Bernie Sanders for President

enrique barreraEnrique Barrera Beitia

La carrera por las primarias estadounidenses ya ha empezado y estoy convencido que muchos españoles seguiremos todo este proceso con atención, conscientes de que el talante del futuro presidente/a de la superpotencia mundial influirá en nuestras vidas. En época de Napoleón Bonaparte se decía que «cuando París estornuda, Europa se acatarra» y ahora podemos trasladar el cumplido a la Casa Blanca, aunque Rusia y sobre todo China, marquen distancias.

Pues bien, tenemos a Bernie Sanders que es un judío estadounidense de 73 años, cuyos padres fueron asesinados por los nazis. Hasta aquí, todo normal. Añadamos que este hombre se ha postulado para competir en las primarias del Partido Demócrata, que no le importa definirse como socialista, que piensa financiar su campaña con crowdfunding (patrocinio basado en pequeñas aportaciones de particulares) y llegaremos a la conclusión de que se retirará a las primeras de cambio tras hacer un gran ridículo.

Sin embargo, resulta que Bernie Sanders no es el tradicional abuelo yankee con la típica  gorra de los New York Nicks atornillada a la calva, sino un senador por Vermont que recoge importantes y crecientes apoyos electorales. Naturalmente, tarde o temprano será derrotado por Hillary Clinton, pero por lo menos ya le ha obligado a incorporar a sus propuestas (y a las de los demás aspirantes demócratas) la subida del salario mínimo, hasta hace meses un anatema para la clase política americana y la reducción de las exenciones fiscales a las grandes empresas, al objeto de reducir las desigualdades sociales que han crecido extraordinariamente… y es que ahora puedes hablar en EE.UU de desigualdad social sin que digan que eres comunista.

Es verdad que el debate sobre el salario mínimo no asusta demasiado, porque tiene una base keynesiana y es una herramienta fiable para mantener el consumo y al mismo tiempo evitar que crezca la morosidad en una sociedad muy endeudada, con poco paro, pero con un tercio de sus trabajadores cobrando sueldos bajos. Si aumenta la masa salarial por la base, se drenan recursos que alimenten peligrosas burbujas bursátiles e inmobiliarias. La misma necesidad hay en España, pero aquí resulta más complicado porque el paro continua por encima del 20%, por lo que los economistas ven más aconsejable derogar la Reforma Laboral y restablecer el mecanismo de los convenios. En EEUU el salario mínimo anual es de doce pagas de 12.420 €, mientras que en España es de 9.084 € y en Alemania alcanza los 17.676 €.

Personas como nuestro entrañable senador de Vermont o la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, siempre han formado parte del paisaje político estadounidense, pero eran catalogadas como rarezas políticas o versos sueltos, unos outsiders ubicados en la periferia del sistema político. Sin embargo, es la primera vez que sus propuestas calan en el discurso político y escoran hacia la izquierda al Partido Demócrata, al mismo tiempo que sus rivales del Partido Republicano parece que se han vuelto locos encumbrando al multimillonario y xenófobo Donald Trump, un auténtico peligro si tuvieran oportunidades reales de ganar las presidenciales de 2016.

He retrasado varias semanas la entrega de este artículo, porque quería conocer los resultados finales de las primarias celebradas por el Partido Laborista del Reino Unido para ocupar la jefatura. Ha vencido Jeremy Corbin, el candidato más a la izquierda, otro entrañable abuelo de 66 años, partidario de nacionalizar sectores estratégicos. Pero de él hablaremos en otro momento.

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