Clases medias ferrolanas proletarizadas

Enrique Barrera Beitia

Cáritas Diocesana atendió en 2016 aproximadamente a 3.300 residentes de Ferrol y Narón, y a unos 3.000 en el pasado 2017. Por su parte, la veterana Cocina Económica de Ferrol, que llegó a servir 180 comidas diarias, está sirviendo ahora la mitad tal y como hacía antes de estallar la crisis. De este ejercicio de transparencia, se podría deducir que la sociedad ferrolana está recuperando la normalidad.

Sin embargo, la sucursal ferrolana del Banco de Alimentos Rías Altas que atendía a 3.480 personas en 2017, atiende ahora a unas 4.000. Es probable que esta institución se haya hecho cargo de la entrega de alimentos a 130 personas de Ferrol y Narón, que antes eran suministradas directamente por la Cocina Económica, pero…¿y los otros 400?

La sucursal ferrolana del Banco de Alimentos, atiende a 4.000 personas, 500 más que en 2017.
La Cocina Económica de Ferrol (a la izquierda), y Cáritas (a la derecha), han registrado un descenso de usuarios.

La Cocina Económica de Ferrol (a la izquierda), y Cáritas (a la derecha), han registrado un descenso de usuarios.
Por lo tanto, podemos deducir que la salida de la crisis no se traslada mecánicamente a las familias. ¿Por qué no, si baja el desempleo? La fría realidad estadística de abril para Ferrol y Narón desde 2013, es la siguiente.

* Las poblaciones activas de Ferrol (28.987) y Narón (17.783) suman 46.770 personas. El número de parados sin cobertura, es de estimación propia y por lo tanto aproximado.

Es verdad que parte de este descenso se debe a la creciente emigración, pero a los efectos de este artículo no es relevante, a diferencia de los datos sobre la cobertura del desempleo y de los salarios. Desgraciadamente no he podido obtener estos últimos, pero los medios informativos locales han puesto ejemplos de trabajadores de empresas auxiliares del sector naval, que para volver a trabajar, han tenido que aceptar una nómina rebajada en 300-600 € mensuales. Parecido ocurre con otros sectores, como el comercio o la hostelería.


Con el estallido de la crisis, los Servicios Sociales de Ferrol reciben una creciente demanda de ayudas, de ciudadanos empobrecidos por la crísis y las medidas de austeridad.

Esto significa que una parte de la población socialmente integrada y acostumbrada a vivir de su trabajo, no tiene más remedio que acudir a estas ONGs para compensar su pérdida de poder adquisitivo. También lo hacen recurriendo a los Servicios Sociales del concello para pedir el bono de alquiler social, pero para su desgracia, no ganando lo suficiente para no necesitar esta ayuda, ganan demasiado para tener derecho a recibirla. Es el drama de una clase media fabril que se ha proletarizado, o como ahora se dice, precarizado.

Lea también

Una cooperativa ejemplar

Luís Mª Taboada Ya conocía la existencia de la cooperativa “Mulleres Colleiteiras”, pero asistí a …