La ficción y la realidad

Juan Cardona Comellas-( juan@juancardona.es )
En el tránsito de las vacaciones veraniegas a las otoñales, volví a ver en la televisión dos películas de cine con argumentos muy distintos. Una dentro de la ficción más absoluta y la otra una narrativa hollywoodiense de unos hechos reales. La primera tiene como título «Inferno» y está basada en una novela del escritor Dan Brown, especialista en «bestseller» (con «El Código Da Vinci» vendió más de ochenta millones de ejemplares). Si prescindimos de las escenas de acción y suspense, nos queda el origen de la historia que da pie a toda la película: Un millonario biólogo obsesionado con el problema de la sobrepoblación de la tierra (problema real; ya que de los 1.000 millones de humanos a principios del siglo XIX pasamos a casi los 8.000 millones actuales), no se le ocurre otra cosa que diseñar un virus de rápida expansión utilizando como vehículo la globalización y así regular la población mundial para salvar a la raza humana de su inminente extinción. Aunque la historia pertenezca a la más pura ficción, está rodada en 2017 y la novela fue publicada en 2013, no se le puede tachar de oportunista al señor Dan Brown por utilizar la pandemia actual como caldo de cultivo, ni tan siquiera de apuntarse al bando de los presuntamente conspiradores dirigistas que gobiernan el mundo desde la sombra. La novela se publicó de forma simultánea en catorce idiomas en un gran despliegue empresarial: Dejémoslo en casualidad.

La segunda película, protagonizada también por Tom Hanks, esta vez acompañado por una excepcional Meryl Streep, está basada en hechos reales, contados con ritmo y
maestría por Steven Spielberg. La libertad de expresión y de prensa en su lucha que
mantienen con el poder, se recoge con toda crudeza.
Los editores de dos importantes periódicos que después de mantener durante mucho
tiempo estrecha relación con diversos presidentes americanos, toman la decisión de
jugarse su futuro al publicar información catalogada de alto secreto sobre los llamados
«archivos del Pentágono», y donde se describían con detalle acciones que demostraban que se había empujado al país a una guerra sin sentido con documentos falsos y mentiras de los más altos mandatarios y que, durante décadas habían ocultado una serie de secretos sobre la guerra de Vietnam. Esa información fue en realidad facilitada por Daniel Ellsberg, un exanalista de las Fuerzas Armadas y testigo presencial de alguna de las patrañas que el Pentágono y el Gobierno presentaba como ciertas. El presidente Nixon consiguió paralizar en principio la información, pero al final el Tribunal Supremo hizo valer la primera enmienda y dio rienda suelta a la libertad de prensa. La verdad triunfó sobre las mentiras y el secretismo manipulado.

En ambas películas tiene un papel importante la «mujer». En «Inferno» una joven
aparentemente frágil le vence el pulso al avezado Robert Langdon, personaje que resuelve el enigma de «El Código Da Vinci» y de otras dos aventuras de Dan Brown. En la segunda una mujer-florero editora de The Washington Post se convierte, en el desarrollo de la historia, en una ejecutiva de mano de hierro que impone su criterio a un grupo de sesudos asesores varones y se inclina por jugársela y consigue salvar el periódico, heredado de su padre y de que el anterior editor era su marido fallecido.

Dicen que la ficción es la simulación de la realidad y que ésta siempre la supera. Si esto es así, mal vamos. En la ficción, en un platillo de la balanza las mentiras continuadas de los Presidentes y Secretarios de Estado, en el otro la verdad y la libertad de prensa y expresión; al final la Justicia inclinó claramente el fiel hacia la libertad. Pocos meses después el Washington Post fue determinante en el «impeachment» a Nixon.

En la realidad española la balanza está descompensada, la prensa y Televisiones libres se quedan en minoría y la mayoría se cambia de bando; y por cierto, la justicia no parece estar por la libertad frente al poder: casi igual…

El cambio de actitud de la editora del Post puede ser un ejemplo para aquellas que han
llegado al poder de la mano de su pareja o simplemente «por ser» y no por su valía.

Del virus mejor no hablar; ya que la pandemia continúa campando a sus anchas; y de su origen seguimos sin tener idea.

Voy a cambiar la lectura de la prensa y dejar de prestar atención a los telediarios por
alguna novela o película que aporte solución a los problemas y no que los cree donde no los hay.

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