Chema, la grandeza de la sencillez (relato existencial)

Juan Prado Piñeyro

Cuántas veces habremos hablado de ello… Chema se declaraba agnóstico. Pero sin apasionamiento. Como si no fuera una convicción ni dejara de serlo. Yo me esforzaba en querer ver algo más allá, consciente de que nuestra existencia se muestra a través de cinco sentidos misérrimos. Le decía que si las ondas de radio, televisión, teléfono, wiffi, etc…se pudieran visualizar con nuestros ojos, estaríamos ante una red tan tupida que impedirían ver cualquier cosa. Así entendía yo que puede tratar de entenderse otra dimensión.

Le apostillaba que todo lo que hay en el universo siempre existió de una forma u otra y que nosotros procedemos de miles de millones de combinaciones de células o entes simples en una mezcolanza infinita hasta formar un Chema, o un Juan, o un ‘farrapo de gaita..’. Cada individuo es único, trátese de una cucaracha, mosquito o ser humano… Es obvio.

A tanta elucubración Chema me respondía, con su típica serenidad socarrona, plagada de humor subterráneo, y con un fino, sutil y agudo imperativo soterrado y fonéticamente modulado, apoyado con un típico gesto que solía hacer con la mano, a ritmo, que sugería una opinión que él determinaba como definitiva e incontestable: “Juan, no le des más vueltas. No hay más que lo que ves y, convéncete ….¿por qué tiene que haber algo?. Dejémoslo así, que es suficiente y además, seguir flotando por el espacio cósmico es totalmente innecesario….” Y entonces traía la cita de Adriano, que le encantaba, del poema Animula, vagula, blandula, del cual no añado los demás versos en latín, pero sí la traducción que considero más acorde con el carácter distendido de Chema, que viene a decir: “Pequeña alma, blandita, cariñosita, huésped y compañera de mi cuerpo, ¿a qué regiones te encaminarás ahora, palidita, yerta, desnudita, sin gastar bromas, como solías?”. Luego venían las risas y continuábamos con mil conversaciones que siempre parecían distintas aunque se repitieran.

Sé que estoy escribiendo estas letras bajo un estado emocional intenso. He dejado pasar unos días para evitarlo. Pero la conmoción no cesa y decidí ponerme a reflexionar sobre la vida, el recuerdo, la amistad, aunque sólo sea como terapia que me haga sobrellevar este dolor tan profundo. Tal vez cuando considere que ha sido suficiente decida entregarlo a Galicia Ártabra dónde sé que sería leído por muchísima gente que comparte mi sentimiento. Y si decido que ha quedado demasiado personal lo dejaría en mis archivos para que permanezca entre otros escritos como una fotografía que se mira retrospectivamente de vez en cuando.

Y es que Chema tenía eso que se ha impuesto en llamar carisma. Pero un carisma distinto. Si el carisma se mide por la capacidad de influir en la gente, el carisma de Chema tendría unas connotaciones propias, porque a diferencia de otros carismas que pretenden obtener acólitos a ideas o personas, el de Chema es de pura y simple entrega; su atracción se encuentra en el deseo de ofrecer, de agradar, no de recibir. Por eso colaboró con absoluto convencimiento con la “cocina económica”, sirviendo comidas a gente necesitada y llevando palabras de apoyo, siempre con una naturalidad cargada de optimismo y comprensión o, en definitiva, cargada de amor a sus semejantes. Por eso también manifestaba una sensibilidad expansiva hacia el trato con los animales.

Era muy conocida para quiénes compartimos tantos momentos de su vida esa faceta suya de llevar comida a los gatos que se encontraban por el entorno en que desarrollaba su vida. Resultaba entrañable ver como cuando regresaba a su casa se aproximaba un grupo numeroso de gatos que sabían tener exquisita comida asegurada, porque Chema dejaba una parte de su sueldo en latitas compradas en el supermercado para sus “niños”. Tal vez porque no tenía hijos entregaba esos afectos a los animales y amigos al no poder ofrecérselo a aquéllos. Claro que esto es una especulación mía. También se podía apreciar ese carisma en la relación con las personas en general.

De hecho a mí siempre me ha llamado la atención el cariño y respeto que desprendía en sus mandos. Él como militar que era, convivió a lo largo de su vida activa con muchos jefes. Y sabemos que entre los jefes hay de todo. Unos más asequibles en el trato que otros. Algunos, por las características de su personalidad infunden en sus subordinados una especie de temor reverencial. Personalmente pude constatar en algún caso del que fui testigo, cómo alguno de estos mandos se dirigía a Chema en una relación de cariño, respeto y cercanía propia de la amistad, en la que por supuesto estaba el tuteo presente como norma.

Recuerdo una anécdota con la Reina Sofía cuando fue de visita al centro de informática de la Base Naval de Las Palmas, dependencia de la cual era jefe Chema. Algo le dijo ella en alusión a su edad, que movió a Chema a utilizar el clásico “hay gente que mejora con la edad, como los buenos vinos”. Esto lo dice otra persona, por ejemplo yo, y se forma un silencio sepulcral alrededor porque flotaría en el ambiente el pensamiento de “este hombre está loco” “cómo se le ocurre decirle eso a su majestad..” Sin embargo la reina suelta una sonrisa contagiosa y se vuele hacia su marido el rey y le dice con su acento güiri…. «oye Juan, no te alejes que me están echando un “pirropo”»… Este era nuestro Chemiña.

Era una enciclopedia viviente. Tenía una memoria descomunal. Yo siempre le decía que tenía que haber estudiado derecho y haberse convertido en Notario o Registrador de la Propiedad porque habría vivido “forrado” toda su vida y dedicado a todas las actividades intelectuales y humanitarias que la llenaban. Por supuesto no le daba importancia a eso y respondía con un mohín neutral. Se sabía de memoria frases enteras de citas literarias, poemas, etc. que utilizaba constantemente en las conversaciones sin ninguna intención de presumir. Más bien para animar la charla porque siempre que lo hacía era a modo de cuña divertida. De la misma forma en plena tertulia entonaba, en versión original, o sea en italiano, una de las tantas arias de ópera que sabía de memoria. Ciertamente no era Alfredo Kraus… pero en nuestro contexto sonaba mejor…

En la librería de su despacho estaba la enciclopedia Larousse. Téngase en cuenta que estamos hablando de hace más de quince años, y en aquélla época los teléfonos móviles no servían las aplicaciones de internet que llevan ahora y no existía la posibilidad de la wikipedia. Cuando en una conversación surgía alguna duda sobre algún aspecto de la historia, literatura, filosofía, etc., cosa que era frecuente, antes de acudir a consultarla se le preguntaba a él. En la mayor parte de las veces, por no decir todas ya que yo no le recuerdo ningún fiasco, acertaba. Y de ahí sobrevino un toque simpático de vanidad, que si lo queremos
considerar así, podríamos decir que era uno de sus defectillos porque, más adelante, cuando se planteaba lo de acudir a la Larousse él se anticipaba preguntando “…a ver, qué quieres mirar que te lo digo yo…” y perdonando el término, el “jodio” siempre acertaba. Cómo sería que cuando en los años sesenta se transmitió por la televisión en blanco y negro aquel mítico programa “La unión hace la fuerza”, que consistía en responder a preguntas sobre todo tipo de cuestiones desde las matemáticas a la historia, pasando por la geografía, música y en general todas las disciplinas de humanidades, el jovencísimo Chema fue llamado por el reputado intelectual Pérez de Arévalo para formar parte del equipo que competía por la provincia de La Coruña, y que llegó a la final, que creo recordar ganó Zaragoza en un duelo muy ajustado.

Hubo una época que me dio por escribir en prensa. No sé cuántos artículos envié. Pero antes de remitirlos se los pasaba a él para que me diera su opinión. Era casi norma que tuviera en cuenta sus sugerencias. En otra época que por circunstancias personales me encontré atrapado en el universo, de la poesía, también él estaba presente con sus opiniones y críticas. Siempre digo que yo fui poeta durante tres o cuatro años. Cuando la necesidad desapareció, con ella se fue el poeta. Pero aquellos “poemas de amor y tiempo” y aquellos otros “momentos de sombras”, que se convirtieron en una selección condensada en un texto que decidí llamar “claroscuros” y que no publiqué ni se publicarán jamás, porque carecen de entidad para salir del círculo de lo privado, tienen para mí la importancia de que fueron valorados por Chema quién siempre me consideró buen poeta, y así lo decía a los amigos comunes. Naturalmente que se lo agradecía porque su opinión en el fondo consideraba obedecía al afecto que nos teníamos, pero esos poemas tuvieron su papel en la terapia que fue la causa que los hizo nacer y ahí terminaba su función.

Antes comenté que Chema, debido a su portentosa memoria, podía haberse sacado las oposiciones a notaría o registros con la gorra, como se suele decir. Lo mismo hubiera ocurrido si las oposiciones fueran las de judicatura. Y en mi opinión, aunque con una economía más limitada, porque los jueces cobran sueldo no excesivamente generoso para el trabajo que se les exige, haría mejor servicio a la sociedad por las razones que antes mencioné de amor a la gente, a los animales, etc. en definitiva, a la verdad. Hubiera sido un gran juez, por inteligencia en la interpretación y aplicación de la norma jurídica, y por su indestructible y universal sentido de la justicia. Por esa razón lo incorporé como personaje de referencia en una pieza teatral cuyo borrador anda perdido entre mis papeles, que lleva por título “los señores de los ropones” y que trata de reflejar una época en que, apoyándome en mi experiencia como abogado, hice una crítica ácida, pero creo que también justa, a la forma de actuar de determinados jueces, por supuesto dejando a salvo la calidad y rectitud de la mayoría de ellos, y que ya había iniciado con la publicación de varios artículos en prensa.

De todo lo escrito hasta aquí ya se puede apreciar que trato de contar cosas del carácter y vida de Chema sobre lo que yo sé. Y es inevitable que haga esas referencias a mí mismo. Porque mi relación de amistad era casi diaria. Cuando había conciertos en el Auditorio de Las Palmas, o en iglesias de los pueblos de la isla a las que a veces se desplazaba la orquesta para hacer llegar la música a otros lugares; cuando había una conferencia de interés; o una exposición de arte; etc. y en reuniones frecuentes con amigos en eso que en Canarias llaman “asaderos”, que se hacían con frecuencia.

Otra de las características de su forma de ser que convertían su imagen en una personalidad sustancialmente atractiva era esa sensación que transmitía de estar siempre más allá del bien y del mal. Ya le podías contar cualquier suceso o noticia que, por horroroso que fuera, parecía no inmutarse y respondía impertérrito, como quitándole importancia “…peores cosas se han visto…

Estoy oyéndole cuando un día, hace muchos años yo le comentaba con estupor una noticia que acababa de leer sobre una atrocidad creo que en Sierra Leona o Liberia. Se contaba que unos guerrilleros arrancaban en vivo la piel a tiras de un enemigo. .. Su reacción, sin levantar la vista de lo que en ese momento estaba leyendo, era la de estar escuchando algo habitual, al tiempo que mascullaba su frase …..”peores cosas se han visto”… Y es que, lejos de ser insensible a ello, es que Chema, como hombre inteligente que era, ya no se dejaba sorprender por ningún hecho humano. Se encontraba por encima del bien y del mal, como es propio de los grandes personajes.

Puede parecer que exagero pretendiendo ensalzar la memoria del amigo. No es cierto. Lo que trato de hacer ver es que nos hallamos ante una personalidad excepcional, de esas que se califican como mal aprovechadas, y que si hubieran nacido en otro contexto temporal, o geográfico, o…yo qué sé…. habría pasado a engrosar el acervo cultural entendido en su forma más genérica y que, dicho sea de paso, también el de los ferrolanos ilustres.

Yo vivo en Las palmas de Gran Canaria, lugar dónde le conocí cuando a mediados de los ochenta llegó a la ciudad para dirigir el centro de informática de la Armada en la isla. A partir de ahí surgió una gran amistad como puede apreciarse de lo escrito, que continuó al trasladarse definitivamente a Ferrol cuando llegó a la edad de retiro. Soy testigo de que aquí dejó un sinfín de amigos auténticos, de la misma manera y magnitud que los de Ferrol. Está previsto hacerle un homenaje en forma de Réquiem a primeros de marzo. Homenaje absolutamente concebido para él ya que va a ser celebrado por un sacerdote en el que a la amistad que les unía se añade una formación intelectual que hará posible, sin lugar a duda, conseguir un acto entrañable a la medida de lo que nuestro amigo se merece.

Podría continuar, pero eso sería entrar en la construcción de una novela y ya le estoy oyendo susurrar desde algún sitio….”ni se te ocurra…con esto es suficiente y además te has pasado...”

Ojalá Chema esta vez no tengas razón y las intuiciones de Adriano no se cumplan y, como se entiende en términos cristianos, participes felizmente en una dimensión de la que nadie quiere volver, porque sea tan maravillosa que, por un lado uno no pueda o no quiera abandonarla ni un instante para ocuparse de los seres queridos que permanecen en la terrenal, y por otro, porque en el fondo, con la perspectiva de estar allí, veáis que lo de aquí no es más que una insignificancia y que por muy atroz que parezca en ocasiones debido a las barbaridades que se hacen, no pasa de ser una nimiedad. ¡Qué te voy a decir a ti que siempre estuviste por encima del bien y del mal! Un fuerte abrazo, amigo.

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