Un hombre de Estado en el Noroeste

José Manuel Otero Lastres

Como sabrán, este domingo se celebraron elecciones autonómicas en Galicia y en el País Vasco. Personalmente, aunque estoy censado en Madrid, soy gallego, razón por la cual seguí muy de cerca las elecciones, a través de la Televisión Gallega y a la vista de los resultados habidos en mi Comunidad Autónoma de origen me gustaría destacar las dos siguientes conclusiones.

La primera conclusión saltó inmediatamente a la red, tras finalizar prácticamente el recuento, en forma de dos gráficos muy significativos. El primero representa el mapa de Galicia, teñido enteramente del color azul del PP con una leyenda que decía: GALICIA, 1ª Comunidad Autónoma libre de Chavismo. El segundo, en la misma línea, es la imagen de un bote de cerveza, una mitad en color plateado y la otra en azul, de la conocida marca gallega La Estrella de Galicia, con un círculo en el centro que reza: PODEMOS GALICIA, 0,0.

La segunda conclusión tiene que ver con el verdadero triunfador de la noche electoral: Alberto Núñez Feijóo. Pero más allá de lo impresionante que pueda ser que en la España de hoy un político revalide por cuarta vez consecutiva una mayoría absoluta holgada, lo que me resultó verdaderamente reconfortante fueron sus palabras de celebración del triunfo.

En efecto, los líderes de las tres fuerzas políticas que lograron representación parlamentaria comparecieron, por orden inverso al número de escaños obtenidos, para ofrecer públicamente su personal valoración de sus resultados. El líder del PSOE, tras decir que en la campaña se había optado por centrarse más en la oferta institucional del partido que en la personal de su líder, culpó a la crisis del COVID-19 de sus insatisfactorios resultados. Ana Pontón, que obtuvo unos buenos resultados con el BNG (Bloque Nacionalista Galego) que es la segunda fuerza parlamentaria con 19 escaños, destacó que los resultados marcaban un nuevo ciclo para Galicia y que se veía con opciones de llegar a la Presidencia de la Xunta dentro de cuatro años. Pontón se ofreció –y esto es esperanzador para Galicia- para alcanzar un pacto para paliar en Galicia las consecuencias de la pandemia del coronavirus.

Alberto Núñez Feijóo tuvo palabras para todos. Por supuesto, de agradecimiento para los que lo votaron y para todos los militantes y simpatizantes del PP tanto a nivel gallego como nacional, para los presidentes del PP en las cuatro provincias gallegas, los presidentes de otras Comunidades Autónomas que lo apoyaron en su campaña electoral y, como no podía ser de otro modo, al presidente de su partido Pablo Casado.

Se acordó también de las 619 fallecidos por  el COVID-19 y de sus familiares, de los que no pudieron ejercitar su derecho de voto en A Mariña Lucense por culpa del coronavirus, de los dos líderes de la oposición a los que agradeció su felicitación, de Pedro Sánchez al que garantizó que sería un presidente autonómico y constitucional, y de los gallegos que no lo votaron. A éstos últimos les aseguró que gobernaría para todos, y les recomendó que tuvieran la tranquilidad y la seguridad de siempre pondría a Galicia por delante, añadiendo que desde Galicia contribuiría a la convivencia de España.

Personalmente, tuve la impresión de que estaba oyendo a un verdadero hombre de Estado, de esos que tan poco abundan en nuestros tiempos, que solo concibe el poder para atender los intereses generales. Un presidente verdaderamente constitucional que no solo es leal a la Constitución, sino que comprende perfectamente lo que es presidir una Comunidad Autónoma, que no es un ente territorial que  solo tiene sentido si se independiza del Estado, sino que siendo parte del Estado mismo contribuye al bien de España con el mejor y más acertado gobierno de su Comunidad.

Si hoy hubiera un Diógenes de Sinope (también llamado Diógenes el Cínico) que caminase por nuestras calles con una lámpara encendida  diciendo que “busca hombres”, al topar con Feijóo sabría que había encontrado, no cualquier hombre, sino un hombre de Estado que habita en el Noroeste de España.

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