El cerebro social

enrique barreraEnrique Barrera Beitia

Parece ser que el cerebro humano no es capaz de gestionar adecuadamente las relaciones con más de 150 individuos. Según el antropólogo social y biólogo evolucionista Robin Dumbar, esta cifra se corresponde con las dimensiones de los primitivos grupos de cazadores y comunidades agrícolas capaces de elaborar estrategias de comunicación, alimentación y reproducción. Sin embargo, la supervivencia humana necesita agrupamientos mucho más numerosos, y un salto evolutivo en la cooperación, un altruismo grupal que exige sacrificios heroicos como dar la vida no sólo por la familia, sino por el conjunto de la Nación.
Este grado de solidaridad extrema es imposible sin la existencia de pegamentos sociales, como el idioma o la religión. La creencia en un Dios todopoderoso que nos vigila y puede mandarnos al infierno, actuó y actúa todavía como un factor que reprime y reduce los comportamientos antisociales Por lo tanto, las religiones han desempeñado un papel importante en la evolución social, aunque con el paso del tiempo, diversas instituciones han asumido los factores de cohesión social que en el pasado eran monopolizados por las religiones. Así, los «sans coulottes» de la Revolución Francesa o los bolcheviques, realizaron enormes sacrificios personales sin esperar a cambio una vida eterna.

Robin Dumbar (a la derecha) ha estudiado las conductas sociales de los primates, para comprender la transición humana hacia sociedades de estructuras complejas y dotadas de conciencia social.
Robin Dumbar (a la derecha) ha estudiado las conductas sociales de los primates, para comprender la transición humana hacia sociedades de estructuras complejas y dotadas de conciencia social.

El gen guerrero de la agresividad y su domesticación

Jack Nicholson, poseído por el "gen guerrero" en la famosa escena de "El Resplandor". Con excepciones, el altruismo está en el ADN humano, y los niños tienen una predisposición innata a ayudar a los adultos si les ven en problemas.
Jack Nicholson, poseído por el «gen guerrero» en la famosa escena de «El Resplandor». Con excepciones, el altruismo está en el ADN humano, y los niños tienen una predisposición innata a ayudar a los adultos si les ven en problemas.

Los humanos usamos la serotonina, la dopamina y la adrenalina como neurotransmisores. Si no son eliminados después de cumplir su función, se acumularían en exceso en el cerebro, evitando el necesario estado de reposo y favoreciendo comportamientos antisociales y agresivos. Esta necesaria función de limpieza, corre a cargo de la enzima MAO-A. Cuando por una mutación se vuelve defectuosa, no cumple su función y los humanos afectados aumentan sus conductas antisociales. En cualquier caso, cuando nos sentimos observados, tendemos a ser menos egoístas y las religiones por un lado y las ideologías inclusivas por otro, han amplificado los instintos morales que portamos en nuestros genes, nuestra tendencia a seguir las normas y a castigar a los que no las siguen, en un proceso que termina generando Conciencia Social.
A su vez, el ambiente social modifica los genes y también ayuda a reducir la agresividad humana. Varias investigaciones han demostrado que en los últimos 4.000 años, se ha reducido la violencia desde una estimación de 600 crímenes por cada 100.000 habitantes, hasta sólo uno en la actualidad. En Ferrol y Narón, que sumamos esa cifra, llevamos ya tres asesinatos, pero durante los años anteriores no los hubo o sólo hubo uno, por lo que cumplimos la estadística.

Tabla estadística que demuestra la caída de la agresividad humana a lo largo de los siglos, en diversas sociedades europeas.
Tabla estadística que demuestra la caída de la agresividad humana a lo largo de los siglos, en diversas sociedades europeas.
La gráfica de la izquierda refleja que la generosidad y la tendencia a ayudar a los demás, es mayor entre las personas no creyentes y la gráfica de la derecha muestra que los no creyentes emiten menos juicios descalificativos que los creyentes (cristianos y musulmanes). Estos, fundamentan su generosidad en el dogma y la identidad de grupo (fuente: revista Current Biology).
La gráfica de la izquierda refleja que la generosidad y la tendencia a ayudar a los demás, es mayor entre las personas no creyentes y la gráfica de la derecha muestra que los no creyentes emiten menos juicios descalificativos que los creyentes (cristianos y musulmanes). Estos, fundamentan su generosidad en el dogma y la identidad de grupo (fuente: revista Current Biology).

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