La fuga del bou Ramón

Enrique Barrera Beitia-

El 20 de julio de 1939 tuvo lugar en Ares un espectacular suceso, que de haber acaecido en otra nación ya habría sido llevado al cine: la fuga del bou Ramón. En mayo (previsiblemente), estará disponible un libro que narra este hecho, escrito conjuntamente por el autor de este artículo y por Eliseo Fernández Fernández, además de las ilustraciones de Fernando Ocampo Montesinos. Usando éstas, este es el resumen de la citada evasión.


Mientras duró la guerra civil española, muchos republicanos se mantuvieron escondidos en los concellos de la ría de Ferrol. Algunos, como el mugardés Juan Rodríguez “Parteleña“, tenían zulos construidos en sus casas.

El último alcalde de Ferrol, Antonio Santamaría López, y Juan Rincón Téllez, lograron escapar de la cárcel del cuartel del baluarte de artillería. Estaban condenados a muerte, y todo parece indicar que contaron con colaboración interna para lograr su objetivo.


Con la derrota de la República en 1939, veintisiete personas que estaban escondidas decidieron escapar juntos de España. Como sólo se podía hacer por mar, decidieron apropiarse de un barco. Sus esposas, madres y hermanas actuaron como correos, intercambiando información y coordinando los movimientos.


El 20 de julio de 1939 y siguiendo diferentes rutas de aproximación, el grupo se concentró en el viejo castillo de Ares. Unos se disfrazaron de guardias civiles, otros de milicianos falangistas y el resto, de presos. Casi todos los fusiles eran de madera, pero entraron en el pueblo ya de noche y los pocos vecinos que les vieron, no sospecharon nada.


En Ares no había Guardia Civil, y la vigilancia estaba encomendada a la Milicia de la Falange. Casualidad o no, el 20 de julio todos los milicianos habían sido invitados por el alcalde a una merienda-cena en Rodelas, un lugar de la parroquia de Camouco distante varios kilómetros del escenario de la huida.

Los que iban disfrazados de guardias civiles, montaron en una barca y subieron al bou Ramón, que se estaba preparando para salir a faenar. Una vez a bordo, encerraron a los diez tripulantes en la bodega.

Después, en varios viajes, todo el grupo subió a bordo.

Tenían previsto llegar a Inglaterra, pero la distancia era demasiado larga y el carbón se agotó, por lo que fue necesario quemar parte de la madera. La tripulación colaboró porque casi todos se conocían.

En la noche del 22 de julio estalló una tormenta y la situación se volvió muy crítica. Por fortuna, divisaron al pesquero francés Le Coubre, pero no había nadie en cubierta. Por sus propios medios, subieron a bordo. La sorpresa de los franceses fue enorme al encontrarse a un grupo de supuestos guardias civiles, falangistas y presos. Fueron muy bien tratados y desembarcaron en el puerto francés de La Pallice.


Aunque en Francia obtuvieron asilo político, fueron internados en Barcarés y en otros campos, donde las condiciones de vida eran muy duras. Podríamos hablar casi de campos de prisioneros, salvo porque podían salir libremente para marchar a otro país.

Treinta y siete días después de llegar a Francia, estalló la Segunda Guerra Mundial. El grupo se disgregó y corrió diferentes suertes. Unos regresaron a España con desigual fortuna, otros emigraron a América y el resto permaneció en Francia, trabajando o alistándose en el ejército. Parte de ellos fueron hechos prisioneros y algunos terminaron en el campo nazi de exterminio de Mauthausen.

Al conocerse la huida del bou Ramón, y tras el informe del cónsul español en Burdeos, comenzaron las detenciones de los familiares, acusados de haber protegido a los escapados. A su llegada a Ares, la tripulación del bou Ramón también fue arrestada y sometida a interrogatorio, pues las autoridades creyeron acertadamente que hubo colaboración.

El consejo de guerra se celebró el 10 de julio de 1945, con ¡seis años de retraso! Comparecieron doce personas, dictándose seis condenas de prisión. Las otras seis personas fueron absueltas. La Segunda Guerra Mundial había terminado, y por esta razón la sentencia fue muy benévola. Franco buscaba acercarse a los vencedores y que estos no le tuviesen en cuenta su apoyo a los nazis, de manera que se cursaron órdenes a los consejos de guerra para que dictasen sentencias leves.

Las autoridades y la Falange de Ares, recibieron fuertes críticas por su escaso celo en la búsqueda y captura de estas personas, sospechándose de cierta dejación intencionada que pudo facilitar la fuga. Mi opinión personal es que el alcalde (por razones de amistad con algunos escapados) invitó a merendar a los falangistas en un local alejado del puerto, precisamente para facilitar la huída, lo que ciertamente sería toda una singularidad histórica.

Lea también

Desasosiego. Pensionistas

Juan Prado Piñeyro.Abogado Probablemente no será este el último artículo que saque a la luz …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *