Empanada de encuestas y empanada gallega

Enrique Barrera Beitia

Considerando que faltan 27 meses para las próximas elecciones legislativas, sorprende el dinero que se están gastando los medios informativos en publicar cada semana encuestas, casi todas ellas coincidentes en señalar que las derechas superarían la mayoría absoluta, aunque por muy escaso margen. Si entramos en las webs de Electomanía, Electocracia y El Electoral, obtenemos la siguiente media de datos demoscópicos:

a) El bloque de derechas (PP,Vox,Cs y Navarra Suma) que obtuvo 10.5 millones de votos en las últimas elecciones, tendría ahora 10.8, con el PP aumentando algo más de un millón de votos, procedentes en su mayoría de Ciudadanos (900.000).

b) El bloque de izquierdas (PSOE,UP y Más País) ha pasado de 10.5 millones de votos a 9.0, con el PSOE y UP perdiendo respectivamente un millón de votos y 750.000.

c) Los nacionalistas y otras formaciones regionales, retendrían 2.5 millones de votos de los 2.8 que lograron en 2019.

Es decir, coincide una altísima movilización de la derecha española con una importante desmovilización del bloque de izquierdas. Cualquier experto nos dirá que esto no es extraño, y que conforme se acerquen las elecciones, la diferencia entre ambos bloques se reducirá, pero la pregunta es hasta donde, y ello es imposible de decir a 26 meses de la votación. Sin embargo, la lectura de las encuestas no es tan complaciente con la derecha como podría parecer. Con los datos actuales, la derecha tiene mayoría absoluta en las tres webs consultadas, con 178 diputados a los que como mucho se podría sumar otros tres (Teruel Existe, Partido Regionalista de Cantabria y Coalición Canaria), es decir un máximo de seis por encima de los 175. Así las cosas, una leve subida o bajada de los dos bloques antagónicos, puede hacer que la derecha quede sin apoyos suficientes para gobernar, aunque gane en votos. Recordemos que a los tres últimos diputados citados, la izquierda sumaría sin problemas 26 votos nacionalistas, entre los que no incluimos a los nueve o diez de Junts Per Cataluña y la CUP, que con toda seguridad votarían en contra tanto si el candidato es de derechas como de izquierdas.

También es importante señalar que antes de las elecciones generales, se celebrarán las elecciones andaluzas en diciembre de 2022 (si no se adelantan), y en mayo de 2023 las municipales y autonómicas. Todas las encuestas publicadas hasta la fecha pronostican una gran estabilidad en autonomías y ayuntamientos, siendo previsible que repitan los actuales gobernantes; dicho de otra manera. La izquierda llegará con toda seguridad a la cita de noviembre de 2023 sin erosionar su poder institucional.

Como sabemos, las gallegas se celebrarán después, por lo que pueden pasar muchas cosas, aunque lo previsible es que no pase nada importante. La iniciativa política la lleva Núñez Feijóo, haciendo valer sus formas moderadas para que sus políticas vuelen bajo y no sean objeto de debate. A veces lanza algún mensaje con música que suena bien (bajar impuestos para alentar el consumo) pero difuminado en la letra (a quién se le baja impuestos y cuanto). Es una estrategia política inteligente, similar a la practicada por un equipo de fútbol que va ganando, y que se dedica a dormir el partido para que no pasen cosas.

No por eso la izquierda gallega deja de tener oportunidades, pero para ello necesita que se entre en un debate dominado por la dialéctica izquierda-derecha, porque mientras domine el mensaje de “o moderados o radicales”, el PP de Feijóo ganará, porque él no necesita a Vox para gobernar mientras que los socialistas necesitarían a los nacionalistas. Además, BNG y PSdeG-PSOE tienen que resolver antes algunas cuestiones internas. Los primeros han vuelto a acercarse a los límites de su frontera socio-electoral, y dudan si adentrarse en un territorio que puede terminar contaminando su pureza nacionalista, mientras que los socialistas pueden terminar eligiendo a su octavo candidato electoral en 42 años (los populares sólo han tenido a dos).

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