Espíritus que han de resucitar

Carlos J. García

 Se han cumplido 20 años de la ejecución de Miguel Ángel Blanco por parte de la banda terrorista ETA, y aún sigue en mi memoria aquella tarde del 12 de Julio de 1997.

Una tarde de sábado de verano llena de desasosiego en la que estaba, al igual que mi familia, pegado al transistor esperando noticias con la esperanza de que ETA no cumpliese su amenaza y Miguel Ángel fuese liberado por la Guardia Civil, aunque en mi interior me temía lo peor. De golpe cortaron la emisión y anunciaron que Miguel Ángel había sido encontrado medio muerto. En casa nos quedamos fríos, llenos de rabia. No entendíamos cómo era posible que el odio llegase a ser tan odio, a la vez que yo pensaba en cómo sería la persona que había realizado la ejecución de manera tan fría, justificada solo desde la sin la sinrazón de la venganza.

Fueron muchas cosas las que se me vinieron a la cabeza en aquel momento. La primera pregunta que me hice fue ¿Qué pasaría ahora? ¿Cuál sería la reacción del gobierno? Y sobre todo me preocupaba lo que fuera a hacer la sociedad, cómo reaccionaría, y lo hizo fantásticamente. La historia la conocen y de una manifestación espontánea nació el llamado “Espíritu de Ermua” y poco después el “Foro de Ermua”.

El asesinato de Miguel Ángel despertó muchas cosas y la historia aportará datos que hoy son desconocidos para los que somos ciudadanos de a pie. Pero lamentablemente aquel sentimiento de unidad de todos los españoles, que duró una buena temporada, parece que se ha ido a otros lares y nos ha abandonado.

Lo hemos perdido; y la crispación está justificando y dando paso al todo vale y a la interpretación egoísta de la ley; los gobiernos se están colocando de espaldas al ciudadano y parecen estar más preocupados por seguir mandando que por gobernar.

Y me niego a pensar que todo esto es fruto de la crisis económica, que no lo es, personalmente este desencanto que vivimos, me confirma que la crisis era más social y ella trajo de la mano a la económica.

Hemos perdido en estos años demasiados “espíritus”. De estar unidos y de ser ciudadanos por la paz y el progreso, de sentirnos orgullosos ¡hasta de ser españoles!, tristemente hemos pasado a ser señalados por seguir estando orgullosos de ello y decirlo; por defender valores y que el fin no justifica los medios. Algo nos pasa cuando en estos tiempos la noticia es que alguien agita la bandera española y eso, cuando menos, es absurdo.

Ojalá resucite el sincero “Espíritu de Ermua”.

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