Los narcisistas no pueden cambiar, tú sí

Juan Julio Alfaya

Hace una semana recibí este mensaje: «¿Los narcisistas son felices? ¿O sólo son felices haciendo daño?». Esta fue mi respuesta: «Ninguna patología conduce a la felicidad
verdadera. Los narcisistas pueden alcanzar una felicidad aparente o ficticia, pero la felicidad verdadera no tiene nada que ver con las apariencias, es algo mucho más profundo. Las personas verdaderamente felices son humildes, no hacen alarde de sus talentos, no le hacen daño a nadie ni se hacen daño a sí mismas». Una tercera persona intervino en la conversación y dijo:»Yo conozco una persona que el psiquiatra dice que es narciso-paranoide y, la verdad, es que yo lo vi muchas veces disfrutar viendo a otros sufrir».

Lo primero es aprender a discernir. Un narcisista disfruta viendo sufrir a sus víctimas,
pero eso no significa que sea feliz. Claire-Lucie Cziffra, psicoanalista, dice que el
narcisista intenta «destruir en los demás lo que él mismo no puede obtener: felicidad,
deseo y placer». Rizando el rizo, podríamos decir que «la falsa felicidad» del narcisista
consiste en hacer infelices a quienes le rodean. Y entrecomillo «falsa felicidad» porque la felicidad no es cualquier cosa. La felicidad no es tener el mejor coche, la mujer más hermosa, una cuenta bancaria de nueve cifras, ganar un Premio Nobel, ser nombrado persona del año por la revista Time y mucho menos regocijarse con el sufrimiento de otros.

La sociedad narcisista

Puesto que vivimos en una sociedad cada vez más narcisista, los narcisistas
convencionales, e incluso los perversos narcisistas, suelen pasar desapercibidos. Según las investigaciones realizadas por la psicóloga Jean Twenge con miles de estudiantes estadounidenses, los comportamientos narcisistas han crecido «al mismo ritmo que la obesidad desde 1980″. Pero el que pasen desapercibidos no quiere decir que no nos hagan daño. También los microbios y los virus pasan desapercibidos y, sin embargo, pueden acabar con nuestros cuerpos en un nicho o con nuestras cenizas en un columbario. Por lo tanto, lo que nos interesa aquí es aprender a identificar a ese
narcisista que vive como pez en el agua en una sociedad con la que comparte
necesidades y falsos valores.

Programas de televisión como Gran Hermano, que lleva ya 18 ediciones, o la
globalización de Internet, han convertido lo que antes era un problema de algunos
individuos en lo que algunos expertos llaman»epidemia narcisista«. Un personaje tan
narcisista como Donald Trump ha llegado a presidente de la nación más poderosa del planeta y no se corta ni un pelo al afirmar: «Enséñame a alguien que no tenga ego y te enseñaré a un pringado». En pleno desplome de las Torres Gemelas el 11-S, que causó
la muerte de 3.016 personas, la desaparición de veinticuatro y más de seis mil heridos, fue capaz de declarar: «Ahora mi edificio es el más alto [de Manhattan]».

¿Cómo es el narcisista convencional?

Por narcisista convencional me refiero al más abundante en la sociedad, el que todos
vemos en la TV, en Facebook, YouTube o Instagram, el influencer que se ha hecho
famoso a través de Internet, pero que no ofrece más peligro que el de idiotizar cada vez más a una sociedad alérgica a que las personas sean autónomas y piensen por sí
mismas.

El narcisista, hombre o mujer, suele ocultarse tras una fachada de persona simpática,
afable, sonriente, agradable y atractiva. Pero su imagen pública nada tiene que ver con
el verdadero tirano que puede llegar a ser en privado. Los narcisistas están enamorados de sí mismos, como el personaje de la mitología griega. Se creen superiores. Les gusta mostrarse como geniales, súper inteligentes, mejores que los demás, campeones, triunfadores, inmunizados contra la mediocridad y el fracaso. No sólo no ven nada malo en ser narcisistas, sino que están orgullosos de serlo.

El test más sencillo para reconocer a un narcisista es preguntarle «¿es usted narcisista?», a lo que el narcisista responderá con un «sí» que no deja lugar a dudas de lo orgulloso que se siente de serlo.

En realidad el narcisista no tiene nada de genial ni de superior a los demás. Por el
contrario, es egoísta, prepotente, vanidoso, necesitado de aplauso y aprobación porque, en el fondo, es una persona insegura, sin solidez, sin valores profundos, carente de empatía e incapaz de ver en los otros nada más que objetos con los que alimentar su ego monstruoso y deforme.

El perverso narcisista

El perverso narcisista es la variante más dañina y patológica del narcisismo. Incapaz de considerar a los demás como seres humanos, sus relaciones sociales están basadas en la utilidad y el egoísmo, nunca en la empatía y menos en la gratuidad ni la generosidad. El perverso niega a sus víctimas la oportunidad de ser oídas, pues no las valora como personas, sino como objetos a su servicio. Puede empezar siendo un amante sumamente atractivo, atento y cariñoso para acabar explotando sin piedad a su pareja o incluso asesinándola.

El narcisismo perverso tiene una estrecha relación con la psicopatía y no son pocos los
casos de asesinos en serie y asesinos múltiples (ojo, no son lo mismo) que esconden un
profundo trastorno narcisista. Ambas formas de asesinato, tan mediáticas, los convierten en súper héroes capaces de ocupar las primeras planas de los periódicos y los telediarios.
El perverso narcisista no suele utilizar la mentira abierta. Prefiere las insinuaciones
maliciosas y los silencios intencionados capaces de generar malentendidos y confusión.
Lo normal es que utilicen la seducción antes de dar el paso a la violencia. El período de
seducción puede durar años antes de que emerja el monstruo que se oculta tras la
máscara seductora. El perverso domina el arte de fascinar sin ser descubierto, de modo que es capaz de engañar a las personas más observadoras e inteligentes.

¿Qué hacer si se te ha colado una persona narcisista en tu vida?

Lo peor que puedes hacer es creerte lo de «a lo mejor, mi amor lo hará cambiar». Los
narcisistas no quieren ni pueden cambiar. Enamorados de sí mismos y encantados de
conocerse, no tienen el menor interés en cambiar a no ser que su narcisismo les lleve al fracaso y a la ruina, como le pasó al Padre Apeles cuando se le apagó la luz de la fama, intentó suicidarse y cayó en la farmacodependencia y en el alcohol. Ahora se está preparando para ser sacerdote de verdad con los dominicos de Colonia (Alemania).

Si tratas de cambiar a un narcisista lo único que lograrás es prolongar el abuso que él
está haciendo de ti y siguiendo su juego. Él (o ella) intentará utilizar tu esperanza
ingenua para que permanezcas a su lado y seguir explotándote.

En definitiva, no olvidemos la idea fundamental: «los narcisistas no pueden cambiar, nosotros sí». En primer lugar, tendremos que aceptar que estamos siendo engañados y manipulados y después aprender a actuar en consecuencia. Podemos aprender estrategias para no caer en sus garras o blindarnos ante sus descalificaciones en el caso de que el narcisista sea nuestro jefe. O cambiar de trabajo. Podemos plantearnos una separación inteligente si se trata de nuestra pareja. Podemos y debemos denunciarlo si hay maltrato físico o psicológico. Todo menos caer en la trampa de pensar  «a lo mejor, mi amor lo hará cambiar».

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