Cayetana Álvarez de Toledo pierde los papeles

José Carlos Enríquez Díaz

Alberto Núñez Feijóo se ha incomodado y ha dejado aflorar su malestar y desacuerdo con su compañera de partido Cayetana Álvarez de Toledo, por llamar terrorista al padre del segundo vicepresidente  y ministro del gobierno de España, Pablo Iglesias.

El presidente de la Xunta manifestó dicho desacuerdo por el hecho de que la oposición del Partido Popular «entre al señuelo» de un Gobierno que, según su percepción, «busca enfrentamientos«. Al ser preguntado si apoya las palabras de la portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados respondió: «Cometeríamos un grave error al contestar a un Gobierno que ha perdido los papeles, si como oposición, también nosotros, perdemos los papeles» Es evidente que Núñez Feijóo no ha querido morderse la lengua a la hora de abroncar a miembros de su propio partido reprendiendo públicamente al PP nacional y a Cayetana Álvarez de Toledo en particular, por su comportamiento en el Congreso de los Diputados, tal vez porque en breve tiene a la vista las elecciones de la Comunidad Autónoma de Galicia, y su aspiración sin duda es la de repetir como Presidente de la Xunta.

El presidente del PP gallego criticó con una dureza inusual las palabras proferidas desde la tribuna del Congreso por Cayetana Álvarez de Toledo, que llamó “hijo de terrorista” a Pablo Iglesias. Abiertamente acusó a su compañera de partido de “perder los papeles«, pese a que la fundación FAES, que lidera José María Aznar,  salió en defensa de Cayetana, redoblando la agresividad que ésta había utilizado en su intervención dentro de su turno de palabra en el Congreso y fuera del mismo, en las redes sociales.

Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, educada en un colegio elitista de Buenos Aires, en el Northlands School, un colegio bilingüe, carísimo, colegio en el que estudió la mismísima Máxima de Holanda, la reina argentina de los Países Bajos, muestra con demasiada frecuencia la altanería de quién se considera a sí misma alguien especial por la pertenencia a una aristocracia rancia, en el sentido más peyorativo del termino y por sus palabras, actitudes y comportamiento, parece que el gran drama de Cayetana es que no ha pisado suelo real en su vida.

El ejercicio de la política no consiste en hacer uso de una oratoria chabacana, soez o vulgar, consiste en lo que siempre ha consistido esta práctica: defender las ideas con argumentos razonados, utilizando el lenguaje adecuado y no convirtiendo sus palabras en un lenguaje barriobajero para tratar de denigrar y hundir a sus contrarios.

Decía el filósofo estoico Epicteto: “Ante todo, piensa antes de hablar para asegurarte de que hablas con buena intención. Irse de la lengua es una falta de respeto hacia los demás. Descubrirte a la ligera es una falta de respeto a ti mismo” y Confucio afirmaba que, “donde hay educación no hay distinción de clases” 

Los ciudadanos parecemos asistir impasibles a la falta de educación, respeto, tolerancia y buenos modales que los políticos españoles están proyectando, desde hace ya demasiado tiempo, sobre la sociedad española.

El periodista Iñaki Gabilondo ha sido muy contundente en su editorial y ha cargado en La Voz de Iñaki con las siguientes declaraciones: ““Cayetana Álvarez de Toledo se saltó la última valla de lo admisible en democracia y en sociedad y supongo que también en alta sociedad” Sobre el PP, el periodista ha asegurado que debe explicar si su estrategia “tiene algún límite” o si, por su competencia con Vox, “no piensa pisar nunca el freno hasta que revienten las costuras de la convivencia”

A la política solo deberían de acceder aquellos que han superado las tendencias egocéntricas y aspiran al servicio público; aquellos que, en lugar de servir a su propio partido, sirven al Estado, y con sus palabras, aportaciones y clarividencia se conviertan en verdaderos políticos y estadistas.                                                         

El filósofo Emilio Lledó afirma: “que nuestra democracia está condenada al fracaso si no se plantea y se resuelve el problema de la educación.” Los ciudadanos que, en las democracias, viven gobernados por políticos incompetentes, ambiciosos y corruptos, tienen que asumir la grave responsabilidad que les corresponde en ello, sin olvidar que una sociedad que no castiga la incompetencia y la corrupción de sus políticos, es una sociedad gravemente enferma. Como diría Tomás y Valiente, «edifiquen con la razón utilizando la experiencia histórica y la tolerancia, como instrumentos«. Recordemos que se hace camino al andar, por tanto, deben expulsarse del camino a los caminantes que sólo quieran llegar a la meta dando codazos, insultando y poniendo zancadillas a los demás. Y los ciudadanos, a la hora de votar, deberíamos tener muy claro lo que debemos exigir a los políticos que han de representarnos y gobernar durante un periodo de tiempo, sin dejarnos arrastrar por unas ideologías, muchas veces vacías de contenido y de propuestas reales, que terminan convirtiéndonos en fieles reproductores de las conductas, maneras y modales de los políticos que elegimos para que nos representen.

Francisco Umbral decía que en España hay políticos que prefieren el insulto al diálogo y la palabrota a la argumentación. La oratoria es arte, pero cuando se inflama recibe el nombre de verborrea, una enfermedad muy difícil de combatir. Nuestras palabras pueden ser nuestro peor enemigo o nuestro mejor aliado. Somos y vivimos en las palabras que pronunciamos. Construimos gran parte de nuestra realidad a través de las palabras… ¿cómo  expresaríamos sin ellas lo que ha sucedido en nuestra vida, lo que nos emociona, lo que sentimos, lo que queremos o lo que ambicionamos conseguir? Y si somos y vivimos en las palabras, deberíamos cuidarlas mucho más.

El poder de la vida de los hombres y mujeres está centrado específicamente en la lengua; de lo que expresemos con ellas depende nuestro bienestar en la tierra, y nuestra seguridad en la otra vida. Con respecto a expresar lo recto y lo justo, Jesucristo dijo: Mateo 12.35-37 “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” Nuestras palabras quizás no hayan causado guerras o destruido ciudades, pero sí pueden destrozar corazones y arruinar reputaciones.

El Libro de Proverbios nos alienta a hablar la verdad, y a buscar la paz, por medio de nuestras palabras. Proverbios 15:4 dice, “La lengua apacible, es árbol de vida; la lengua perversa, daña el espíritu.” Y Proverbios 15:23 dice, “El hombre es feliz cuando sabe responder; ¡y que buena es una respuesta oportuna!”

 

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2 comentarios

  1. JOSE Maria Weindl

    Muy bien la reflexión en favor de la moderación. Un país necesita de hombres y mujeres que gobiernen para el pueblo y no para los intereses del partido o de una ideología.

  2. Carlos Carballeira Pereiro

    Me lleno de satisfacción leer este artículo y ver que todavía hay personas que usan el lenguaje correctamente y dice las cosas sin tener necesidad del insulto o la descalificación. Mí más cordial enhorabuena al autor, y deseo que artículos como este tengan una completa difusión, a ver si nuestros políticos recuerdan tan siquiera lo que les han enseñado sus padres. Un saludo