Cuestión de relato europeo

Aroa Fandiño Serrano

Leyendo la interesantísima reflexión de María Andrés Marín que refleja en el artículo titulado “Europa, cuestión de relato”, me han surgido las siguientes reflexiones a modo de pregunta. ¿De verdad que ya no nos sirve el relato europeo? ¿La paz ya no es un elemento a tener en cuenta para las nuevas generaciones de europe@s? Como miembro joven de este continente, no creo que para la juventud, la paz ya no sea un elemento para sentirse adherido al proyecto de integración europea. No, para la juventud que se manifiesta contra las acciones autoritarias de diferentes gobiernos, ante actos de violencia contra las mujeres o actos de violencia racista, homofóbica y transfóbica que ocurren tanto en nuestra Europa como en el resto del mundo…

No creo que esta juventud entienda que la búsqueda para preservar la paz o la democracia ya esté caduca…
Tampoco creo que entendamos la integración como algo ya finito u obsoleto. No, cuando vemos que amigos de nuestra generación se ven obligados a emigrar al continente desde el Reino Unido en búsqueda de una nueva identidad (pasaporte) que les permita tener una vida como puedo tener yo como española-europea. Tampoco, cuando vemos pasar sus años de juventud a aquellos que viven en Europa pero fuera de los límites de la UE: cuán difícil es su vida entre permisos, visados, falta de
muchas cosas de las que nosotros gozamos por estar dentro de los límites fronterizos de la UE.

No creo que seamos ajenos a la integración aquellos que hacemos nuestra vida fuera de los límites de nuestro estado-nación y menos en tiempos de pandemia mundial…

Por otro lado, ¿no hay sentimiento de identidad común europea? ¿No lo hay cuando nos indignamos por estar desamparados por no tener una estrategia clara y con competencia a nivel europeo para combatir la pandemia? ¿No lo hay cuando no entendemos que unos países europeos se pisen a otros en la búsqueda de materiales sanitarios anti-COVID19? ¿No lo hay cuando exigimos fondos europeos para la recuperación económica?

Entonces, ¿cuándo aparecerá ese santificado “sentimiento de identidad común europea”? ¿Por qué nos creemos que el “sentimiento de identidad común europea” debería ya estar consolidado? ¿Lo está el “sentimiento de identidad común español”? Y no sólo el español, si miramos la geografía europea, ¿acaso no vemos sentimientos de identidad nacionales en conflicto o sin consolidar? Si a la estructura estado-nación que lleva siglos dominando nuestras relaciones políticas no se lo pedimos, ¿por qué sí le pedimos tanto a la estructura política supranacional europea? ¿Por qué? Si este tipo de estructura supranacional es la primera vez que se aplica en el mundo.

Creo que hay un relato europeo, un “relato coherente que aglutine los valores, objetivos y aspiraciones comunes de los casi 450 millones de europeos”, que se superpone a 27 relatos distintos cuando una persona que vive en Ferrol o una persona que vive en la otra punta de los límites de la UE miran a Bruselas (capital de esta estructura política supranacional europea) esperando/pidiendo/exigiendo soluciones. Puede que esta persona mire a Madrid, pero también sube su expectativa y mira más arriba y en ese “también” está la esperanza para Europa: su identidad, su paz, su democracia, su integración… su futuro. En ese “también” está el relato. No hay que buscar un mesías, al mesías europeo lo construimos en esa esperanza del “también”. Ese “también” lo construimos todos los días los casi 450 millones de europeos.

María Andrés Marín señala que hay que abrazar el “sabernos europeos a sentirnos europeos”. Yo creo que en ese “también” ya nos estamos sintiendo europeos.
En definitiva, coincido completamente con la conclusión de esta autora “el relato europeo es cosa de todos”.

Artículo mencionado: “Europa, cuestión de relato”. María Andrés Marín. Boletín de la Academia de Yuste nº 07, 2020. ISSN 2695-7027.

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