Ocho de marzo y el catorce de febrero

Juan Cardona-( juan@juancardona.es )
El título no es un acertijo, es simplemente una premonición y se puede considerar una denuncia.
Sabido es la manipulación de fechas que realizó el gobierno Sánchez-Iglesias para decretar el primer estado de alarma: Esperaron a la celebración de la manifestación del 9 de marzo; por cierto, encabezada por sus respectivas esposas que contribuyeron a la pandemia infectándose. Alguien podría pensar que se ofrecieron como heroínas de la causa feminista; aunque lo más probable es que no fuesen informadas del riesgo al que se exponían, o tal vez su interés extremo de llevar a cabo tal concentración fuese la venda que les cegase. Felizmente repuestas, alguna con recaídas, dejaron para la posterioridad lemas tan profundos como: «sola y borracha quiero llegar a casa» o «yo elijo cómo me visto y con quién me desvisto» entre otras lindezas.

Reunido de urgencia, ese mismo día, el comité de expertos (las malas lenguas dicen
que se trasladaron en un solo vehículo oficial ocupando el asiento trasero) llegaron a la conclusión de que había que tomar medidas contra la pandemia que nos invadía: el Real Decreto por el que se declara el estado de alarma se publicó el 14 de marzo con la medida estelar de: «limitación de la libertad de circulación de las personas». A modo de recuerdo de datos, el mismo día de la manifestación, existían en España según el Centro Nacional de Epidemiología unos 1.000 casos de covid. Por desgracia 12 días más tarde el número de infectados ascendía a 28.500 y el de fallecidos era (sin contar residencias de mayores) de 1.720 españoles. Viendo estos datos se puede colegir que el gobierno Sánchez-Iglesias tardó mucho en tomar medidas y que las pospusieron interesadamente

Después del paso de la primera ola, el gobierno tomó vacaciones y dejó el peso de
control de la pandemia a las Autonomías con la famosa «cogobernanza» sanchista.
Hicieron frente, en solitario, a una segunda ola veraniega y a una tercera de invierno sin tener más armas que las que Sánchez-Iglesias les concedían dentro de unos límites
generales: cada Autonomía tomó las que consideraban oportunas cual modernas Taifas .

El Real Decreto del 25 de octubre que declaraba el nuevo Estado de Alarma, por un plazo de seis meses, fijó una serie de normas generales, pero no contempla el confinamiento domiciliario.
Hoy en día con dos millones y medio de españoles infectados, una Incidencia
Acumulada, en los últimos 14 días, próximo al uno por ciento, y con más de 80.000
muertos por covid, la mayoría de las Autonomías solicitaron al gobierno que ampliase el Decreto de Alarma incluyendo confinamientos domiciliarios. La respuesta del gobierno sánchez-iglesias (sin apostrofe y en minúsculas) es la callada por respuesta y el ínclito ministro de sanidad manifiesto que: «Los gobiernos autonómicos ya cuentan con normas suficientes y no contempla, ni va a contemplar el confinamiento domiciliario».

Qué raro ¿No? Con mil infectados, sí hubo confinamiento y con dos millones y medio, no.
Pensemos: ¿Habrá algún evento político en fechas cercanas que interese el «no
confinar»? «Haberlo haylo»: Las elecciones autonómicas catalanas con el actual brillante ministro de Sanidad como aspirante a Honorable Presidente en cabeza de las encuestas (según Cistezanos). Se supone que, si el ministro Illa confina, el candidato Illa pierde opciones. Entonces… Hay que ser mal pensado para imaginar que este juego de fechas, retrasando las elecciones catalanas tiene algo que ver con la inacción de gobierno.

Pues bien, soy malpensado. A partir del 15 de febrero auguro que habrá barra libre para el confinamiento domiciliario en toda España y mientras tanto aumentará el número de muertos sin que nadie sea responsable, solo serán estadistas, cifras y curvas.

Se admiten apuestas… La parte positiva es que nos quitamos de en medio a don Salvador.

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2 comentarios

  1. Bien expuesto lo que muchos pensamos.
    No se para que estan, si no gobiernan.
    Son el perro del hortelano.
    Ni gobiernan ,ni dejan gobernar

  2. Estamos de acuerdo ahora, como estoy seguro que lo estábamos el 8 de marzo, cuando yendo de paseo mañanero con un común amigo y compañero hablábamos de lo que nos parecía una temeridad como era permitir y fomentar que se celebraran las ideológicas manifestaciones programadas para aquel día.
    Dios quiera que no se repita la desgracia el 14 F, porque si es así esto va a ser mucho peor que un desastre.