Fuerzas políticas

Gabriel Elorriaga Fernández (Diario crítico)

Para afrontar la situación crítica de una nación hay que reducir el gasto pero, a la vez, hay que estimular la vida económica. Reducir el sector público, eliminar estorbos al sector privado y corregir las deficiencias del sistema financiero son propósitos fáciles de pregonar en teoría pero muy difíciles de llevar a la práctica sin graves costes sociales. Por ello es necesario desarrollar una estrategia de acuerdos entre las principales fuerzas políticas.

El problema es que tales fuerzas políticas se porten como tales. Aquí tenemos un gobierno legitimado en su origen por una mayoría absoluta, pero en el ejercicio de sus funciones aparece muy distanciado de sus bases populares y de su programa, sin que el partido que lo promovió se comprometa, cada día, en la batalla de la opinión pública. A su vez, tenemos una oposición tan desacreditada y deprimida que se desangra cada vez que se enfrenta a  una confrontación electoral parcial.

Los pactos no existen ni son posibles sin contar con autenticas fuerzas políticas, con reducidos contactos misteriosos entre algunos funcionarios de un gobierno y algunos elementos contradictorios de un aparato de partido de dudosa estabilidad y unos sindicatos sin afiliación efectiva. Por ello no hay ni puede haber acuerdos firmes y potentes y, por ello, las protestas se dispersan en manifestaciones de intereses corporativos variados, grupos de afectados diversos y marginales antisistema.

Más allá solo cabe suponer que existe un asentimiento pasivo en el silencio de una población expectante que cree que los que gobiernan hacen lo que se puede y que no sabe de nadie que lo pueda hacer mejor. Con este paisaje es difícil tomar medidas contundentes. La medicina se suministra gota a gota, entre la timidez y la improvisación, tratando de evitar situaciones extremadamente controvertidas.

Acuerdos políticos de Estado no se toman porque, quienes tienen que acordarlos, se sienten acomplejados por las dudas y se limitan a esperar que un futuro lejano les dé la razón o a ponerse al frente de todas las manifestaciones con la ilusión de ganarse simpatías para un futuro electoral también lejano. Sin embargo, está haciendo falta que las fuerzas políticas recuperen su pulso y que se hagan comprensibles y comunicativas y procuren reconstruirse como guías de opinión y avalistas de soluciones concordadas para acelerar la salida de la crisis.

Las fuerzas políticas tienen que cuidar de sí mismas y no contemplar indiferentemente como se vacían sus cuadros y se desencantan sus seguidores. Tiene que comenzar por explicar claramente el interés común de unos acuerdos de Estado y desarrollar una convergencia política clara y asumible por las mayorías. Tienen que ser y comportarse como fuerzas políticas reales y no como referencias imprecisas. Es necesario definirse en aquello en que se puede converger y decir contundentemente aquello en que es imprescindible discrepar. Ponerse de acuerdo en lo primero y programar para el futuro lo segundo. Lo que no se puede hacer de la política es un juego infantil de buenos y malos que solo interesa a los «fans» de cada pandilla.

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