Como en época del Cid

 

                                                                                                    ¡Dios, que buen vasallo
                                                                                                    si hubiese buen señor!

Enrique Barrera Beitia-Es una conocida estrofa del Poema del Mio Cid, que podríamos trasladar a nuestro días con una ligera adaptación:

                                                          ¡Dios, que buenos ciudadanos
                                                           si hubiese buenos políticos!

Es decir, tras más de cincuenta votaciones en cuarenta y dos años, los españoles seguiríamos siendo gobernados por una lamentable casta a la que elegimos libremente, y sólo hay dos explicaciones para ello. O bien somos incapaces (por la razón que sea) de elegir bien, o no hay un sólo político honesto ni competente en España, en cuyo caso los votantes ejercemos nuestro derecho a elegir libremente al incompetente y/o corrupto que más nos agrade; en ambos casos, es obvio que son respuestas falsas. Además, en España el voto no es obligatorio, y sin que nadie nos ponga una pistola en la espalda, una y otra vez acudimos a votar en porcentajes cercanos al 70%, lo que no está nada mal.

Creo que de la misma manera que nadie quiere ser víctima, pero todos quieren haber sido víctima, todos se indignan de las mentiras usadas para atacar su sesgo ideológico, pero muchos las usan para reforzarlo. Por eso se han extendido noticias falsas muy tóxicas, como la existencia de 450.000 políticos españoles cobrando elevados sueldos, cuando la cifra real es de 10.000 políticos (entre alcaldes, concejales y diputados) y otros tantos asesores, o la de que tenemos 40.000 vehículos oficiales a su disposición (la cifra real es de 5.000).

En Ferrol, una ciudad de 68.000 habitantes, tenemos 10 dedicaciones exclusivas repartidas entre ediles y asesores, y 7 parciales. Además tenemos un diputado en Santiago, y un senador y una diputada en Madrid. En total veinte personas, que trasladadas proporcionalmente a la población española equivaldrían a unas 13.500 personas.

En enero de este año, The Economist clasificó a los estados en función de su calidad democrática. En su informe figuraba España en el puesto 19, dentro del apartado de países con Democracia Plena. Después vienen 57 democracias imperfectas, 39 regímenes híbridos, y 52 autoritarios. Otros estudios vienen a arrojar similares conclusiones.

Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canada, Irlanda, Australia, Suiza, Finlandia, Holanda, Luxemburgo, Alemania, Reino Unido, Austria, Islas Mauricio, Malta, Uruguay y España, son por este orden, los estados plenamente democráticos.

Siguiendo la tradición española, mucha gente que lea este artículo afirmará que niego la existencia de problemas en España, y que afirmo que estamos en un paraíso. Los que tal cosa afirmen saben que están mintiendo, y para que no haya duda, afirmo que tenemos graves problemas, y que uno de ellos es la corrupción, pero no debemos confundir la percepción que los españoles tenemos de la corrupción, con la corrupción realmente existente. Ahora se están juzgando los casos de corrupción de hace diez años, cuando a los españoles ”esas cosas” no nos preocupaban especialmente. Seguramente ahora la corrupción es menor, porque afortunadamente la sensación de impunidad ha desaparecido.

Mucha gente necesita un cabeza de turco al que echar las culpas, y de paso, convertirse por contraposición en excelentes personas. En época del Cid fueron los moros, los judíos y los malos cristianos, y ahora son los políticos.

 

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Un comentario

  1. La cosa iba bien… estoy en general de acuerdo con el artículo, pero lo de decir que en época del Cid los moros y los judíos eran una cabeza de turco me parece una soberana salida de tono.