Tiempo de amor y de esperanza

Juan Ángel Sanz Aneiros

En este tiempo que parece triste, bueno que es triste por todas esas personas que han caído en la lucha, que desgraciadamente, ya no estarán más entre nosotros, en que parece que el mundo se nos desmorona, en el que creemos que los valores ya no valen, en el que tantas y tantas cosas se trastocan hay un rayo de esperanza, de ilusión, de vuelta a lo verdaderamente importante que espero continúe aún después de que todo esto termine.

Porque a pesar de todo, en estos momentos está apareciendo lo mejor de muchos ya no sólo la fuerza de todos esos profesionales al pie del cañón, cuidando en diversos aspectos de la ciudadanía, esos héroes de lo cotidiano, que no llevan capa ni de los que sabemos sus nombres como conocemos el de otros, que hasta hace dos días poblaban los medios o las muestras de solidaridad que se multiplican día a día, ya provengan de los grandes gigantes, o de esos personajes anónimos del pueblo llano sino esos gestos más pequeños, que antes por las prisas del día a día se nos escapaban, al poner en la pirámide de nuestras prioridades cosas como el dinero, o el éxito: un mensaje o una llamada a un amigo, del que no sabemos porque nos estábamos distanciando, el atender más a tu pareja y a tus hijos, el alegrarte cuando ves que tu vecino sigue en pie, el disfrutar del trinar de los pájaros o de un árbol en flor, el valor de una sonrisa o de un aplauso esas pequeñas cosas de la vida, en las que muchas veces no te fijas, o
no las valoras, porque están ahí y se solapan por otras muchas que creemos importantes y que en momentos como este pasan a segundo plano.

De nada sirven riquezas, fama, presencia, postureo, si al final estamos huecos. Dios, la vida lo que ustedes crean, me da igual, a veces nos pone en nuestro lugar y nos da pequeñas grandes lecciones, aprovechemos esta, saquemos la enseñanza de estos momentos, no nos quedemos en lo anecdótico, no señalemos al vecino si lo vemos por la calle desde nuestra ventana, no nos enconemos en batallas políticas contra esa persona con la que lidiamos día a día, y recordemos darnos más los buenos días, descolgar un teléfono, preguntar a ese conocido ¿cómo te encuentras?, sonreírle a la cajera del supermercado, o al tendero de la esquina, dar las gracias que por el momento no cuesta, y quizás sólo digo quizás nos demos cuenta de que un mundo mejor es posible.

Y si lo lográsemos, este tiempo no habría sido en balde, y paradójicamente, en una época de oscuridad, habría salido una de las flores más hermosas que puede poblar nuestra vida el amor y la esperanza.

Mucha fuerza y quedaros en casa.

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