Sánchez está seco

Gabriel Elorriaga F. (Ex diputado y ex senador)

Los discursos de Pedro Sánchez de tono hueco, triste y presuntuoso provocan un eco frío y escéptico en la audiencia, se refieran al estado de alarma, a los fondos europeos o a las elecciones madrileñas. Su voz es como el murmullo de las hojas muertas que se arrastran por el suelo cuando sopla poco viento. Gabilondo aburre y el discurso de Pablo Iglesias como agitador “antifascista” no levanta a casi nadie. El árbol gubernamental está seco y no da más frutos que los que hay, ni nuevo marco jurídico tras el estado de alarma ni nuevo plan económico para aplicar los futuros fondos europeos.

Solo ha pasado un año y hay quienes comienzan a reclamar elecciones generales anticipadas, dando por agotada una coalición establecida para tres años. Iglesias tuvo que abandonar anticipadamente cargo y escaño por desconocimiento del estatuto madrileño. Fue la primera manifestación de desconocimiento del terreno que pisa y donde esperaba cosechar éxitos con su aureola de estadista “full”. Iglesias pretendía concurrir a la cantera del candidato del gobierno del que hace días formaba parte ya que es el único sitio donde desprender algún material. No tiene otro camino porque Isabel Díaz Ayuso no va a por él sino contra Sánchez. No se sabe si es él quien ha descendido a segunda división o es el propio Sánchez quien ha creído necesario degradarlo para contener el auge imparable de Díaz Ayuso. Sánchez eligió dos malos compañeros de viaje, Iglesias y Arrimadas, que lo han llevado de fracaso en fracaso. Le esperan insurrección en Cataluña, derrota en Madrid, aumento del paro, sanidad desordenada, hachazo fiscal y desconfianza europea. Un panorama como para solicitar la eutanasia política.

El malquerido

No es creíble que Pablo Iglesias haya renunciado a la Vicepresidencia Segunda del Gobierno de España para aspirar a Vicepresidente Segundo del gobierno de Gabilondo en Madrid porque no va a ser ni eso y, quizá, ni nada. Solo lo lloró Yolanda Díaz, emocionada por su ausencia o por la sorpresa de verse con una Vicepresidencia Tercera con la que no contaba. Cuando Iglesias salió del Gobierno este respiró un poco, como un globo cuando suelta lastre. Hubiese querido esperar hasta el comienzo formal de la campaña, usando la visibilidad del cargo para ganar espacio en Televisión, pero no lo dejaron. Su hipotético futuro aliado Gabilondo lo recibió fríamente y hasta con ascos por su estilo bronco, aunque se lo tragará con azúcar si sirviese para su supervivencia.

Errejón, cofundador de Podemos en tiempos aun cercanos, tampoco lo ha querido como cabeza de cartel y prefiere a una Mónica desconocida. Hasta la clásica Manuela Carmena prefiere cocinar sus famosas magdalenas para esa izquierda extravagante mejor que para un ex Vicepresidente Segundo del Gobierno y Secretario General inamovible de Podemos. Para rematar esta corona de espinas solo faltaban los separatistas catalanes y vascos que, aunque no tiene voz ni voto en las elecciones madrileñas, han aprovechado la ocasión para explicar que ni lo quieren como amante ni como amigo, desagradeciendo su federalismo y su labor de tercería como mediador de negociaciones. No es una ayuda sensible para combatir contra Ayuso como tampoco lo fue para combatir contra el COVID desde la Vicepresidencia Social del Gobierno de España. La derecha lo detesta y la izquierda lo desprecia.

Las costuras del esperpento

En su día, los medios informativos bautizaron acertadamente como mayoría Frankenstein a la base parlamentaria sobre la que estableció su poder Pedro Sánchez. Era un recosido de piezas anatómicas heterogéneas como el monstruo creado por la escritora Mary Shelley. Ante el relativo éxito de la criatura, Pedro Sánchez decidió coser nuevos monstruitos. Envió a Cataluña a Salvador Illa, con aura de ex ministro de Sanidad en tiempos de pandemia, para recoser con minorías separatistas y no logró el efecto. Lo intentó en Murcia con Ciudadanos y Podemos y tampoco dio resultado la costura. Lo tramó en Castilla y León y también fracasó. En Madrid permitió que el vicepresidente de su gobierno se pusiese al frente de un ala neocomunista para reforzar al oscuro Gabilondo y se encontró con que la extrema izquierda prefería dividirse antes que identificarse con un subproducto gubernamental.

Las investiduras fallidas en Cataluña, Murcia y Castilla fueron el preludio de un futuro fracaso en Madrid. A Pablo Iglesias no lo sacrificaron para poder nombrar Vicepresidenta Segunda a Nadia Calviño sino para coser un remiendo en el culo del monstruo. Tampoco a Nadia Calviño la adelantaron para poner orden en la Economía sino para disimular en Bruselas. Si Pedro Sánchez cree que Inés Arrimadas puede ayudarle a recoser al monstruo es que no entiende de costureras. Las costuras del monstruo se descosen a ojos vista y solo los vascos separatistas desean, paradójicamente, la prórroga de unos poderes centrales de excepción.

Es erróneo suponer que existe un empate técnico en Madrid entre tres posiciones de centro derecha, PP, Ciudadanos y Vox y tres posiciones de centroizquierda, PSOE, Podemos y Mas Madrid. Ciudadanos ha sido deglutido entre PP y PSOE, pero Podemos y Mas Madrid son contradicciones contrahechas entre sí e incompatibles con cualquier clase de gobierno presentable en Europa. El PP es la única fórmula de gobierno razonable y, a su derecha, Vox es una disidencia cabreada y recuperable que no tiene nada de fascista ni de anticonstitucional, como predica el desorientado Errejón. El esperpento se descose, aunque Sánchez permanezca encastillado en la Moncloa como el Doctor Frankenstein en su castillo. Detrás de sus almenas apunta su artillería contra Ayuso y no contra el virus. Los madrileños lo juzgarán.

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