La Armada trajo cola en El Musel

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(La Nueva España–Pablo Palomo- y redacción GA)-En Gijón, la «Reina Sofía» y el BAC «Cantabria» consiguieron encender el interés entre las decenas de visitantes. Ambos buques permanecen este sábado y domingo después de haber participado en los ejercicios MAR-31. Desde bien temprano de este sábado, día 18, los interesados -la apertura de puertas tuvo lugar a las nueve la mañana- hicieron cola para subir a bordo. Una de las primeras fue la gijonesa Teresa Blanco. «Los esperaba más pequeños. Son barcos descomunales. Tiene mucho mérito ser militar. Es una profesión que está mal vista y creo que es injusto», concluyó.

También gustó a los más pequeños. Muchas familias acudieron juntas a ver los buques. Fue el caso de Guillermo Paino, Maribel Abad y sus hijos Daniel y Sergio. «Sería interesante ser militar de mayor», aventuró Sergio, el mayor de los dos hermanos. «Lo que más nos llamó la atención fue que durante la visita, los misiles no estaban cargados», convino la madre. «Es espectacular. Está muy guapo y es muy interesante», reconoció el padre de familia.

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El «Cantabria» hizo las delicias de los curiosos ciudadanos que se acercaron a El Musel a conocer de primera mano uno de los buques más relevantes de la Armada. Mientras que la «Reina Sofía» pertenece a la 41 Escuadrilla de superficie, el BAC forma parte de la 31 Escuadrilla de Escoltas con base en Ferrol. Si la fragata impresiona por su tamaño, el «Cantabria», más. Es cuatro veces mayor.

A la visita de ambas embarcaciones acudieron numerosas autoridades de la ciudad y del Principado. Estuvieron Delia Losa, delegada del Gobierno; Juan Cofiño, vicepresidente del Gobierno regional y consejero de Infraestructuras; Celia Fernández, vicepresidenta de la Junta; Santos Tejón, concejal de Promoción Económica en el Ayuntamiento de Gijón; Carlos Orueta, Comandante Naval de Gijón; Paloma Gázquez, diputada nacional del PP; Alberto López-Asenjo, portavoz municipal del PP; y Félix Baragaño, presidente de la Cámara, entre otros.

El Comandante del buque «Cantabria» es Juan Pablo Díaz-Pache Mackinlay. Ofreció a los asistentes una amena charla sobre las características técnicas y las labores que realiza el barco que regenta. Tanto, que intercaló imágenes de su sobrino nieto durante la presentación con diapositivas que realizó. Un detalle que los asistentes celebraron con sonrisas y aplausos al final de conferencia.

«Nuestra labor es fundamentalmente de apoyo logístico a una fuerza naval», comentó. «Hacemos labores humanitarias, llevamos combustible, munición, electricidad y nos encargamos de las basuras del resto de barcos. Cuando un navío está varios meses en alta mar se producen muchos residuos», explicó. «Para nosotros, es una satisfacción. Solo pensamos en lo que podemos hacer por los demás», concretó.

Díaz-Pache Mackinlay disertó sobre el orgullo que le produce a él y a su tripulación salvar una vida. «Es un barco fundamental para el resto de buques. Su función es preservar la vida humana», ensalzó. «De todas las personas que hemos rescatado y que han subido a bordo, ninguna ha fallecido», mencionó. «Tenemos hasta un gabinete odontológico. Un dolor de muelas en alta mar y plena misión puede dejar en fuera de juego a cualquiera», remató el jefe de la embarcación, quien dedicó un amplio espacio a dar detalles del músculo del «Cantabria».

«Este es uno de los barcos más modernos del mundo. Somos capaces de bombear un millón de litros de combustible en hora y media», aseveró sobre el buque de Aprovisionamiento de Combate que fue entregado a la Armada en 2010 tras ser construido en el astillero de Puerto Real en Cádiz.

Fot. Ángel González

El «Cantabria» emocionó a los que lo visitaron. Dos de ellos fueron Victorino García y Juanjo Rodríguez. El primero acudió desde Llanera. «Nos lo han dejado ver todo, ha sido gratificante», dijo. El segundo, residente en Oviedo, aunque de padre de Luarca, es un experto en materia naval. «El ‘Cantabria’ es la columna vertebral de la Armada. Sin él, y eso que he llegado a ver portaaviones, no funcionaría», glosó.

Los dos barcos generaron mucha expectación en el espigón número dos de El Musel. Tanto, que fue necesario dividir por grupos las visitas. Algunos fueron realmente numerosos. Algo de lo que se quejó tibiamente Yarima González, una visitante de Vegadeo, aunque procedente de Oviedo. «La guía, al haber tanta gente a bordo, se hace algo corta. Pero ver un barco así no pasa todos los días. Deberían venir más», dijo.

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