¡Silencio, se graba!

Julia Mª Dopico Vale

No hay violines que suenen como los construidos por la saga de lutieres Stradivari, de Cremona hace más de tres siglos. Fabricaron más de 1.100 violines de diferentes tipos utilizando secretos que nadie pudo desvelar convirtiéndolos en ejemplares únicos y hoy altamente cotizados. Sólo se conservan 600 de estos exclusivos instrumentos, cada uno con su propia personalidad. Todos ellos mimados, atendidos, preservados…ya que representan el pináculo de la ingeniería del sonido.

Sin embargo, ni la maestría en la fabricación ni todos estos cuidados pueden evitar que los violines Stradivarius cumplan su ciclo vital y que la fragilidad acuda junto al inexorable paso del tiempo. The New York Times hace unas semanas publicaba la noticia del proyecto llevado a cabo por varios ingenieros de sonido norteamericanos ocupados en crear el “Stradivarius Sound Bank”, una base de datos que almacena todos los tonos posibles que pueden producir cuatro de los violines seleccionados de la “Colección del Museo del Violino” para que las generaciones futuras no se pierdan la oportunidad de escuchar estos magníficos instrumentos.

Un desafío físico y mental en el que cuatro intérpretes durante ocho horas al día y durante todo el mes de enero grabarán cientos de notas, escalas, arpegios…utilizando distintas técnicas para crear el software que permita producir nuevas grabaciones de los Stradivarius incluso cuando los instrumentos originales se degraden.

Los mejores músicos, micrófonos ultrasensibles, estudios exhaustivos sobre acústica… Nadie contaba con los adoquines que rodean el recinto, los motores de los coches, los zapatos de tacón…ruidos que producen vibraciones que corren bajo tierra y que resuenan convirtiéndose en auténticas pesadillas auditivas. Los ciudadanos de Cremona, solidariamente, guardan estos días silencio para “hacer inmortal al mejor instrumento jamás creado”.

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