Hace 50 años, en Ondárroa

Enrique Barrera Beitia

Hace 50 años ETA celebró una reunión en Ondárroa, y decidió matar a Melitón Manzanas, el jefe de la Brigada Político Social de Guipúzcua, un antiguo colaborador de la Gestapo con fama de torturador. Sin embargo, el primer muerto resultó ser el guardia civil José Pardines, cuando en un control rutinario de carretera interceptó el coche de los etarras Javier Etxebarrieta e Iñáki Sarasketa. Fue el 7 de junio de 1968, y el 2 de agosto, cayó Melitón Manzanas.

¿Qué impulsó a cientos de personas a secuestrar y matar durante años? Hubo miles de antifranquistas que luchaban contra la dictadura sin recurrir a las armas. ¿Por qué despreciaron esos métodos?

Los antecedentes históricos de ETA

El patriotismo extremo se asienta en una narración histórica donde se mezcla la desmemoria selectiva, el mito y la manipulación. Se idealiza un pasado bucólico que está desapareciendo por culpa de un enemigo exterior, y al que hay que regresar cueste lo que cueste.

El PNV fundado por Sabino Arana fue en sus comienzos un partido independentista, y con un marcado odio hacia los inmigrantes españoles (maketos). Sus militantes (jeltzales) debían hablar euskera, ser católicos practicantes, no blasfemar ni bailar agarrado (era pecado mortal), etc. Con el tiempo, suavizaron estos principios y apostaron por el uso de los cauces institucionales para conseguir la mayor autonomía posible para Euzkadi.

Este giro pragmático molestó a los aranistas más hortodoxos. En 1921, Elli Gallastegui, que firmaba sus artículos en la prensa como Gudari (Soldado), fundó un nuevo partido llamado Aberri (Patria), y sus militantes pasaron a denominarse a sí mismo gudaris. Más tarde aparecieron los Jagi-Jagi (Arriba-Arriba), una organización armada y paramilitar, que actuó violentamente en los primeros años de la República, y con la que simpatizaba el servicio de protección del PNV, los mendigoxales (montañeros).

Al terminar la guerra civil, gudaris, jagi-jagi y mendigoxales, animaron desde el exilio americano a continuar la lucha contra el ocupante español, por lo que podemos considerarlos como el antecedente histórico de ETA.

El nacimiento de ETA en 1958.

Sus llamamientos encontraron respuesta en muchos militantes de las juventudes del PNV, y en un grupo universitario agrupado en torno a la publicación clandestina EKIN. En 1958 se unificaron y fundaron ETA; durante diez años acumularon entrenamiento y dinero procedente de atracos, y del exilio americano. La policía franquista no vió lo que se les venía encima, y al recibir los primeros golpes reaccionó con torpeza, dando palos de ciego. Entre 1968 y 1974 detuvieron en el País Vasco a 3.135 personas, de las que apenas 315 tenían alguna relación con ETA.

Todos conocemos lo que pasó: ETA mató a 856 personas, dejó inválidas a más de 700, hirió a varios miles más, amenazó y extorsionó a casi 16.000 ciudadanos, y practicó 79 secuestros. Por su parte, 145 etarras fallecieron y varios centenares han sido encarcelados.

Evolución de los etarras encarcelados, entre 1978 y 2017, después de la amnistía de 1977.

La teoría de los dos demonios

Es más que probable que ETA se disuelva definitivamente este verano. ¿Como reaccionará la sociedad civil vasca, que en general se ha mostrado muy pasiva en el rechazo a ETA? Personalmente creo que la sociedad vasca asumirá la teoría de los dos demonios, una transferencia de responsabilidad de doble dirección, en el sentido de que los dos bandos han sido a la vez víctimas y verdugos, porque al cometer la dictadura muchos crímenes en el País Vasco, provocó una respuesta desproporcionada e indiscriminada.

Más de la mitad de la población vasca, nunca se manifestó contra ETA. Esta encuesta fue encargada por el Euskobarómetro.
Maddalen Iriarte, la primera mujer a la derecha de la imagen, asistió al homenaje al concejal socialista Isaias Carrasco, asesinado por ETA. Sin embargo, EH Bildu sigue sin desautorizar los homenajes a los presos etarras liberados tras cumplir su condena.

Se trata en definitiva, de un mecanismo de exculpación para eludir la responsabilidad colectiva, y de hecho es la narrativa planteada por Elkarri (Lokarri desde 2006), un movimiento social de carácter pacifista que busca construir un discurso sin vencedores ni vencidos. Si esta visión se impone, se habrá orillado el hecho clave de que la violencia se prolongó hasta bien entrada la Democracia, cuando existían cauces legales para la participación política. No creo que haya necesidad de buscar otros argumentos.

 

 

 

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