El postcapitalismo llama a la puerta.

Enrique Barrera Beitia

Todos los padres estamos preocupados por el futuro que les aguarda a nuestros hijos, y muchos se angustian al escuchar que será una generación que vivirá peor que nosotros, vaticinio que parece muy razonable siempre que dentro de treinta años, continúen viviendo y trabajando en el mismo sistema, pero ¿y si esto no es así? Es indiscutible la enorme capacidad de adaptación del capitalismo, capaz de superar de diferentes maneras y con diferentes costes sociales todas las crisis. A comienzos del pasado siglo, las tres figuras más relevantes de la izquierda debatieron sobre qué actitud tomar ante un sistema tan exitoso, como injusto con amplios sectores sociales.

Eduard Bernstein creía que el capitalismo era indestructible, y abogó por usar los impuestos para repartir mejor la riqueza. Fue realmente el fundador de la actual social-democracia.

Vladimir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, afirmó que el capitalismo no se autodestruiría, y que los capitalistas tampoco aceptarían ceder voluntariamente una parte de sus beneficios, por lo que había que destruirlo. Fue el fundador del comunismo.

Karl Kautsky defendíó la tesis de que el capitalismo se autodestruiría, porque sus crisis eran cada vez más profundas. Por lo tanto había que esperar y prepararse para ese momento. Fue el gran perdedor de esta polémica, pero ochenta años después de su muerte, puede que tuviera razón.

Vuelve Nikolái Kondrátiev

Hay una creciente corriente intelectual que considera más que probable que el capitalismo ha llegado a su recta final. Históricamente, el sistema se “reseteaba” cargando con recortes el coste de la crisis en la población asalariada, imprimiendo papel moneda sin respaldo real (sólo funcionó con el $ estadounidense), o mediante guerras. En los últimos diez años, EE.UU imprimió 12 billones de $ y Europa aplicó políticas de austeridad, pero en este artículo, no hablaré de las consecuencias que pueden acarrear estas estrategias, sino de lo que hay ahora y que nunca antes hubo: un importante volumen de tecnología que escapa al control de las élites del sistema (biotecnología, tecnología de la información y energías verdes preferentemente), y una creciente economía colaborativa que ofrece bienes y servicios al margen del sistema de pago, del que Wikipedia es un ejemplo.

Postcapitalismo de Paul Mason, El fin del trabajo de Jeremy Rifkin, y Homo Deus de Yuval Noah, son ensayos de lectura imprescindible para conocer hacia qué futuro nos encaminamos.

Es decir, la teoría del ciclo económico largo (entre 48 y 60 años) elaborada por el economista ruso Nikolái Kondrátiev (ejecutado por orden de Stalin en 1938) ha reaparecido para asombro de propios y extraños, y está siendo analizada con renovada atención por los expertos. Según este economista, el capitalismo sobrevivía porque monopolizaba la tecnología para crear nuevos empleos, que proporcionasen una mayor plusvalía, pero esto no aparece en esta ocasión.

Así que no es ninguna tontería, teorizar sobre una transición que durará varias décadas, y que seguramente ya esbozará los rasgos más importantes de una nueva sociedad entre 2040 y 2050, cuando muchas cosas serán gratis o costarán poco, con una Renta Básica Universal como solución temporal, una economía circular por imperativos ecológicos, y un banco de tiempo que permita el intercambio de servicios sin usar dinero.

Enrique Barrera Beitia

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Un comentario

  1. Sin duda de todos los voluntaristas que he leído el Sr. Barrera se lleva la palma: El capitalismo está tan fuerte que lo primero que ha hecho es absorver a todos los políticos socialdemócratas, empezando por los socialistas. Ese especie de mantra de que cada vez pagamos menos está absolutamente desmentido por la realidad: Cada vez pagamos más y más… pero no porque el sistema sea capitalista, sino porque es socialista y hay que mantenerlo. En caulquier caso es un buen intento para desconcertarnos: Puede que el capitalismo no sea un buen sistema (el salvaje desde luego no lo es), pero los que nos saquean son los políticos de izquierda, por lo que seguramente lo que seremos es cada día más liberales: Cuando no nos haga falta el estado para garantizar los servicios, éste adelgazará sin remisión.

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