Contra el virus, la veleta.

Juan Cardona-( juan@juancardona.es)
Con la aguja de marear descompensada, intento no perder el rumbo en un constante «día de la marmota». Una pequeña variación intenta que diferencie un día de otro: la hora en que el político de turno intenta convencernos, desde una atalaya subvencionada, de lo bien que lo están haciendo. Intentan explicar que la cosa no está tan mal, que si la curva se aplana o si ha llegado al pico. Un dicho popular vuelve a tomar actualidad: «Vale más mierda bien presentada que ciencia esparramada» pero que hoy en día se transforma en «Vale más la mentira reiterada que la verdad desgarrada».

El gobierno no es culpable de nada, su actuación es inmaculada, siempre está a lo
que digan un fantasmagórico comité de expertos al que sin duda le falta el calificativo; su máxima: «Es de sabios cambiar de opinión» y así el presidente del gobierno lo aplica con rigor. De esta manera tan sencilla él nunca será culpable por la ignorancia que preside el comité. Seguramente el desconocimiento del comportamiento del virus les ha cogido sin tener la lección aprendida y les faltaron reflejos para copiar en el examen del compañero de fatigas, nuestra querida Italia. Aunque se les perdone el desconocimiento sanitario inicial, no tiene perdón la nula operatividad del escuálido Ministerio de Sanidad, donde el departamento de Logística ausente y su Departamento de Compras, que no pasa de tener un par de viejos contactos que no alcanzan la categoría de intermediarios mafiosos.

La fatuidad y la inmodestia de un presidente hace que esta situación no mejore con los
consejos de los expertos y confíe gran parte de la navegación a un hombre que su
currículo le señala como «ideal» para estos apaños, por lo menos le sacará partido a su título universitario de licenciado en Filosofía. Su nombre parece ser la señal para llevarnos a puerto seguro: Salvador; aunque sus apellidos «Illa y Roca» no le acompañen en tal menester y le hagan parecer un moderno Crusoe. Entre don Salvador y don Fernando (el que no “desaconsejaría” a sus hijos el acudir a la manifestación del 8 de marzo) intentan estar a la altura de la mayoría de los presentadores de los telediarios que dan las cifras de fallecidos, infectados, altas y bajas como si fuese una competición deportiva, incluso con clasificación entre países. Todo esto podría tener un «pase» cómico si no fuese por lo aterrador de la tragedia de miles de muertos, del dolor y duelo de las familias, y la falta absoluta de medios de protección que castigan a todos los profesionales que luchan contra la pandemia.

No hay que desesperar por un confinamiento prolongado. Podemos acogernos al
manto protector del vicepresidente Pablo Iglesias, que al menos admite su «suerte» de
tener casa con jardín frente a las familias que viven en pisos más pequeños. Estaba
convencido que lo que él llama suerte era La Caja de Ingenieros que le concedió un
préstamo de medio millón a una pareja que no tiene empleo fijo. Especialista en introducir pequeñas cuñas rompedoras al sistema, con el objetivo final del cambio en la forma política del Estado, no deja oportunidad de introducirlas en los Decretos que regulan el Estado de Alarma.

Dedíquense, señores y señoras políticos y políticas a trabajar y a rodearse de «expertos» de valía reconocida a los que no les tiemble el pulso en mantener sus conclusiones, aunque les cueste el puesto. Por otra parte, céntrense en los problemas
actuales y abandonen sectarismos ideológicos que recuerdan al presidente Hugo Chávez: ¡Exprópiese! Y no vuelvan a aprobar un Real Decreto en el que un ministro «podrá practicar requisas temporales de todo tipo de bienes e imponer prestaciones personales obligatorias» (Real Decreto 463/2020). ¿Garantías?

Esperemos que entre todos pronto venzamos al COVID-19, recuperemos la actividad con las menores secuelas posibles, preparándonos para atajarla con prontitud y
que no nos vuelva a coger mirando para otro lado. Expertos economistas haberlos, haylos, pero condición sine qua non: que no dependan, directa o indirectamente de un partido político. Un programa económico a corto y medio plazo se puede realizar sin mucha dificultad. Dejemos en su sitio y momento los «Pactos de la Moncloa 2» para mejor ocasión. ¡Animo a todos!

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Un comentario

  1. Benito Lavandeira

    Hola Juan, excelente articulo, enhorabuena, deseando encontrarnos un día, mira que hace tiempo que no nos vemos
    Un abrazo