Mataderos clandestinos en Ferrol y el Fielato

Enrique Barrera Beitia

El 19 de septiembre de 1910, la Guardia Civil descubrió un matadero clandestino en el barrio de Caranza (número 15 del lugar del Bertón), en el que dos vecinos estaban descuartizando una vaca que llegó muerta de Ares en un carromato, a consecuencia de escrofulismo, una enfermedad muy peligrosa. La intención era vender esa carne en Ferrol. A raíz de este servicio policial se supo que llevaba funcionando dos años, y casi todos los días sacrificaban uno o varios animales. Hubo tres personas detenidas, y corrió el rumor de que había otros dos mataderos clandestinos en Serantes.

Este incidente coincidió en el tiempo con una polémica en El Correo Gallego, sobre las causas por las que en Ferrol los alimentos eran más caros que en Coruña. La carne de ternera de 1ª, 2ª y 3ª, se vendía respectivamente a 2.50, 2.00 y 1.40 pesetas, cuando el sueldo medio de un obrero de la constructora naval era de 2.00 a 3.00 pesetas al día. Los tablajeros, actualmente conocidos como carniceros, culpaban de ello a las altas tasas que tenían que pagar en el matadero municipal para sacrificar las reses.

El antiguo matadero de Esteiro, hacia 1910, con el secadero de pieles.

Un tablajero llamado Ángel Ramos hizo público su compromiso de reducir el precio de la carne de vaca, siempre y cuando se eliminasen determinadas trabas en el Matadero Municipal, a lo que la corporación municipal se opuso por razones de higiene. El 24 de noviembre, volvió a la carga publicando otra carta en la prensa, en la que acusaba veladamente a varios concejales de recibir favores de los demás tablajeros, opuestos a abaratar la carne. Como era de esperar, recibió dos días después la réplica por escrito de sus colegas (Antonio Fernández, Antonio García, Eusebio Sánchez, Julio Bouza, Antonio Follano, Isidora Vidal, Esperanza Pernas, Josefa Iglesias, María Grimaldos y Rosa Quijano), que le acusaron de querer vender la carne de animales enfermos, “como ya lo ha hecho varias veces”. La carta especifica dos casos concretos, el último de una vaca con tuberculosis, que le fue rechazada. Ángel Ramos rechazó las acusaciones.

En mi modesta opinión, todo parece indicar en este cruce de acusaciones, que los tablajeros habían pactado entre sí fijar los precios, por lo que no había competencia. Algo parecido a lo que suelen hacer las gasolineras.

Quién mejor dio con la clave de esta carestía, fue José Bravo Collazo, que el 23 de ese mismo mes publicaba una carta en el periódico ferrolano, con la virtud de poner ejemplos concretos. Así, decía que “salvo los bellos, panchos, barallocas, melgachos y otra clase de pescado que sólo los gatos debieran comer, todo el demás que se introduce en nuestra población, está sometido al pago de unas cantidades tan elevadas, que hacen del pescado un artículo de lujo (…) En cambio, las perdices, liebres, conejos, patos, pavos, gallinas, pichones, quesos, y en fin, innumerables artículos que sólo los adinerados pueden comer y beber, son introducidos por la puerta de la ciudad sin que los de consumo les cobren un sólo centimo”.

Desde 1910 hasta nuestros días, la dieta alimenticia de los españoles, ha variado notablemente. Comemos menos trigo (77 kilos contra 146), patatas (62 kilos contra 80) y bebemos menos vino (17 contra por 60). Por el contrario, hemos aumentado el consumo de legumbres y hortalizas (60 kilos frente a 20), aceite (34 litros frente a 26),leche (109 litros frente a 26), carne (93 kilos frente a 13) azúcar (24 kilos frente a 8).

El fielato era la caseta de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre los alimentos que entraban en la ciudad, usando una balanza o fiel (de ahí el nombre). También controlaban (en teoría) el estado sanitario de los productos. Como es lógico, los campesinos procuraban eludir su vigilancia. La gestión la llevaba un arrendatario particular, que contrataba a unos empleados llamados consumeiros.

Los fielatos duraron hasta finales de los años cincuenta. El de la plaza de España estaba en los edificios bajos a la izquierda de la foto, donde hoy está el Banco de Santander.

 

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