La Semana Santa y las Fuerzas Armadas

Por Rafael López Permuy

Periodista. Comandante (Rt)

Con motivo de la Semana Santa, en estos días se ha suscitado en las tertulias de diferentes medios de comunicación una polémica muy controvertida, que se repite, año tras año, entre los defensores y los críticos de la participación de las Fuerzas Armadas en los desfiles procesionales religiosos.

En el caso particular de Ferrol, hace ya algún tiempo asistí a una interesante conferencia acerca de la historia de la celebración religiosa en la ciudad y comentaba el conferenciante, el magistrado José Luis Aulet Barros, gran experto en el tema, que la Semana Santa en esta ciudad del Noroeste peninsular, sede de un importante puerto de la Marina de Guerra española, se implantó, a partir del siglo XVII, como está bien documentado, impulsada de la mano de los militares aquí destinados, sobre todo de los marinos procedentes de las Bases Navales de Cádiz o Cartagena, en cuyas regiones de Andalucía y Murcia, estas conmemoraciones religiosas estaban muy arraigadas. Es bien sabido que la Cruz y la Espada siempre han ido de la mano a lo largo de la Historia de España a través de los siglos. Es algo incuestionable.

He sido testigo, como periodista primero, y después como oficial del Ejército, de la estrecha colaboración existente, en toda nuestra geografía, entre las Cofradías religiosas, el Ejército, la Armada, el Ejército del Aire, la Guardia Civil o la Policía Nacional, en especial durante las décadas de los años sesenta y setenta del pasado siglo, bien durante la Semana Santa, o en otros actos religiosos, como el Corpus Christi, en los que se “cubría carrera” en las calles, con unidades militares o de orden público.

Como anteriormente se indica, bien como reportero “cubrí” las procesiones de Semana Santa y otros actos religiosos con presencia castrense, y después participé en ellas, tanto cuando era alumno aspirante de las Milicias Universitarias, en Melilla y Málaga, o bien como oficial del Ejército, en Ferrol, mandando piquetes de escolta de tronos, con uniforme de gala, casco de acero, armas “a la funerala“, a “caja destemplada” y cornetas con “sordina”, en Música y Banda, como señalaba el Reglamento de Actos y Honores Militares vigente entonces. Todo ello se hacía con carácter obligatorio, tanto para mandos como para tropa. Todavía eran los años de “nacional-catolicismo oficial”. Pero esto ya se remontaba incluso a los años anteriores a la dictadura del general Franco, y así sucedía también durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII.

Quiero relatar una anécdota personal, un tanto curiosa, ocurrida en Ferrol, en lo que al reglamento militar de la época se refiere. Siendo yo un joven alférez de Artillería, me tocó mandar la Sección de mi Batería del RAMIX-2 que habría de escoltar al trono una de las Vírgenes que iban a “procesionar” por la ciudad. Acompañaban a mi unidad la Banda y la Música Militar de Plaza, que mandaba entonces un capitán director, Rafael Camacho, un grande y excelente director músico. Lo cierto es que teniendo yo menor categoría militar que él, a mí me correspondía el mando total de la fuerza, por pertenecer a un Arma combatiente, ya que él era de Cuerpo no combatiente. En realidad, según la ordenanza, el capitán músico tendría que mandar firmes a los suyos, acercarse a mí, y darme novedades reglamentarias. Yo era consciente de que aquello era un mal trago para el capitán director de la música, por lo que, cuando éste ya había mandado firmes, me acerqué yo hasta él y, saludándolo militarmente, le dije: “Mi capitán, cuando quieras estamos listos para iniciar el desfile.” Me agradeció el gesto con una leve sonrisa de alivio, por evitarle aquella situación no muy agradable de tener que depender de un oficial subordinado por empleo. Eran cosas de los reglamentos castrenses.

Pero volviendo a lo nuestro, con la llegada a España de la Democracia y la implantación de la Constitución, fueron cambiando las normas y los reglamentos, y ya se estableció el CARÁCTER VOLUNTARIO de la asistencia de los miembros de las Fuerzas Armadas a los actos religiosos.

En un momento determinado, siendo ministra de Defensa Carmen Chacón, del PSOE, se prohibió a las Músicas Militares tocar el Himno Nacional durante los actos religiosos y procesiones y poner la bandera a media hasta en Semana Santa. Al llegar al gobierno el Partido Popular se derogó esta norma, pero la polémica continuaba muy viva, en cuanto a la presencia de militares, de uniforme y con armas, en las celebraciones religiosas. Hubo varios recursos judiciales interpuestos por defensores y adversarios de dicha presencia.

Finalmente, ya en los años 2011y 2012, tanto el Tribunal Constitucional como el Supremo vinieron a zanjar la cuestión, con unas sentencias muy aclaratorias, indicando que la participación castrense en las procesiones y en los actos religiosos constituye algo tradicional en España, pero incidía en que es necesario que respetar el derecho constitucional a la libertad religiosa, por lo que la participación y el nombramiento de comisiones, escoltas o piquetes siempre SE HARÁ CON CARACTER VOLUNTARIO. No quiere esto decir que los poderes públicos pretendan trasmitir adhesión o respaldo a determinados postulados religiosos.

Fot. Galicia Ártabra-Brilat

Una vez aclarada esta cuestión de la participación en estos actos, guste o disguste, alegre o enfade al personal, según sus propias creencias, la presencia de las Fuerzas Armadas en los actos religiosos es absolutamente constitucional y legal. Las creencias religiosas, morales y políticas de cada individuo son propias y exclusivas, y me merecen todos los respetos, como no podía ser menos.

Pero la Ley y la Costumbre, puesto que esta última es fuente del Derecho, como bien saben los juristas, ahí están, en nuestro Estado de Derecho. Y espero que nuestro país lo siga siendo durante muchos años y que la libertad, de cualquier tipo, se pueda ejercer sin ninguna cortapisa.

Aunque parece que no soplen buenos vientos para ello.

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