El monasterio de Montefaro, luces y sombras

El antiguo monasterio franciscano de Santa Catalina de Montefaro, situado en un destacado lugar de la península de Bezoucos, a máis de 260 metros sobre el nivel del mar, constituye uno de los principales bienes del Patrimonio Cultural de la comarca de Ferrol, siendo el monumento más importante del Concello de Ares. Aunque algunos autores hablan de la existencia de construcciones anteriores, fue en el año 1393 cuando se comenzó a levantar el convento franciscano, patrocinado por la Casa de Andrade, dentro de la transición del estilo románico al gótico.

(Convento Montefaro-1897)

Desde entonces el monasterio fue un histórico centro de control eclesiástico ejercido por los monjes franciscanos sobre una amplia zona, sufriendo sucesivas reformas en los siglos XVI al XVIII, añadiendo nuevos claustros y construyendo una nueva iglesia de una única nave con una sólida torre barroca. Tras la desafortunada desamortización de Mendizábal, el conjunto conventual pasó el año 1897 a ser utilizado por el Ejército de Tierra, un hecho que evitó su expolio pero también alteró parte de sus características constructivas.

Iglesia

De su primera época apenas conserva los restos de la notable portada de entrada a la sala capitular con capiteles historiados y arquivoltas apuntadas. Son de gran interés las abandonadas pinturas murales renacentistas del claustro oriental y el descuidado retablo barroco de la iglesia, con buenas tallas y una prolija policromía. Además de la existencia de una serie de restos arrinconados por diversos lugares del edificio, cumple lamentar el traslado (por qué no llamarle expolio ?) en su día al Museo Arqueológico de A Coruña de un conjunto de notables piezas artísticas, caso de un amplio escudo de los Andrade, un jabalí rematado con la cruz florenzada y una serie de capiteles historiados, uno de ellos con un ángel gaitero.

Una vez desafectado por el Ministerio de Defensa, el convento de Montefaro fue cedido al Concello de Ares que, después de su poco afortunada actuación inicial, dejó su puesta en valor a una asociación cultural. Aunque no fue la solución ideal, los Amigos del Monasterio de Montefaro favorecieron la visita de las dependencias del monumento, manteniéndolas en un discreto estado de conservación, mientras llevaban a cabo algunas actividades culturales en el mismo y editaban una publicación periódica con noticias relativas al antiguo convento franciscano.

En estos momentos se anuncia la apertura de un Centro de Interpretación, muy sencillo, en el cabildo del convento, configurado alrededor de un mueble expositor con diversas piezas escultóricas que formaron parte del monasterio. Además de la necesaria mejora de los actuales accesos a Montefaro, especialmente la subida desde el Concello de Mugardos, y de la mala señalización en general de los mismos, es imprescindible llevar a cabo un serio Plan Director de Gestión y Usos del monasterio, que incluya las obras necesarias de rehabilitación y restauración, dentro del debido rigor histórico y el obligado respeto a sus características, así como la posterior puesta en valor del monumento.

Entre los temas prioritarios a resolver está la restauración de las pinturas murales renacentistas del claustro oriental; una adecuada actuación sobre los claustros; la rehabilitación de la capilla, incluyendo su notable retablo y las imágenes; y la reparación de una serie de estatuas de piedra y otras piezas repartidas por diversos lugares del edificio. De esa forma la Xunta de Galicia podría hablar con rigor de la apertura pública del monasterio y de su Centro de Interpretación.

El Concello de Ares que, como muchos otros a lo largo de Galicia, nunca se distinguió por la protección de su patrimonio cultural, tiene aquí una ocasión para poner en valor el notable monasterio de Montefaro. Para ello debe complementar esta puesta en valor de Montefaro con la ermita de Chanteiro, ligada históricamente al monasterio desde época medieval, y con las instalaciones militares del cercano Alto de la Bailadora, un excelente mirador atlántico, además de recuperar totalmente las notables piezas escultóricas y heráldicas del antiguo convento, llevadas el siglo XIX al Museo Arqueológico de A Coruña.

Recientemente sendos trabajos, el primero de ellos obra conjunta de C. de Aracil y J.J. Burgoa, y el otro de la autoría de J.A. Carneiro, publicados ambos el año 2015, describen desde el punto de vista histórico y artístico el monasterio de Santa Catalina de Montefaro y sus dependencias.

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Un comentario

  1. Completamente de acuerdo: Se debe avanzar en un plan de gestión, seguir con las intervenciones que se están realizando y recuperar todo lo que ha sido trasladado a Coruña (que no tiene ninguna vinculación con el cenobio, por cierto). También coincido al 100% que la Península de Bezoucos está llena de riquezas ambientales, paisajísticas y culturales, y que una buena señalización, gestión de sus vías de comunicación y, en general, algo más de mimo por parte de las administraciones implicadas, redundarían en una notable mejora del atractivo turístico y cultural de la comarca.

    Enhorabuena por el artículo.

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