Permiso de pernocta

Gabriel Elorriaga F.

Gabriel Elorriaga

Contemplamos unas sesiones de investidura que no parecen ofertas para constituir un Gobierno coherente sino la solicitud de un permiso de pernocta para seguir viviendo en la Moncloa el presidente Sánchez. El único compromiso que se creía encauzado era con Podemos, el socio preferente de anteayer, una vez negada la abstención benevolente de las derechas fragmentadas. Pero a pesar de la exclusión y renuncia del líder de la formación preferente, Pablo Iglesias, se ha visto que no existía acuerdo sellado definitivo. Era difícil adivinar porqué podría estar en el hipotético Gobierno Irene Montero en vez de Pablo Iglesias. La única exclusión era la coleta. El viejo refrán que dice que quienes duermen en el mismo colchón son de la misma condición no era válido para Pedro Sánchez en su preselección de cooperantes o coaligados. Ha resultado que la coalición no parece ser la fórmula aceptable por Sánchez con las proporciones con que la conciben los de Podemos.

Se contempla una investidura improvisada e insuficiente a la que hay que añadir separatistas y otras minorías pintorescas que tengan a bien sumarse a Sánchez como mal menor con aquellas razones negativas que sirvieron para la moción de censura. Falta un cemento para consolidar las piezas de un edificio cuya única motivación homogénea sería prolongar la permanencia en sus escaños de los actuales diputados antes que correr los riesgos de unas nuevas elecciones en las que podrían confirmarse o bien las aspiraciones de Sánchez o bien la configuración de una alternativa diferente. Lo misterioso de esta investidura es saber que pudo pasar entre aquel lejano día en que su Majestad el Rey, tras oír a los representantes de los grupos parlamentarios, cursó la propuesta de Pedro Sánchez como aspirante a la investidura y estos días decisivos en que se extiende la impresión de que la investidura podía ser fallida. Hay que suponer que la cuenta sería la misma que se supone en estos días. PP, Ciudadanos y VOX dirían no y Podemos y los demás dirían sí. Las minorías sumarían un probable complemento afirmativo para que su Majestad pudiera presuponer que habría más síes que noes, en el peor de los casos. No era un apoyo muy confortable pero no tan inseguro como lo es ahora ¿Por qué se perdió tanto tiempo? ¿Si se trataba de recoser al mismo Frankenstein que sirvió para demoler un Gobierno con una moción de censura para que tantas variaciones sobre el mismo tema?

Es posible que unos y otros, fuese a izquierda o derecha, presupusiesen unas conductas consecuentes que buscasen consolidar algún tipo de pactismo más allá de las preferencias personales para ocupar carteras. Es posible que la visión de los intereses de España por encima de las estrategias partidistas de corto plazo hubiese hecho posible otro tipo de acuerdos transversales. Pero se han acumulado tantas torpezas y deslealtades que, en estos días, no cabe confiar en que Pedro Sánchez sea un candidato útil para España ni tan siquiera útil para el futuro del PSOE como partido. Su opción se reduce a mantenerse en el Gobierno admitiendo unas cuñas en su proyecto del más rancio populismo comunista disfrazado con ministerios de segunda fila. Una especie de Gobierno bífido donde unos temas se consideran de Estado y otros no se sabe por qué no. Repudiado por la derecha solo sería posible un Gobierno de concentración de todos quienes ponen en cuestión la continuidad del Estado constitucional al que Sánchez debe acatamiento.

Los electores contemplan a un Pedro Sánchez incapaz de manejar hábilmente la maquinaria del Estado sino solo de utilizarla como un recurso para atraer los votos por temor a unas elecciones impredecibles. No ha sido capaz de sintetizar el mensaje de la mayoría de los electores que era una abrumadora mayoría del constitucionalismo democrático. Se ha limitado a buscar cooperadores en la desafección al sistema para prorrogar su permiso de pernocta en la Moncloa a toda costa. No parece que los resultados vayan a ser válidos para satisfacer su ego y mucho menos para fortalecer la continuidad histórica de la España de progreso que es el espíritu de la Transición.

Si por un milagro le salen bien sus cálculos podría seguir pernoctando en la Moncloa con un caballo de Troya instalado en sus jardines con la familia de separatistas y revisionistas en su vientre. El fin de semana sabremos si la suerte está echada o si Sánchez se atreve a jugar, pasados unos meses, el envite definitivo de su carrera de resistencia al fracaso. El sanchismo está desencantando a todos como amigo o como adversario. Su planta arrogante es a los ojos de todos, la del gigante con los pies de barro.

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