Las sociedades de Socorro de Ferrol

Enrique Barrera Beitia

En la sociedad española de finales del siglo XIX y principios del XX, no existía una seguridad social de carácter público, por lo que la provisión de estos servicios sólo se daba en las grandes empresas, como la Maestranza de Ferrol.

Por su parte, los autónomos y los obreros que trabajaban en pequeñas fábricas, se afiliaban a las denominadas sociedades de socorro, impulsadas por los sindicatos y cuyo fin era auxiliar en los casos de paro, enfermedad e invalidez. Fueron legalizadas a partir de 1875, porque no generaban gastos para el estado y eran compatibles con la ideología liberal, contraria a que el estado proporcionara prestaciones y servicios de carácter social. Tenían un fuerte componente moralista, excluyendo el tratamiento del alcoholismo y de las enfermedades venéreas, además de exigir un adecuado comportamiento, y en muchos casos, un afinidad o sintonía ideológica con sus promotores.


Generalmente, las sociedades de Socorro eran de carácter gremial.
La ausencia de suministro centralizado de agua potable, provocaba epidemias si no se detectaba contaminación en las fuentes públicas y en los pozos artesanos sin revestimiento.

En 1900, solo el 14% de la población activa gallega trabajaba en la industria y el comercio, y sólo el 10% vivía en las ciudades. Ese año, Ferrol tenia 25.281 habitantes y estaban registradas 18 sociedades de esta naturaleza, con aproximadamente 3.090 asociados, que abonaban dos pesetas mensuales como media; el sueldo de un trabajador en aquella época era aproximadamente de unas 50 pesetas mensuales.

La vida era extremadamente dura para estas gentes. La jornada laboral rebasaba las sesenta horas. Tenemos datos bastante aproximados del nivel de vida en 1915, cuando el salario medio de una familia obrera había subido a 3.5 pesetas diarias, y poco más de 900 pesetas al año. Una estructura de gasto familiar bastante cercana a la realidad, para una familia de cinco miembros, podría ser la siguiente:

Comida 880 pesetas.
Luz y calefacción 55 pesetas.
Arriendo de casa 50 pesetas.
Vestido y calzado 110 pesetas.
Varios 60 pesetas.

Total 1.155 pesetas.

Por lo tanto, era necesaria la aportación de más miembros de la unidad familiar para asegurar la subsistencia. La ausencia de una traída centralizada de aguas, y una red de alcantarillado muy deficiente, hacía de Ferrol una ciudad muy insalubre, sobre todo en el barrio obrero de Esteiro. Los pozos artesanos mal revestidos y las fuentes públicas, se contaminaban con facilidad, y los pozos negros, muchos de ellos sin desinfectar, ayudaban a propagar enfermedades como la tuberculosis, viruela, fiebres tifoideas, gripes, neumonías, e incluso el cólera.

Esta es la relación de las sociedades de Socorro ubicadas en nuestra ciudad.

 

Estas asociaciones se movían en medio de una gran precariedad económica, y las sedes sociales que constan, son en su mayoría los domicilios personales de los presidentes. Tenían contratados los servicios de un médico y de un practicante, y se hacían cargo de los medicamentos adquiridos en las farmacias.

También abonaban 1.5 pesetas al socio enfermo que no podía acudir al trabajo, la misma cantidad que se abonaba a los trabajadores de La Maestranza. El socio podía con una cuota adicional, cubrir a toda su familia. Estas sociedades, podían tener una persona contratada para las tareas administrativas, para llevar el libro de ingresos y gastos y vigilar posibles fraudes. Sus limitaciones financieras impedían que pudieran ampliar estas prestaciones a la jubilación (denominada entonces “retiro obrero”) y la invalidez permanente, por lo que los jubilados vivían los pocos años de vida que les quedaban con sus descendientes. La Comisión de Reformas Sociales, en su informe de 1903, decía tajantemente que “los obreros de Ferrol nunca abandonan a los suyos”.

Los sueldos mensuales de los médicos, en función del tamaño de la sociedad que les contrataba, oscilaba entre 100 y 150 pesetas, para los practicantes entre 30 y 100 pesetas, y para el personal administrativo, de 45 a 100 pesetas. La diferencia entre gastos e ingresos estaba muy ajustada, y si el remanente que quedaba a final de año era escaso, y el nuevo año presentaba una mayor tasa de enfermedades, las sociedades entraban en problemas económicos que podían acarrear su disolución. Es lo que ocurrió con El Gran Pensamiento (disuelta en 1888), el Porvenir Ferrolano, disuelta en 1890 (se fundó en 1895) y La Nueva Alianza (disuelta en 1897). Otras seis sociedades de socorro mutuo desaparecieron entre 1886 y 1900 (La Beneficiosa, La Unión Ferrolana, La Piedad, La Filantrópica, La Alianza y La Fraternidad).

En 1920, muchas de estas sociedades ya se habían agrupado y estaban ligadas a la UGT. En mayo de ese mismo año, hubo un conflicto con los médicos que la atendían, que pidieron una subida de sueldo. La UGT se quejó de que esa subida no se la habían pedido a otras entidades, por lo que vieron un castigo por su condición de sociedad obrera.

 

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