Pablo, yo no te creo

Manuel Molares do Val
La comparecencia del líder de Podemos este jueves en la comisión de financiación de partidos del Senado le sirvió para negar haber cobrado del régimen venezolano y  “disculparse” por algunas de sus “erróneas” consignas políticas y personales anteriores, como sus frases machistas y sádicas con trasfondo sexual sobre la periodista Mariló Montero.

Pablo, yo no te creo, vino a decir en una radio el viernes la expresentadora del programa matutino de TVE1, y además has pedido disculpas, que no es pedirme perdón.

En efecto, ambas expresiones son diferentes: las disculpas no muestran arrepentimiento, sino una tramposa vía de descargo.

Lo más importante es su negación de haber cobrado del chavismo venezolano, cuando hay documentos que lo acreditan y testigos como el periodista Antonio Pérez Henares que acreditan, porque él los vio en Caracas, que los fundadores de Podemos vivían de asesorar ese socialismo que mata del hambre al país. Pablo Manuel Iglesias se dijo compungido por muchos de sus discursos anteriores sobre Venezuela, a la que la ponía como ejemplo de democracia y guía para España frente al “corrupto régimen del 78”.

Un régimen gracias al que, profesor auxiliar mileurista enchufado por endogamia ideológica en la universidad Complutense, se enriqueció tanto tras entrar en política que compró con su pareja, menos que mileurista antes de ser diputada, un lujoso chalé en una urbanización para élites lejos de su piso en Vallecas, barrio humilde de Madrid.

Pero si deplora haber dicho maravillas del chavismo hace poco, qué lamentará dentro de otro poco sobre sus proyectos políticos de ahora o sobre sus llamadas a la insurrección y los disturbios de sus seguidores contra la aparición de un nuevo partido de derechas.

Pablo Manuel, no te creo, dice Mariló Montero, que recuerda además que al referirse a ella se autodefinía como psicópata: “Sí, es un psicópata carismático”, asegura.

Lea también

No es el momento de buscar culpables, sobre todo si no se acierta

José Manuel Otero Lastres Pasados los primeros momentos de sorpresa, incredulidad y desánimo, así como …