Joe ¡Bien!

Gabriel Elorriaga F.
 Me durmieron en un episodio hospitalario, afortunadamente sin ninguna relación con la pandemia, con Trump presidente y me despertaron con Biden triunfador. Todos tranquilos. A derecha, izquierda y centro. ¿No ha pasado nada? Ha pasado todo. El pueblo norteamericano ha valorado, por escasa diferencia, lo que supone tener en el puesto de mando a un profesional de la política o a un afortunado hombre de negocios, showman TV y jugador de golf. Esta decisión nacional tiene proyección sobre todos los que navegamos en la estela de la nave nodriza mientras sea posible sentirnos libres y no dominados por esa China venenosa con su economía capitalista externa y su atroz dictadura comunista interna. Esa China que ha asomado la oreja de sus laboratorios macabros para bien y para mal.

Biden no era el candidato que más podía gustar a los de su partido, que no estaban seguros de ganar. Tampoco era el candidato que más repugnaba al mundo republicano, desorientado por las extravagancias de Trump. Era un eterno suplente sin activar. Un político profesional para cuando convenga un profesional, que es casi siempre. Sé que entro en un terreno que no gusta a ciertos financieros, profesores, periodistas, becarios y demás especies que constituyen el universo de las personas que se creen más sabias que los políticos, aun careciendo de la menor experiencia en el manejo de los asuntos públicos. Me viene el recuerdo de un libro juvenil “La vocación política” que tuve la osadía de publicar en los años cincuenta del siglo XX cuando, en España no había política y era una invocación sospechosa por limpia que estuviese de tendencias ideológicas. Se publicaron siete ediciones. Allí especulaba el joven Elorriaga sobre las condiciones para orientar un futuro aun indefinido que no serían cosa de estrategas militares, tecnócratas de la economía o demagogos de mitin sino de profesionales de la política, capaces de pisar con seguridad las tarimas del poder. Algo que muchas veces no quieren reconocer quienes creen que todo el mundo sirve para la política como para ser fichado en la nómina de un fabricante de peines para calvos. Ahora, en 2020, existen todas las posibilidades de hacer política en Estados Unidos y en el mundo, pero lo que más ha tranquilizado dentro y fuera a todos es que Joe Biden está donde está por vocación profesional. Nadie se preocupe por si es un poco más de derechas, de izquierdas o de centro porque entre otras cosas, estos matices son muy confusos. Lo importante es servir a los Estados Unidos según necesitan ser servidos.

Con su pereza a cuestas, su catolicismo desafiante en un ambiente blanco, anglosajón y protestante, sus setenta y cinco años y su estilo clásico va a jurar el más importante cargo del planeta. Se despertó senador con veintinueve años, tras una campaña modesta y callejera. Desde entonces, todas las mañanas desayunó café con alta política. ¡Limitación de mandatos! Gritan los estúpidos que no han visto nunca los pasillos del poder más que por el ojo de una cerradura. Las grandes democracias saben a quién hay que tener al lado del presidente, por si las moscas. Allí estaba Biden sin que fuese necesario utilizarlo porque la suerte lo ha querido y las instituciones se sienten seguras con un profesional de guardia. Tragándose el susto de cada día y superando tragedias familiares. Igual de tieso. Bien peinado. Sin prisas. Llega a lo más alto cuando su vida aconseja que llegue y no para ir a cualquier otra parte ¿Es el hombre de la derecha de la izquierda o de la izquierda de la derecha? Da lo mismo. Es el hombre que despachará con solvencia, sin fantasías y sin alterarse los asuntos que lleguen a la mesa del despacho oval que es su puesto de trabajo profesional. Por eso nos sentimos todos tranquilos y deseamos buena suerte a Joe Biden.

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Un comentario

  1. Este señor, podrá ser todo lo político y diplomático que quiera, pero lo cierto es que China tiene esa vara de medir capitalista y dictatorial, pero EE UU hace lo propio a la inversa, una política de centro derecha o centro en el interior, pero en el exterior hace una política de garrote y tente tieso por si las moscas, dicho de otra manera más coloquial, «tan bó e Xan coma o seu irman».