Tripas de silicona

Antonio M. CarmonaAntonio Miguel Carmona-(director diario progresista)

Puede leerse en el diario Nuevo Pekín una noticia del todo llamativa: se venden tripas de silicona para impostar embarazos. Me ha venido a la cabeza, de forma inevitable, las mentiras con que los conservadores visten un año plagado de corrupción y miseria.

 ¿Para qué querrá una persona simular un embarazo?, ¿dónde está el motivo oculto para necesitar comprar tripas falsas cuyo valor se sitúa entre trescientos y setecientos yuanes? Hablamos de cuarenta o noventa euros que nos van a regalar una imagen que no nos corresponde.

La respuesta es que las embarazadas en Pekín, más que en cualquier otra parte, gozan de tantos privilegios que invitan al fraude de la simulación para poder ir sentadas o alcanzar prebendas diarias que una persona sin embarazo no alcanzaría.

Las tripas de silicona ya existían antes de que a alguien se le ocurriera el fraude. Servían para bromear, asistir a fiestas de disfraces e incluso para protección de aquellas mujeres afortunadas por la maternidad.

Pero esta vez a alguien se le ha ocurrido utilizarlas para impostar. La idea se ha hecho tan popular que las ventas de tripas de silicona se han disparado en China y el número de embarazadas parece haber alcanzado, al menos a simple vista, una cifra récord.

Pensar que los dirigentes del Partido Popular serían capaces de embarazarse falsamente para poder sentarse me trae a la cabeza el disimulo de Alfonso Alonso o los regates de Floriano.

Si fuera menester veremos a Mariano Rajoy explicarnos con la misma soltura que está controlando el déficit que anunciando que acababa de ser preñado por una aparición súbita y arcangélica.

Vivimos en el mundo de la mentira. Bárcenas y la silicona han ayudado mucho.

 

 

 

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