Ya está aquí la insoportable Navidad

burgoaJuan J. Burgoa-TIRANDO A DAR

Semanas atrás comenzaron a aparecer las señales premonitorias del desastre que se avecinaba: los días continuaban haciéndose más cortos; empezaban a molestar los anuncios de una Lotería que nunca toca; los medios de comunicación, en plena crisis para tanta gente, anunciaban sin pudor los turrones y los cavas más caros del mundo; los supermercados y las tiendas dificultaban la compra, cambiando todo de lugar para poder colocar las golosinas que engordan el cuerpo, adelgazan el bolsillo y perjudican la salud.

Llegaron esos días horribles en los que estamos obligados a ser buenos y generosos, incluso con familiares y conocidos que muchas veces nos hacen la vida imposible; esas fechas en los que hay que gastar bromas a la gente (con la que está a caer en estos tIempos) el día de los Inocentes; esas celebraciones en las que se debe sentar un pobre en la mesa, como en las películas de Berlanga; esos días en los que hay que salir y divertirse hasta altas horas de la madrugada como en el Fin de Año (con las ganas de juerga que yo tenía, por ejemplo, el pasado día de San Canuto); esas inacabables jornadas en las que se debe comprar regalos para todos en la Fiesta de Reyes. En resumen, unas insoportables fechas de consumo inmoderado y de costumbres obligatorias.

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Y desde hace algún tiempo, en recuerdo de la Navidad, en muchos lugares los vecinos más cursis colocan en ventanas y balcones de sus viviendas unas colgaduras mostrando a Santa Claus y los Reyes Magos trepando por unas escalas, costumbre que no debería permitirse, ya que, además de que puede ofender la sensibilidad de ciertas conciencias laicas, no refleja la auténtica realidad social de que los que de verdad penetran hoy en nuestras viviendas, a veces pienso que con permiso de la autoridad competente, son ciertas bandas de albano-kosovares y de ciudadanos de otras latitudes.

Ya está aquí la insoportable Navidad, nacida como una fiesta cristiana y solidaria, pero hoy convertida en la festividad más antipática y hortera de nuestro calendario. Unas fechas en la que el pobre se siente más pobre que nunca y el que está solo se encuentra más solo que nunca. Unas fiestas como éstas deberían quedar estrictamente reducidas por decreto a cuatro fechas: Nochebuena y Navidad, Año Viejo y Año Nuevo; tal vez se podría añadir la Fiesta de Reyes para los monárquicos impertinentes y para los que crean en ellos.

A pesar de todo, si alguien aguantó la lectura de estas líneas hasta el final, le deseo que tenga unas Fiestas Felices, e incluso Prósperas, si le dejan esos mandamases de Caixa Galicia, Banco, Compañías Eléctricas, Telefónicas y Energéticas, y similares elementos que por ahí andan sueltos.

 

 

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