Salafismo, wahabismo, yihadismo y las corbetas de Navantia.

Enrique Barrera Beitia

A raiz de los atentados en Barcelona, han vuelto a saltar a la opinión pública las supuestas conexiones entre la ideología religiosa dominante en Arabia Saudí y el terrorismo yihadista, y de rebote, la inmoralidad de la posible venta de corbetas a este país. Estos días estamos escuchando mucho esta frase: “Arabía financia el terrorismo, y nuestro gobierno le vende armas”. Este asunto interesa mucho más en Ferrol que en otras zonas del estado, porque dichos buques se construirían en las instalaciones de Navantia.

Como sabemos, Arabia Saudí es una dictadura teocrática dominada por el salafismo, una visión del Islám nada respetuosa con los derechos humanos, especialmente con las mujeres. Pero el salafismo saudi defiende el mantenimiento del equilibrio político, y por lo tanto es contrario a la guerra santa, por lo que tuvo una escisión violenta, el wahabismo, que considera la yihad como una herramienta válida para reintegrar al “verdadero Islám” a las comunidades heréticas (entre ellas los chiítas), y para recuperar las tierras que en su momento pertenecieron al Islám.

El resultado es que la materialización del wahabismo, el Estado Islámico, lucha violentamente contra cuatro objetivos:

a. La comunidad chiíta, considerada herética. De ahí el enfrentamiento con Irán.
b. La casa real saudí, porque defiende el actual statu quo de los estados.
c. Los territorios que en su momento formaron parte del Islám, como Al Ándalus.
d. Las naciones que nunca formaron parte del Islám, pero han estado o están implicadas en intervenciones militares contra comunidades musulmanas.

El presidente iraní Alí Jameney (chiita) y Salman bin Abdulaziz (sunnita) rey de Arabia Saudi.
Arabia Saudí e Irán, están librando entre sí una guerra indirecta a través de diversas milicias chiitas y sunnitas que combaten en Irak y Siria.

Contra lo que muchos créen, ni Irán ni Arabia Saudí financian al Estado Islámico, que por el contrario ha cometido varios atentados en ambos países. Irán es un estado más intervencionista en política exterior y también una relativa amenaza para la supervivencia de Israel, mientras que Arabia Saudí es una sociedad más rigorista en sus costumbres.

Este último país está luchando en Yemen del Sur contra la comunidad chiita, y financia a diversas milicias en Siria para contrarestar el creciente peso de Irán en la región. A nadie se le escapa que el Golfo Pérsico tienen una extraordinaria importancia estratégica, porque su cierre provocaría un colapso de la economía mundial por el corte en el suministro de petróleo.

¿Qué les podemos decir a los ferrolanos con problemas de conciencia?

Pues que al venderles armas causamos un sufrimiento ajeno de manera indirecta, pero no estamos armando un estado que fomenta el terrorismo yihadista, y que no todo armamento genera el mismo sufrimiento. El armamento ligero (fusiles y ametralladoras), el semipesado (misiles, morteros y cañones) y el aéreo, es parcialmente usado en Yemen por el ejército de Arabia Saudí, mientras que otra parte termina en las milicias que combaten en Siria.

En el caso concreto de las corbetas, simplemente forman parte de la respuesta saudí al rearme naval iraní, cuya flota opera en las aguas libres relacionadas con el tráfico de petroleros. Por su propia naturaleza, los barcos de guerra tienen un impacto muchísimo menor en los ataques a la población civil: de hecho, puede que sean las únicas armas que no se utilizan en estas acciones.

 

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Un comentario

  1. Pues vaya consuelo el suyo. El estado español vende todo tipo de armas a los integristas saudies, aliados de los EE.UU. y por tanto no debe haber ningún trato comercial o diplomático con quienes financian el terrorismo internacional que luego actua en la Rambla de Barcelona. Si todos los países los aislaran economicamente, pronto serían solo un triste recuerdo.

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