Del salvaje oeste al salvaje modelo económico (II): la crisis de los opioides en los EE.UU.

Pedro Sande García

 

Conocí un hombre sabio, nunca lo vi pero me hablaron muchas veces de él, que tenía un melonar. Al llegar a su casa se sentaba con sabiduría con su navaja en la mano, cogía los melones de uno en uno, les pegaba un tajo y los olía, la mayoría de ellos los tiraba al corral de donde salían los conejos a comérselos. El sabio solo se quedaba con aquellos que eran miel. Yo, que no soy nada sabio, hago algo similar con las series de televisión, para escoger una tiro al corral un montón de ellas, y solo me quedo con las que son miel desde el primer minuto. Eso es lo que me pasó con Dopesick, serie que acrecentó el interés que ya tenía por la crisis de los opioides que está sufriendo los Estados Unidos de América. Crisis que surge de un modelo económico en el que todo está permitido y si no es así se compra el permiso, un modelo económico que potencia la codicia del ser humano aunque sea a costa del sufrimiento y la muerte de miles de ciudadanos.

Antes de continuar permítanme una aclaración, la diferencia entre opiáceos y opioides. Los opiáceos son los opioides naturales, como la heroína, la morfina y la codeína mientras que los opioides se refieren a todos los opioides tanto los naturales como los semisintéticos y sintéticos. Esta historia, la de los opioides en Estados Unidos, comenzó hace dos décadas y les daré un primer dato escalofriante, se calcula que los opioides han sido los responsables de medio millón de muertes en el período 2009-2019.

Pensarán ustedes que me he equivocado al escribirlo, no ha sido un error, han leído ustedes bien: quinientos mil muertos, 500.000 muertos. Solo entre 2020 y 2021 han sido 100.000 personas las que han fallecido a causa de esta epidemia, mal llamada de los opioides, su nombre exacto debería ser la epidemia de la codicia. A mediados de los años 90 del siglo XX, las compañías farmacéuticas comenzaron a realizar campañas en las que se decía que alrededor de 100 millones de estadounidenses estaban afectados por dolor crónico. El dolor fue declarado «el quinto signo vital«, lo que significaba que su evaluación y manejo
debían ser tan importantes como la temperatura, la presión arterial, la frecuencia respiratoria y la frecuencia cardíaca. Con la gigantesca campaña mediática se consiguió que las autoridades sanitarias presionaran por regulaciones menos estrictas para el uso de analgésicos más fuertes. El país comenzó a llenarse de recetas donde se prescribían nuevos medicamentos opioides para tratar cualquier tipo de dolor y cuya acción es más rápida y prolongada que los analgésicos tradicionales.

Entre 2007 y 2012, otra cifra demoledora, los distribuidores de medicamentos enviaron más de 780 millones de píldoras de oxicodona e hidrocodona, los analgésicos de opioides más comunes, a las farmacias de Virginia Occidental. Lo están leyendo bien, una media de 156 millones de píldoras al año para los habitantes de Virginia Occidental. Williamson, con poco más de 3000 habitantes, recibió entre 2006 y 2016 20 millones de unidades de analgésicos opioides y en 2017 contabilizo más de 50 casos de muerte por sobredosis al mes. La elección de estos lugares no fue casual, entraba dentro de la estrategia comercial de las compañías farmacéuticas: ciudades con altas tasas de trabajos manuales, entre ellos mineros, y con poco acceso a los servicios médicos, algunas de ellas ni siquiera tienen hospital. En el caso de Williamson se añadía una ubicación geográfica que facilitaba el acceso desde lugares situados a cientos de kilómetros.

Esto es un ejemplo de como la epidemia se extendió por todo el país, y que produjo que millones de pacientes tomaran opioides sin saber lo que eran, y mucho menos que podían engancharse. Las propias compañías se encargaron de negar la posibilidad de que pudieran crear adicción. En otras ocasiones en los Estados Unidos ha habido epidemias de drogas, pero esta es diferente: muchas personas se volvieron adictas con el «uso adecuado de los opiáceos». Anna
Lembke, psiquiatra especializada en adicciones, es uno de los expertos que participa en el documental The Crime of the Century (El crimen del siglo) y responde a la pregunta ¿Está de acuerdo con que la crisis de opioides puede definirse como «el crimen del siglo»?: Sí, porque uno de los factores más significativos que contribuyeron a la epidemia de opioides fueron los mensajes engañosos por parte de la industria farmacéutica.

Una de esas empresas fue Purdue Pharma que en 1996 comenzó a vender su nuevo analgésico de opioides, el OxyContin y que fue el desencadenante de que en 2017 Donald Trump declarara la emergencia sanitaria en todo el país. Dopesick es la miniserie que narra la aterradora historia de la creación del OxyContin y de como la compañía de la familia Sackler ingreso miles de millones de dólares mediante una agresiva estrategia de marketing basada en la mentira con la que convencieron a los médicos de que recetaran su potente y peligroso medicamento, afirmando que solo creaba adicción en el 1% de los casos. Dopesick es una excelente serie donde su director, Danny Strong, además de jugar de manera magistral con el tiempo, sin que el espectador se sienta confundido, nos cuenta lo ocurrido a través de cuatro historias que transcurren en paralelo: la familia Sackler y el endiosado presidente de Purdue Pharma, Richard Sackler. El médico de un pueblo remoto en la zona de los Apalaches, soberbio papel interpretado por Michael Keaton. La pareja de fiscales que persiguen el caso y se encuentran con enormes dificultades y por último, la agente de la DEA que vive obsesionada con lo que está ocurriendo. Les aconsejo que no se pierdan los ocho episodios de esta entretenida e interesante serie, en algunos momentos toda su rabia se centrara en el corrupto mundo de las compañías farmacéuticas y de los organismos públicos que deben velar por la salud de los ciudadanos.

La epidemia de los opioides ha desencadenado cientos de demandas en muchos condados, estados y ayuntamientos de EE.UU. Algunos de estos casos ya han sido fallados por los tribunales y en otros, las compañías farmacéuticas han llegado a acuerdos con las autoridades y con comunidades de ciudadanos. En el verano de 2021 la farmacéutica Johnson & amp; Johnson y tres de las mayores distribuidoras de medicamentos de Estados Unidos han llegado a un acuerdo por valor de 590 millones de dólares con centenares de tribus nativas americanas para zanjar las demandas que  las acusan de impulsar la crisis de los opioides en su comunidad. La mayor partida se destinará a financiar servicios de prevención y tratamiento de adicción a drogas. El pasado verano las cuatro compañías firmaron un pacto con varios gobiernos estatales y locales  por valor de 26.000 millones de dólares para sellar los pleitos por la misma causa . Imagínense las ganancias que han tenido estas compañías para aceptar un pago de estas dimensiones.

Les he mostrado a lo largo de dos artículos tres ejemplos de cómo funciona el modelo económico en el que estamos inmersos, un modelo que tiene un largo recorrido de mejora. Es necesario alejarlo de la injusticia social y las desigualdades que produce así como del impulso que supone para aupar la codicia humana hasta límites insospechados, donde el sufrimiento y la muerte son sus consecuencias.

Es interesante hacer un breve recorrido sobre la evolución que ha tenido nuestro modelo económico y que nos ha llevado a esta jungla de economía salvaje. Hemos pasado de un período, a partir de la segunda guerra mundial, donde el modelo consiguió una reducción considerable de las desigualdades, a un período, a partir de la década de los 80 del siglo pasado, donde se empezó a desmoronar todo lo conseguido en las décadas anteriores. Unos datos que confirman esta tendencia: en el año 2017 el 1% más rico del planeta poseía el 33% de la riqueza mundial, en España el 10% de la población más rica acaparaba el 57% de la riqueza. En ambos casos esas diferencias se incrementaron un 5% en relación a lo que ocurría en 1980. Este nuevo modelo además de suponer una enorme injusticia, está borrando del mapa a la clase media y convirtiendo en auténticos parias económicos a importantes masas de población. No hay que olvidar los graves efectos políticos que se están generando con la aparición de los movimientos populistas y de extrema derecha. Todo ello son ingredientes que en cualquier momento nos pueden llevar a situaciones peligrosas si antes no somos capaces de reconducir nuestro sistema hacia un modelo cuyo objetivo sea la justicia social reduciendo las desigualdades.
Cuídense mucho.

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