Adiós PSOE, adiós

Manuel Molares do Val-(cronicasbarbaras.es/molares@yahoo.es)

Con su aprobación pasiva y no rechazo a las exigencias separatistas de los burgueses de CiU y los independentistas asamblearios de ERC, el Partido Socialista Catalán ha agravado la agonía que seguramente rematará al PSOE.

Un PSOE fundado por Pablo Iglesias hace 133 años. Luchaba por igual contra los patronos opresores que contra los temibles caciques locales y clericales, herederos del carlismo, que iban reciclándose hacia el nacionalismo.

Iglesias sabía que la alianza natural de los nacionalismos era la derecha, no la izquierda.

Pero en la Transición la izquierda trató de atraérselos, tanto, que en 1978 el PSOE renunció a la exclusividad de sus siglas en Cataluña y entregó sus militantes al naciente PSC, no español, sino catalán.

Poco a poco el nacionalismo fue ganando posiciones, en toda la sociedad y dentro del PSC-PSOE, y los socialistas históricos en Cataluña ven ahora como su partido “no pondrá palos en las ruedas” del independentismo, según anunció su jefe, Pere Navarro.

La rendición definitiva del PSOE al PSC se había producido cuatro meses antes de que Zapatero llegara al poder, cuando le prometió al entonces líder socialista catalán, Pasqual Maragall, que cuando gobernara obedecería lo que el Parlamento catalán decidiera.

De ahí vino un Estatuto soberanista, la ratificación de la prohibición del castellano como lengua vehicular en las escuelas, y la exigencia de las ventajas forales de Euskadi y Navarra.

Ahora, en el País Vasco, el PSE-PSOE se alía con Bildu, representante político de ETA, para nombrar hijo predilecto de San Sebastián a un fundador de la banda terrorista, y apoya los presupuestos guipuzcoanos filoetarras, mientras rechaza los del PP en Álava.

Desbarajuste sociaista. Suicidio. Estupefacción entre los votantes socialistas, que dicen ya “Adiós, PSOE, Adiós”.

Irritados, muchs buscarán a los demagogos, pintorescos y alocados Llamazares y Garzón.

O a la ultraderecha, que espera la oportunidad que están dándole, como esperó Hitler en su día.

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