Enigmas de nuestra reciente historia. «Operación Ogro» (atentado contra Carrero Blanco)

enrique barreraEnrique Barrera Beitia

El relato de los hechos históricos requiere que el historiador consulte fuentes arqueológicas, orales y escritas. Entre estas últimas, tienen gran relevancia los informes de los Servicios Secretos, que normalmente terminan siendo desclasificados transcurrido un margen de tiempo tiempo.

Sin embargo, información trascendental relacionada con el atentado de ETA contra Luis Carrero Blanco, no se incorporó al sumario instruido por el juez Luis de la Torre Arredondo, por expreso deseo del gobierno presidido por Carlos Arias Navarro. El 20 de diciembre de 1973, una bomba instalada por ETA destrozó el vehículo de su antecesor en el cargo. Sabemos que se excluyeron del expediente los análisis científicos sobre el explosivo utilizado, aspecto clave, porque la dinamita cargada en el coche Austin 1.300 que los etarras aparcaron frente al portal, no explotó por estar ya defectuosa y, no se entiende como pudo explotar la otra mitad almacenada en el túnel excavado bajo la calle, ya que pertenecían al mismo lote de fabricación. También sabemos que el entonces fiscal del Tribunal Supremo, Fernando Herrero Tejedor, entregó a Franco un informe secreto sobre el atentado que ha desaparecido.

La foto del diario Gara muestra el aspecto actual del túnel excavado por los etarras del comando Txikía. A la derecha, la calle Claudio Coello tras la explosión.
La foto del diario Gara muestra el aspecto actual del túnel excavado por los etarras del comando Txikía. A la derecha, la calle Claudio Coello tras la explosión.

El asesinato de Luis Carrero Blanco benefició a la línea dura del Movimiento Nacional, que logró poner como presidente del gobierno a Carlos Arias Navarro, el incompetente ministro de Gobernación (Interior), responsable de los servicios policiales.

Llama la atención que treinta etarras vivieran meses en Madrid sin ser detectados y que el comando Txikía, con el inconfundible acento vasco de sus miembros, trabajara doce días en el sótano del número 104 de la calle Claudio Coello, situado a menos de cien metros de la embajada de EE.UU, sin despertar sospechas ni ser detectados.

Más inquietante es conocer que el SECED (los servicios secretos de la dictadura), no hicieron caso del informe remitido por Mikel Lejarza Eguía «Gorka» el agente que tenían infiltrado nada más ni nada menos que en la Zuba de ETA (su Comité Ejecutivo). Dicho informe daba datos del comando Txikía que se había desplazado a Madrid para cometer una acción de alto nivel (secuestro o atentado a nivel de ministro). En este océano de rumores, varios policías de nivel intermedio han señalado públicamente, ya en Democracia, que conocían la existencia de un piso etarra en la calle del Mirlo nº 1.

Pasquín distribuido por ETA revelando la identidad del infiltrado. A la derecha, Alfonso Sastre Salvador y su mujer Genoveva Forest Tarrat.
Pasquín distribuido por ETA revelando la identidad del infiltrado. A la derecha, Alfonso Sastre Salvador y su mujer Genoveva Forest Tarrat.

Por el contrario, no conviene obsesionarse con el misterioso personaje que aparentemente facilitó a Argala, jefe del comando Txikía, la información necesaria para cometer el atentado (misa diaria de Carrero Blanco en la iglesia de San Francisco de Borja, horario e itinerario invariable, reducida escolta, etc). Probablemente este encuentro nunca existió por ser innecesario, ya que muchos militantes de la oposición democrática conocían los chapuceros hábitos de seguridad de los jerarcas franquistas. Es casi seguro que Ignacio Urralde Aguirresarobe «Kaskazuri», que era un miembro legal (sin ficha policial) de ETA y que llevaba años viviendo en Madrid, conociera esta información a comienzos de 1972 y la pasara directamente a la Zuba.

Este atentado ha sido tratado en cine y televisión. En 1979, Guillo Pontecorvo rodó «Operación Ogro», cuyo guión se basa en el libro homónimo escrito por Genoveva Forest, colaboradora del comando Txikía. En mi opinión, el libro desliza numerosas pistas falsas para proteger la identidad de algunas personas.

En la película Operación Ogro, destaca la impactante escena de la voladura del coche. En la miniserie de Juan Bardén, ya se apunta a la CIA como coautora del atentado por indicación del secretario de asuntos exteriores, Henry Kissinger.
En la película Operación Ogro, destaca la impactante escena de la voladura del coche. En la miniserie de Juan Bardén, ya se apunta a la CIA como coautora del atentado por indicación del secretario de asuntos exteriores, Henry Kissinger.

Luis Carrero Blanco no estaba bien visto por el gobierno de EE.UU debido a su antisemitismo, a su oposición a que España ingresara en la OTAN y a que durante la tercera guerra árabe-israelí (octubre de 1973) no permitió que los estadounidenses usaran el espacio aéreo español ni las bases conjuntas, para ayudar a Israel. Basándose en estos hechos, hay una importante corriente de opinión que acusa a la CIA de «haber dejado hacer» a ETA. Sin embargo, en los mensajes recopilados por Wikileaks no hay indicios de que por acción u omisión, la CIA estuviera implicada, aunque el primer cable de la embajada enviado una hora después de que estallara la bomba, confirmaba mucho antes que lo hiciera el gobierno español, que había sido un atentado.

Cinco años más tarde, el juez Luis de la Torre Arredondo declaró en una entrevista concedida a la revista Interviu, que le ocultaron que se había utilizado C4, un potente explosivo plástico reservado para el ejército de EE.UU. Si como expliqué en el segundo párrafo, la mitad de la pólvora no estalló, ¿por qué tendría que haber estallado la otra mitad? En 2011, Juan Bardén rodó para TVE una miniserie de dos capítulos titulada «El asesinato de Carrero Blanco», donde señala esta circunstancia y apunta de manera más o menos explícita, que hubo algo más que negligencia en las esferas policiales encargadas de la seguridad del Estado.

 

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