de la emigración gallega y española.

Los protagonistas

Carmen Tenreiro Tenreiro, Aurora Aller Vázquez, Joaquín Leira Regueiro, José Dopico Freire, Carmen Fachal Rodríguez, Carmen Villar Ares, Ezequiel Juan Guntín y Rosa Cabana Sande son los voluntarios que participan en el proyecto en Pontedeume. Todos ellos son parte de las 69 personas que se sumaron a esta iniciativa de Afundación, que se extenderá a toda Galicia, con la incorporación progresiva de nuevos voluntarios y voluntarias.

Los padres de Aurora Aller Vázquez emigraron a Suiza en 1962 por motivos económicos y la dejaron a ella aquí con una tía, y su hermana, con los abuelos. En 1965 sus padres regresaron de visita, pero, en el momento de marchar, las niñas se aferraron a sus piernas pidiendo que las llevaran con ellos. Así fue cómo se fue a Suiza a los 12 años. La vida cotidiana en el país de acogida fue difícil durante los primeros meses, esencialmente en la escuela, a causa de la barrera idiomática, lo que impulsó a sus padres a apuntarla a clases de alemán. En el país alpino conoció a su marido, un amigo de sus padres también emigrante. Hasta que tuvo hijos, Aurora trabajó en unas oficinas. En el año 1975 su padre los animó a que montaran un restaurante, La Bodega, que regentaron durante diecisiete años. La ingente carga de trabajo en el negocio le generaba demasiada tensión y, por ese motivo, decidieron retornar a Galicia, donde ya tenían una vivienda.

En 1954, con 19 años, Carmen Tenreiro Tenreiro y su madre decidieron emprender rumbo a Inglaterra por circunstancias familiares, ya que su padre, un exiliado a causa de la guerra civil que sufrió la dureza de los campos de concentración franceses, aunque trabajaba embarcado, tenía base en aquel país. Trabajó en un taller de costura y, con el tiempo, llegó a dar clases a mujeres en un colegio. Lo que más le llamó la atención en el ámbito laboral fue que, mientras en España le pagaban como costurera diez pesetas, allí empezó cobrando tres libras a la semana. La vida cotidiana en Inglaterra era buena, y mantenía relación con la familia a través de una carta semanal. En el año 1957 regresó a su aldea de vacaciones. A raíz de ese viaje se reinició la relación con su novio que, en 1960, emigró también a Inglaterra. Allí encontró trabajo y allí formaron su familia. En 1971 decidieron retornar a España. La valoración general de su experiencia es muy positiva.

Con 22 años, Joaquín Leira Regueiro decidió emigrar para huir de la pobreza y de las escasas opciones de futuro. Uno de sus primos, que residía ya en el País Vasco, lo animó a marchar para allá y, en 1961, se decidió a partir. Durante los primeros meses en el País Vasco se empleó como zapatero, oficio que ya ejercía en Galicia, para después ser contratado en un taller de maquinaria. La oferta laboral era tan amplia, a causa de la pujante industria, que no había viviendas suficientes para tantos trabajadores. En consecuencia, tuvieron que compartir una casa vieja con otras cuatro familias. En el País Vasco las personas gallegas estaban muy bien valoradas. Los empresarios los iban a buscar a los trenes para hacerles ya contratos indefinidos. A pesar de estar muy bien integrados, sentían mucha morriña de Galicia y, tres veces al año, regresaban aprovechando las vacaciones. El retorno definitivo fue en el 2000, motivado por su jubilación y por el fallecimiento de un hijo; allí ya no les quedaban ataduras ningunas y aquí tenían la familia.

La partida de José Dopico Freire se debió a dos factores: por un lado, el rechazo al servicio militar y, por el otro, la búsqueda de una mejora económica. Así que, en su trabajo consiguió hacerse con varias direcciones a donde enviar peticiones de empleo en Suiza. La respuesta le llegó en forma de contrato laboral. Y así, en 1962, comenzó su aventura. Se fue con 19 años, en aquella época, menor de edad, por lo que precisó autorización paterna. Comenta como, al principio, se sentían observados con recelo por los suizos, aunque el paso del tiempo supuso un cálido acercamiento que derivó en un gran aprecio. En general, los gallegos eran considerados buenos trabajadores y estaban muy valorados. José se casó en España con Aurora Aller Vázquez, una española también emigrada en Suiza con sus padres, y fue en Suiza donde continuaron su vida. Juntos llegaron a regentar el restaurante La Bodega durante diecisiete años. La valoración que hace José de su experiencia migratoria es muy positiva. De hecho, siguen viajando a Suiza, donde residen sus hijos.

Cuando tenía 22 años, Carmen Fachal Rodríguez decidió emigrar al País Vasco en busca de un futuro mejor. Su marido, Joaquín Leira Regueiro, siempre se mostró contrario a que ella trabajara en una fábrica, así que ejerció como costurera en la casa. Le pagaban bien, pero era muy sacrificado. En un primer momento tuvieron que compartir casa con otras familias, pero en poco tiempo y, poniéndose el jefe de su marido como avalista, dieron la entrada para su propio piso. Algo que le llamó mucho la atención a Carmen de la vida en Éibar era ver en el parque todos los abuelos cuidando a sus nietos, mientras los padres trabajaban en las fábricas. «Eso aquí aún no era habitual». Su retorno a Galicia se debió al fallecimiento de su hijo. Aseguran que de no haber ocurrido, allí seguirían.

Carmen Villar Ares salió de España en 1967. Su marido se había ido a Canadá con un contrato de trabajo, y a los ocho meses la llamó para que fuese con él. En Montreal se alojaban en una pensión donde les tenían preparada una fiesta de bienvenida, lo que a Carmen le resultó muy agradable. Una semana después, Carmen se dirigió al consulado para buscar información y conseguir un trabajo. Allí la recibió un señor muy amable, y ella no pudo evitar ponerse a llorar, pues necesitaba ocupar su tiempo y no pensar en el hijo que había dejado en España. Al día siguiente ya tenía un empleo en un taller de confección de sombreros.

En 1949 Ezequiel Juan Guntín partía desde Pontedeume con su madre y sus dos hermanos rumbo a Argentina para reunirse con su padre, que residía allí desde 1947. La situación de Argentina en esa época supuso un contraste muy fuerte, teniendo en cuenta que ellos emigraban escapando de la precaria situación económica de la España de posguerra. Aunque en Buenos Aires se vivía muy bien, Ezequiel dice que en la mente del emigrante siempre está mejorar la situación económica para volver a casa. Fue por eso por lo que la familia decidió marchar para Santo Domingo. Allí montó su propio negocio, conoció a su futura esposa y se casó en 1960. En 1961 el matrimonio viajó a Galicia, donde lo denunciaron y tuvo que cumplir el servicio militar. Aquí nacieron sus dos primeros hijos y, en 1964, él, su esposa embarazada por tercera vez y sus dos hijos regresaron a Santo Domingo. En octubre de ese año nació, ya en la isla, el tercer hijo del matrimonio.

Rosa Cabana tenía varias amigas en Suiza, y en una ocasión en la que una de ellas vino de visita a Pontedeume, le trajo un contrato de trabajo para un hotel en Berna. Así fue cómo decidió marchar con treinta años. En Berna Rosa vivía en el mismo hotel donde trabajaba y al año de estar allí se fueron también allí su hermana y su cuñado. Siete años más tarde su hermana decidió regresar a España y Rosa se mudó con una amiga a Ginebra. Poco después encontró empleo como costurera y durante ese tiempo vivió en la casa de la señora para la que trabajaba. Después fue contratada en la maternidad de un hospital, donde permaneció hasta su jubilación en el año 2002.

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