Carta a los magos de Pedro Sánchez

Gabriel Elorriaga F.
El único regalo que Pedro Sánchez pide a los Reyes Magos es una abstención. Pero el único correo que da curso a estas cartas es Oriol Junqueras. Nunca se había degradado tanto la política española como cuando la investidura del presidente del Gobierno se hace depender de un condenado por sedición y malversación. Pero esto es el desvarío de Sánchez. El cartero que debe llevar el mensaje es un Abogado del Estado convertido en enemigo del Estado. Todo lo demás, conversaciones con otros partidos, con presidentes autonómicos, con empresarios y sindicatos, son solo pantomimas para encubrir la sórdida operación de vestir de progresista a un esperpento sin otro ropaje político coherente que la ansiedad del presidente en funciones por prolongar a toda costa su estancia en la Moncloa.

El cotarro separatista está alborotado con estas vicisitudes jurídicas de impunidades, inhabilitaciones y acreditaciones de sus dirigentes liados en las enredaderas de los tribunales. Que el Tribunal Supremo haya preguntado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la condición parlamentaria de Oriol Junqueras, juzgado por delitos cometidos antes de adquirir tal condición, no se sabe si es un acto de humildad del juez Marchena, una exhibición excesiva de garantismo o una intención maligna de añadir confusión a todas las partes interesadas en este asunto.

Si todos los delincuentes supiesen que al ser votados en unas elecciones quedaban exonerados de las responsabilidades penales en que hubiesen incurrido anteriormente habría rogativas para redimir a los más grandes delincuentes en las listas de los partidos. Todo crimen podría ser blanqueado por el procedimiento político. Pero como esto no es así, lo único que debía esperar Junqueras es continuar en su cautiverio. El gran beneficiado del veredicto de TJUE no será Junqueras sino de rebote el fugitivo Puigdemont quien, por estar reclamado pero no juzgado ni condenado, podrá asumir la condición de eurodiputado y la justicia española tendrá que pedir un suplicatorio para que sea desposeído de esta condición y, si la justicia belga lo permite, que no lo permitirá, ser extraditado a España. Se cumpla o no el procedimiento, gozará de un tiempo de protagonismo y notoriedad del que comenzaba a estar muy necesitado, aburrido en Waterloo, mientras Junqueras disfrutaba de ser el preso más distinguido de Lledoners por guardar en su celda la carta a los Reyes para investir a un presidente del Gobierno de España. Es como el juego del balancín: sube Junqueras y baja Puigdemont o sube Puigdemont y baja Junqueras.

Al final el único perjudicado y sin balancín de repuesto es Pedro Sánchez y su investidura que, si ya era incierta por la voracidad de sus mal elegidos socios ahora se complica no solo por rozar límites constitucionales sino por el envalentonamiento de los separatistas y la rivalidad entre los dos bandos sediciosos por hacerse con lo que en verdad les interesa que es el poder autonómico catalán. El partidismo insurgente estimulado desde las instituciones públicas es un juguete que se alimenta con pilas de intransigencia. El mortecino Puigdemont resucita de rebote con la vistosa ropa de parlamentario europeo mientras el presidiario Junqueras se desgasta en batallitas para obtener unos días de permiso benévolo y con la losa de su complementaria inhabilitación a cuestas. “Lo volveremos a intentar”, clama desde su celda para impulsar a los ilusos mientras negocia como volver pronto a casa gracias a complacer al habitante de la Moncloa,

Entre tanto Quim Torra inhabilitado a reserva de recurso, medita cual es el momento oportuno para convocar elecciones autonómicas en Cataluña. Como esto es la casa de los líos, Torra planea reunir a todos los partidos de vocación separatista para la tarea de elaborar una posición común, empresa difícil entre competidores por encarnar con mayor radicalidad la meta de una autodeterminación inalcanzable. El problema es que este es el terreno movedizo donde quiere apoyarse Pedro Sánchez para dar a los españoles estabilidad y concordia. No sabe tan siquiera que día y en qué condiciones podrá ser investido. De momento los jueces, entre Madrid y Luxemburgo, lo que han logrado con su controversia jurídica es provocar más confusión en la casa de los líos que es la trastienda engañosa y chapucera de Pedro Sánchez y sus tratos con separatistas de distintas clases. JpC y ERC pelean por su futuro electoral y Sánchez por su presente madrileño. Ha conseguido comer el turrón en la Moncloa y no se sabe si algo más. Las negociaciones están como el primer día, abiertas y cerradas, solo palabrería y oscuridad, y su palabra cada día vale menos. Ahora dicen que las negociaciones no están rotas sino congeladas. Pero lo que están es degradadas al bajo nivel de un regateo entre pícaros.
 

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