Sabores ártabros-En el Náutic

José Perales Garat

En algún momento anterior.. hace quince años, pero no sé cuándo, desapareció ese viejo Bar La Marina donde tantas botellas de clarete nos bebimos de jovenzuelos. Confieso que fue un momento relativamente triste, puesto que sus propietarios siempre fueron amables y educados con nosotros, pese a que éramos una pandilla algo más que bulliciosa.
Superado el luto, comprobamos que otros propietarios proponían algo completamente distinto y, en ese momento, innovador a más no poder: se rompía la PCR y aparecían en la carta raviolis de foie, manitas de cerdo y otros productos de temporada que María nos ofrecía con profesionalidad y una eterna sonrisa… y nos hicimos mayores, o al menos yo me hice mayor.

Yo he vivido en muchos sitios, en muchas ciudades distintas de regiones distintas, y tengo una especial querencia por los sitios en los que se cocina bien, y os aseguro que en el Nautic se cocina estupendamente. No recuerdo las veces que he ido y no tengo ningún plato de referencia, porque a diferencia de otros bípedos tragaldabas, no soy muy de repetir platos… pero la cosa es que en el Nautic hacen unas tortillas de patatas que no desmerecen de las mejores, un pulpo que haría las delicias de un hooligan de Carballiño y un lacón con grelos que estaría en los puestos de honor de la feria del cocido de Lalín, entre otros muchos platos.

En esta ocasión la cosa fue relativamente sencilla: un vino de los recomendados que ofrecían en un pack con unas zamburiñas más que bien hechas, una ensaladilla riquísima, unas sardinas en escabeche absolutamente limpias y con una salsa que le hacía proposiciones deshonestas al pan, una empanada deliciosa y una carne en su punto con unos tomates que me llevaron al México precolombino de puro chido… fue una comida en familia, y aunque si voy en pareja o con adultos suelo arriesgar algo más, no recuerdo una sola vez en la que haya salido de su acogedor local sin una sonrisa y encantado con el trato y la cocina.

Y no os digo mucho más porque lo mejor es acercarse, y da igual que sea entre semana a probar su menú del día, a tomar una tapa mañanera o directamente reservar y dejarse aconsejar por la pizarra, por María o por cualquiera que te atienda, porque el Nautic es uno de esos sitios en los que saben que si te tratan bien y la comida está buena, intentarás volver a disfrutar de la experiencia, y conmigo -como os decía al principio- lo consiguieron hace muchos años… justo desde que se acabó mi periodo de luto por La Marina, los claretes y esos juegos en los que el que perdía bebía y el que no también, en las postrimerías de ese Siglo XX que se acabó con las pesetas.

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