¡No hay que consentirlo!

José Manuel Otero Lastres

Creo que no existe otra formación política, como el comunismo, que más se haya disfrazado a través de la historia para conquistar el poder. La misma doctrina marxista ha sido “envasada” y “envuelta”, una y otra vez, en distintos embalajes para ver si con un nuevo pack engañaban a la ciudadanía y conseguían que el pueblo la comparara. Desde comunistas, leninistas, troskistas, maoístas, eurocomunistas, izquierda unida, bloque nacionalista gallego, Herri Batasuna, EH Bildu, etc., el comunismo es el ejemplo más típico del llamado gatopardismo o Lampedusismo: cambiar el nombre de algo para que no cambie nada.

La última versión de la “hidra” comunista es Podemos y las mareas de los mil nombres. Sus dirigentes iniciales fueron un grupo de profesores universitarios de nivel intermedio, que nunca pensaron que su actividad política pasaría del estrecho ámbito de esta institución, pero que supieron adueñarse del dolor real de una parte del pueblo que sufría de verdad los efectos de la crisis de finales de la primera década de este siglo y lo expresaba acampado en la Puerta del Sol.

Con la treta indecente de hacerse pasar por unos de ellos, se pusieron al frente de este movimiento del dolor y canalizaron políticamente la protesta hasta acceder al parlamento, no tanto para representar los intereses del pueblo sufridor, sino los suyos personales. Por eso, gracias a las benditas videotecas podemos ver hoy el descaro con el que sus líderes decían, antes de llegar al poder, que era indigno ganar dos veces más que el salario mínimo, que vivirían siempre en los barrios en los que habitaban porque les gustaba mirar a los ojos de su panadero o de su quiosquero de siempre, o que la mujer tenía que ocupar sus puestos por sus propios méritos y no por quien fuera su marido o su pareja, por poner solo algunos ejemplos de sus múltiples engaños y contradicciones.

Y, por si todo lo anterior no fuera suficiente, se pusieron, como “casta impoluta”, al frente de los que luchaban contra la corrupción política de otros partidos, cuando ellos se financiaron a través de regímenes tan democráticos, como la Venezuela de Chaves y Maduro, la Bolivia del narco-dictador Evo Morales, o Irán. Y todo con el objetivo de hacer progresar el comunismo como agente destructor de nuestra convivencia democrática.

Pues bien, hoy esos que acaban de perder toda representación en el Parlamento de Galicia, que han visto reducidos a la mitad el número de sus escaños en el Parlamento Vasco, y que van perdiendo paulatinamente, pero de forma imparable, representatividad en nuestras instituciones democráticas, están intentando por la vía de hecho socavar los cimientos de nuestro gran edificio Constitucional. Han empezado por el Rey Juan Carlos y no se detendrán hasta que llegue su ansiada república popular socialista. Y harán lo que haga falta, desde la Ley o fuera de ella.

Siento, por eso, que ha llegado el momento de decir “basta ya” y de negarles la representatividad democrática suficiente para que pueden conseguir con sus tácticas comunistas socavar lo que tanto nos costó conseguir, como fue nuestra Constitución y con ella nuestras libertades democráticas.

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