Libunca en Ferrolterra (I )

Manuel Galdo

Sin rompimiento ni escándalo. El Arzobispo de Compostela D. Lope de Mendoza y el Obispo de Cuenca D. Álvaro de Isorna, natural de Mondoñedo, pretendían por orden del Rey Juan II calmar a los «Hermandiños de Ferrol», para ello citaron en Betanzos a Ruy Sordo y otros jefes de los Hermandiños para tratar de llegar a un acuerdo amistoso, acuerdo al que Ruy Sordo se negó convencido de su poder y la necesidad de acabar con las tropelías del señor feudal que los sometía, y quizás envalentonado por la huida ante sus ataques de Nuño -O Mao- a Moeche primero y en Andrade después, amenazando además al Arzobispo con llevar a Compostela la rebelión si fuese necesario, caso de no entregarle «la cabeza» de O Mao, Nuño Freire de Andrade.

Ni unos ni el otro cedieron, y ante la entereza de Ruy Sordo, los prelados, Arzobispo y Obispo, abandonaron Betanzos con objeto e prevenir al rey de todo lo acontecido.

Nuño continuaba su huida desde Noguerosa en Pontedeume, ahora en dirección a Santiago.
Hasta el Sar y el Sarela, circundando la ciudad del Apóstol llegaban un mes después los Hermandiños arrasando todo a su paso, no cesaban los ferrolanos en su ataques con la intención de aprisionar a Nuño Freire y tomar la ciudad para desde allí dominar Galicia. Después de unos días de lucha D. Lope de Mendoza consiguió rechazar el ataque de los Hermandiños, parapetado con tres mil peones y trescientas lanzas dentro de los muros y torres que constituían la defensa de Santiago evitando así que se apoderasen de la capital y obligándoles a replegarse a Betanzos. En su retirada los Hermandiños habían de sufrir otra derrota en el castillo de Puebla de Mesia que estaba defendido por las tropas de Lope. Ante las bajas sufridas los Hermandiños abandonaron la lucha dispersándose hacia las orillas del Mero y el Mandeo.

Los sublevados se rehicieron de nuevo en Betanzos con la intención de desplazarse después hacia Noguerosa, en Pontedeume, y de esta manera apresar a la mujer e hijos de Nuño que se encontraban en la torre de su propiedad a la que asediaron durante días. El castillo de construcción y situación formidable resistía el cerco, dando tiempo a Nuño de llegar, reforzado por las tropas del Corregidor Garcia de Hoyos, ahuyentando a los Hermandiños que se resistían perdiendo posiciones. Van las tropas feudales en su persecución y prendiendo a una gran parte de ellos los acuchillan sin piedad, los villanos que no murieron en la lucha, ahogados en el Eume, o acuchillados, murieron en la horca.
Así terminó aquella lucha desigual entre «villanos» y “«señores», siendo esta la primera revuelta formal de los comuneros contra la aristocracia, su derrota no fue infructuosa, la conquista de sus libertades prevalecía por encima de cualquier eventual descalabro. Tal era de desesperación del pueblo que la sangre derramada y la derrota de los primero Hermandiños no fue vana, ya que enseguida se constituyó una nueva «gran hermandad de villanos» que guiada por nobles como Pedro Osorio, Alonso de Lanzós y Diego de Lemos habían de derribar la mayor parte de los castillos feudales de Galicia barriéndolos en la procura de conseguir la desaparición del omnipotente sometimiento al que tenían sumido al pueblo.

Este movimiento es el prólogo del todavía más sangriento drama de la «Revolución popular en Galicia» acaecida en los primeros años del siglo XV. Pero eso es otra historia.

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