¿Qué líderes tenemos?

Carlos J. García

Quiero empezar agradeciendo a quienes trabajan cuidando enfermos y a personas marginadas para superar esta dura pandemia, por su esfuerzo y gracias, también, a organizaciones como Cáritas por su trabajo.

Metidos en arena, está demostrado que las situaciones de crisis como la que vivimos, nos ponen a prueba a ciudadanos y dirigentes. Así lo dicen todos los manuales de gerencia que también explican que de las crisis los sufridores salen reforzados, y los líderes no tanto y depende de su actuación. Axioma que comparto. Está demostrado que siempre que ha habido problemas graves, los dirigentes y organizaciones han quedado marcados, para bien o para mal. Igual que las familias.

No sé cuánto va a durar este confinamiento, pero seguro que va para largo y pondrá a prueba nuestras capacidades, individuales y grupales, de adaptación y superación. Hoy, cuando escribo estas líneas, me llamó un amigo para charlar y me dijo que estaba pensando en lo primero que haría cuando pudiese salir. Lo que estamos viviendo, decía, le hacía pensar lo mismo que podría sentir un preso al salir de la cárcel; terminó diciendo que quizás él sintiese lo mismo. No me dijo que pensaba hacer, pero quizás su pensamiento fuese como el de cualquiera de nosotros Él nunca antes lo había pensado ¿Qué sentiremos al salir? A saber. Pensaremos distinto a hoy, pero seguro que ese día, tendremos un juicio de todos los por qué; por qué pasó lo que ha pasado y como ha pasado; seguramente juzgaremos y calificaremos a los diferentes líderes, sentencia que difícilmente podrán recurrir y será definitiva: “per saecula saeculorum”.

En estos días habrá tiempo a que nuestras conclusiones maduren y nos queden bastante claras. Es posible que encontremos suficientes razones que nos animen a dejar de confiar en lo que confiábamos y nos decidamos a iniciar una nueva búsqueda, otros caminos, otros líderes adecuados a nuestra nueva perspectiva de las cosas del cuerpo y del alma.

No sé si nos influirá que suenen las campanas de las Iglesias a las 12 del mediodía, o las caceroladas de las 8 de la noche o por las ideas ridículas (siempre defendí que no había ideas ridículas ¿estaré cambiando?) como la propuesta de celebración de las procesiones de Semana Santa en los días 14 y 15 de Septiembre, o por tantas cosas que dicen y dirán.

El caso es que juzgaremos y seremos duros. Hoy toca apoyar a quienes sufren y a quienes trabajan para que este horror pase cuanto antes y también de
reflexión. Habrá tiempo para otros campanazos.

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