Operación Discoteca (Ferrol 1973)

Enrique Barrera Beitia

enrique barreraSe supone que el Servicio de Información Naval (SIN) tenía que ser especialmente importante en Ferrol durante la dictadura, por las numerosas unidades que albergaba su base naval y por la naturaleza militar que tenía la EN Bazán, pero en realidad fue un perfecto ejemplo de como un organismo estatal busca simplemente justificar su propia existencia y conservar los privilegios de su plantilla. Este servicio de inteligencia veía fantasmas por todas partes y cuando una información no coincidía con su visión de la sociedad, la modificaban sin tapujos para que coincidiera. Entre los propios militares ferrolanos, el SIN tenía mala imagen, tanto por su funcionamiento displicente como por la obsesión en investigar los líos de faldas de la oficialidad.

Sus informes provocan vergüenza ajena. Investigaron a un ingeniero de Bazán porque acudió varios días a trabajar con una corbata roja y dieron instrucciones para que cuando se retransmitían partidos de fútbol en las televisiones de las cantinas de los acuartelamientos, se hicieran listas de los seguidores «culés». Los planos de las fragatas que se hicieron en Bazán en los años setenta, venían de EE.UU y eran secretos, por lo que llegaron al astillero con una aparatosa escolta armada y coches tocando las sirenas, pero al no haber cajas fuertes adecuadas para su custodia, estaban todo el día abiertos en las mesas de los delineantes, a la vista de cualquiera.

Sólo conociendo estos precedentes se entiende que fueran capaces de dedicar parte de su tiempo a la Operación Discoteca. En julio de 1975, varios oficiales emitieron informes señalando que las discotecas LT y Hawai, prohibían la entrada a marineros uniformados. Al parecer, los porteros de las discotecas ejercían la prohibición por la tendencia de los marinos a organizar peleas o broncas. Otra discoteca llamada Robinson, exigía que depositasen el DNI o la cartilla militar en previsión de desperfectos.

Desfile en Ferrol, con los cabos en primera fila.
Desfile en Ferrol, con los cabos en primera fila.

Los informes hablaban del desconcierto que provocaban en unos marineros que «han sido enseñados a amar el uniforme» que precisamente este fuera la causa de una discriminación. El que desprecia el uniforme desprecia España, y debieron razonar que esto no podía quedar así, de modo que procedieron a preparar un operativo de castigo: la Operación Discoteca.

Podemos resumir esta idea de la siguiente manera. Un día a determinar en la primera semana de septiembre, se presentarían en la discoteca Hawai, sita en la Plaza de Armas, tres «cabos verdes» del cuartel de instrucción (se citan sus nombres), «elegidos por ser gente educada» y que «deben saber sólo lo imprescindible». Era de suponer que se les negaría la entrada por ir de uniforme, por lo que estos tres cabos debían iniciar una pequeña discusión. El operativo puso énfasis en que debían comportarse «siempre en un tono de perfecta educación».

En «ese momento» la Policía Naval debía pasar «por casualidad» delante de la discoteca, «rogando» al portero que confirmase la prohibición de entrada, por orden de quien y por qué. La Policía Naval debía ordenar a los «cabos verdes» que se retirasen y estos se dirigirían a su Dependencia para dar parte de lo sucedido al comandante de la Guardia. Al día siguiente, debían tener entrada en Capitanía los dos partes: el de la Policía Naval y el de la Dependencia.

Los planificadores también indicaron que convendría mucho que la Policía Armada también colaborase. Para ello, la Policía Naval debería pasar por la Comisaría y solicitar que el inspector de guardia se personase en la discoteca Hawai para interrogar al portero. Sobre este punto, se recomendó que «Eloy hable con Fandiño que ya tiene antecedentes de esto y está decidido a apoyarnos» (Fandiño era un policía de la Brigada Criminal). El informe termina diciendo que hecho todo esto, «ya se verá como se actúa. Probablemente a base de secretaria de justicia».

Desconozco si realmente se ejecutó o se canceló la Operación Discoteca, y espero que algún lector de Galicia Ártabra pueda arrojar luz sobre este punto, pero tenemos un precedente en 1973. Ese año, a varios marineros del submarino S-34 también se les negó la entrada en la discoteca Hawai, y el comandante del buque Benito Cheriguini de Tapia pidió por conducto reglamentario tomar medidas. El Jefe del Estado Mayor remitió la solicitud al auditor Emilio Fernández-Piñeyro y Maseda, quien archivó el caso argumentando precisamente que la prohibición de entrar con uniforme en las discotecas, lejos de atentar contra el honor de la Marina, debía verse como una medida de protección a dicho honor, ya que «por la edad y condición de los marineros, puede peligrar su respeto».

El comandante del S-34 (Benito Cheriguini de Tapia) ya solicitó en 1973 medidas contra los dueños da las discotecas. Este submarino fue entregado a la Marina en New London (Connecticut).
El comandante del S-34 (Benito Cheriguini de Tapia) ya solicitó en 1973 medidas contra los dueños da las discotecas. Este submarino fue entregado a la Marina en New London (Connecticut).

En un intento de averiguar más sobre este asunto, hablé con un ferrolano que hacía el servicio militar en esa época, y me dio una sorprendente opinión:

«Es un tema más complejo de lo que parece. Prohibir la entrada por temor a los destrozos era probablemente una excusa. El problema es que espantaban a la clientela habitual. Para los chicos ferrolanos eran unos competidores y estaba socialmente mal visto que las ferrolanas se relacionasen con marineros, y más de uniforme. Al no ser de aquí, los rechazaban tal vez de manera demasiado brusca y no todos los marineros reaccionaban bien. Además, los jefes de Marina estaban en contra de integrar la tropa en la sociedad civil, porque sus familias eran parte de esa sociedad que los rechazaba y los menospreciaba. Hasta casi los 70, les estaba prohibido a las clases de tropa transitar por la Calle Real en horas de paseo. ¿Como el asistente que por la mañana acompañaba a la señora del comandante al mercado para llevarle la bolsa a casa, o le fregaba los cristales, iba a ligar con su hija por la tarde en la discoteca?».

«En el año 66 o 67, era Cabo 1º del Ejército y salí con otros tres cabos, de uniforme claro, y entramos a tomar una cerveza en la cafetería de moda «Juwa» cerca de la Plaza de Armas. Estaba sentado dentro el Coronel del Regimiento con cuatro comandantes, los saludamos reglamentariamente al entrar y al despedirnos y correspondieron muy correctamente, pero al día siguiente uno de los comandantes nos llamó para decirnos que habíamos hecho muy mal, que al entrar y ver allí al coronel debimos marcharnos sin consumir, que era una falta de respeto alternar nosotros donde lo hacían los Jefes». Esta era la sociedad ferrolana de la época.

 

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