La torre de Babel

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«Para la música cualquier palabra es buena»
Aristófanes

julia dopico dovale-13-12Julia Mª Dopico Vale.

El Conservatorio Profesional de Música de A Coruña es el único que contempla en las enseñanzas regladas el acceso a alumnos con necesidades educativas especiales como respuesta a la preocupación especial por las personas con discapacidades, algo que ve sus frutos en este proyecto de innovación autorizado por la Consellería de Educación y Ordenación Universitaria de la Xunta de Galicia en el año 2011.

Estos alumnos acuden así a las aulas del Conservatorio para aprender a tocar sus instrumentos y también el lenguaje universal de la música. Dar a conocer este lenguaje, hacer comprender qué son las figuras y para qué sirven, qué son las notas, las claves, los pentagramas, percibir un sonido, saber reproducirlo…se convierte en cada caso en una particular y comprometida misión, tanto por parte del alumno como por parte del profesor, que debe amoldarse a cada caso partiendo de la propia experiencia, si bien se cuenta siempre con el incondicional apoyo de la coordinadora del proyecto desde su creación, Isabel Gómez Alonso, una profesional con mayúsculas especialista en las mejores metodologías enfocadas a la formación musical o el compromiso de José Luis Pastoriza, que acaba de impartir desde la Once un curso para la mejor involucración del profesorado en los casos de chicos que no pueden ver y para los que la música se convierte en uno de los placeres que disfrutan con absoluta plenitud. En estos casos, la «musicografía braille» se convierte en la clave que puede descifrar el enigma del mundo sonoro y la «máquina Perkins» en el instrumento con teclas que permite la escritura tal y como los “no ciegos” la entendemos.

La escritura… ese remedio a nuestra frágil realidad temporal que nos permite acceder al conocimiento y traduce con signos los idiomas, vínculos de comunicación que responden a nuestra esencia humana de comprensión, aproximación y búsqueda (otra forma de amor). En esta línea descubro con los nuevos alumnos el valor del entusiasmo reflejado en una canción, el valor de una mano junto a otra indicando la medida de un compás y el valor del lenguaje de todos los lenguajes: el del cariño y el afecto que es el que mejor aproxima a estos niños inmersos en realidades diferentes a nuestra realidad común, a la que nosotros conocemos.

Como si fuese la leyenda de la Torre de Babel: «Todos teníamos la misma lengua y usábamos las mismas palabras, pero Dios hizo que los constructores del gran zigurat de Babilonia comenzaran a hablar en distintos idiomas, dispersándose por la tierra…». Y de aquí hay que extraer la enseñanza más positiva: La diversidad desarrolla en nosotros un don que proyecta nuestras propias posibilidades: las de volver a aprender en un nuevo camino hasta encontrar la claridad, superando la confusión y encontrando el nuevo idioma que nos identifica con los otros.

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