España

Pedro Sande García

Llevo un pequeño diario con todo lo que escribo. Es un cuaderno de bitácora en el que anoto el día, la hora de comienzo y de cierre, el lugar donde escribo, el tema o los
temas sobre los que escribo y en algunas ocasiones las circunstancias personales acaecidas el día anterior. Cuando comencé a componer estas letras, mi primera anotación en ese baúl de los recuerdos fue la siguiente: Voy a empezar con un artículo que me da un poco de miedo, España. No es que España me de miedo, lo que me dan miedo son algunos españoles que hablan de España. Es curioso que por unos cuantos que me dan miedo permanezca callado.

Desde hace un tiempo, creo que influido por las circunstancias en las que vivimos, he estado pensando y reflexionando y por diversas razones, que ahora les detallaré, he decidido que voy a hablar de España. En primer lugar está la posibilidad de hacerlo desde esta tribuna, me aleja de aquello que me da miedo: la algarabía, el tumulto, la bronca y la descalificación y por supuesto de aquellos que me dan miedo: los intransigentes, los embusteros y los embaucadores. Otra de las razones es la
aparición de otras voces, hasta ahora silenciosas, que han comenzado a hablar de
España y lo español desde el sosiego y la razón. Y el último motivo es la propia razón,
ese miedo del que hablo, es un miedo cercano a la desazón, un malestar producido por el comportamiento de individuos que están a ambos lados de la orilla y que cuando chocan el ruido que producen se convierte en rugidos y sonidos irritantes. No voy a acompañar su griterío pero tampoco voy a permitir que me silencien.

Se es español por una serie de motivos, unos circunstanciales, como por ejemplo
haber nacido en España y otros por decisión propia, como por ejemplo solicitar la
nacionalidad española. En ambos casos no existe ninguna obligación de seguir siéndolo, pudiendo renunciar a dicha nacionalidad en cualquier momento. Pero hay otra forma de ser español, importante, quizás la más importante «sentirse español». Es esta la que realmente me importa. Esa es la que está siendo manipulada y apropiada por unos cuantos, no ocurre solo con lo español, es algo común con todos los sentimientos nacionalistas. Creo que es totalmente legítimo y respetable no sentirse español, yo que me siento ferrolano, gallego y español y no me siento vasco, catalán de Cuenca o Bruselense, y no tiene nada de extraño. Mis sentimientos también son legítimos y respetables. Es verdad que no he nacido en ninguno de los sitios que acabo de citar pero el sentimiento no solo es exclusivo por razón de nacimiento.

Había pensado escribir sobre los que hablan mal de España, entiéndanme que me
refiero a los que hablan mal continuamente, sin descanso, los que no son capaces de
decir nada positivo. Pero me he dado cuenta de que en realidad de los que quiero hablar es de los que no les gusta España, entre estos están los que hablan mal pero también hay muchos que hablan bien pero solo lo hacen cuando las cosas son exactamente como ellos quieren o como a ellos les gusta. Es algo histórico y original de España, Bismarck lo percibió muy bien cuando dijo: «España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido».

Entre estos españoles, a los que no les gusta España, los hay de varios tipos. Por un lado están los que se sienten patriotas de otras naciones, son individuos que para defender lo que sienten por su patria solo lo saben hacer mostrando a España como el origen de todos sus males. Es lo que ocurre con los nacionalistas, siempre acaban convirtiéndose en idolatras para los cuales la patria y la bandera están por encima de las personas. En España estos nacionalistas los hay en la periferia y en el centro, todos ellos enarbolan su bandera como símbolo de enfrentamiento y de adoración a sus naciones. Y tanto unos como otros utilizan a España como medio de enfrentamiento, unos adorándola y otros ofendiéndola. Los nacionalistas, los de todas las orillas, tienen muchas cosas en común pero hay una que utilizan de manera miserable y es cuando culpabilizan a las personas de fuera de sus territorios de todos sus males. Ocurre cuando dicen «las listas de espera en Cataluña tienen un sobrecoste causado por las personas de fuera» o « los inmigrantes llegan para robar y agredir a los españoles». El nacionalismo no es algo característico de España, se ha repetido a lo largo de la historia de Europa y ha dejado un rastro de terror y desolación. No hay nacionalismo moderado, puede serlo en momentos determinados de la historia pero solo es una táctica temporal.

Vivimos una época de resurgimiento de un fenómeno que aparece por la derecha y por la izquierda, está ocurriendo por todo el continente Europeo, el nacionalismo aspira regresar a épocas de aislamiento y convertir a Europa en un territorio de tribus. No pretendo ser exclusivamente «un ciudadano del mundo», tampoco quiero olvidar mis orígenes y mis sentimientos, la realidad es que además de ser un ciudadano del mundo lo soy de un lugar y de un país y no quiero que ninguno de los dos se convierta en una isla rodeada de murallas con patriotas enarbolando las banderas al viento.

La palabra supremacista no viene recogida en el diccionario de la RAE, el concepto
supremacismo está muy vinculado a la historia estadounidense y a las corrientes
ultraderechistas relacionadas con ideologías racistas que abogan por la dominación del hombre blanco occidental sobre otras razas. En algunos diccionarios, como el inglés, se define el termino supremacista como «alguien que cree que un grupo de personas debe liderar o tener el control sobre otro tipos de grupos de personas porque piensan que son mejores». Esta definición es aplicable a los patriotas e idolatras, quizás la RAE debería adoptar el término «patrioidólatras», como claro exponente del supremacismo racial e ideológico de los nacionalistas. .

Hay otro grupo de españoles, de los que no les gusta España, que suelen utilizar
frases como: «El estado español borbónico» o «El reino de España» en tono despectivo. No sé si el problema es que son monárquicos ‘’no borbónicos’’, esto lo dudo, o simplemente no monárquicos. Parece que nuestro gran problema es el dilema monarquía-república. Miren ustedes, yo creo que la monarquía es un sistema ancestral donde la sucesión dinástica es un absurdo alejada de los más elementales principios democráticos.
A partir de ahí alguien me puede decir ¿Qué otra diferencia hay entre monarquía y
república? O es que en términos de justicia social y libertades hay alguna diferencia entre países como Francia, Alemania, Italia, Noruega, Dinamarca y Reino Unido. Tampoco veo las diferencias entre republicas como China y Corea del norte y monarquías como Suazilandia o Arabia Saudí. Seguramente es la razón por lo que no soy monárquico, pero tampoco republicano. Estoy mucho más interesado y preocupado por los problemas de justicia social y por la defensa de la libertad. Hay mecanismos para cambiar el modelo de jefatura de estado, pero que nadie piense que eso va a resolver nuestros problemas de justicia social o que con ellos se va a mejorar la calidad democrática. Me da la impresión que en el caso de que España fuese una república oiríamos expresiones como «El estado español republicano» en el mismo tono despectivo que cuando la jefatura del estado la tiene un Rey.

Podría seguir describiendo ejemplos de los que solo hablan de España de manera
despectiva, o de aquellos que ven una España triunfal como el último reducto de
occidente. A ambos solo les gusta hablar bien de España cuando todo ocurre como a
ellos les gusta, en caso de discrepancia aflora su nula capacidad de respeto.

No soy una persona que esté todos los días pensando en España, tampoco soy un
ciudadano que enarbole todos los días su españolidad, ni con palabras ni con símbolos. Soy una persona que se siente español al igual que gallego y ferrolano, soy feliz por serlo y por sentirlo. Cuando miro a España, unos días me siento orgulloso de ella y otros días repudio algunas cosas que ocurren o han ocurrido en mi país. Seguiré alabando lo que me gusta y criticando lo que me desagrada pese al griterío de los idolatras y los exaltados. Respeto los símbolos pero nunca los enarbolaré como elemento de diferenciación y mucho menos como arma de enfrentamiento.

A los que no les gusta España han sido capaces de silenciar a un grupo de españoles, me gustaría que fuese mayoritario. Es un grupo al que quizás les haga falta una dosis de autoestima sobre su país y sacar del silencio sus voces, sin estridencias, de manera sosegada. En caso de no hacerlo corremos el peligro de dejar el destino a los idolatras, a los salvapatrias y a los que se avergüenzan de su país, y todos ellos nos llevarán de nuevo al abismo.

Para terminar permítanme que me dirija a todos aquellos que no están de acuerdo
con lo que acabo de escribir. La divergencia es algo que nos enriquece, por el contrario la uniformidad siempre es sospechosa. Me gusta dialogar con las personas con las discrepo, contrastar ideas y puntos de vista. A los que gritan y aporrean el lenguaje, esté de acuerdo o no con ellos, dado que no me enriquecen, evitó el dialogo con ellos. Siempre tendré una tribuna que me permita huir del silencio.

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2 comentarios

  1. Enorme Perico. Enorme comentario y muy, pero que muy, atinado.