Sabores ártabros-El Camino Inglés

José Perales Garat

Si de algo soy consciente es de mi absoluta incapacidad de trasladar sabores a mis escritos, y por eso a lo único que aspiro es a evocarlos y ayudaros a recordarlos a los que ya los conozcáis. Permitidme uno de mis muy habituales rodeos, en esta ocasión hasta la patria chica de mi abuela paterna: Teruel, que no sólo existe sino que está riquísimo como concepto (hasta nuestra Avenida de Esteiro tiene un local dedicado a
sus embutidos). La cosa, digo, es que los turolenses, conscientes de ese tesoro que no ocultan a nadie, tienen varias plataformas y negocios que se dedican a la venta de sus aceites, jamones, embutidos, trufas, derivados del pato, melocotones, tomates, pastas, quesos y demás delicias, y les va fenomenal. A nosotros nos podría ir igual de bien o, tal vez, incluso mejor.

Tal vez la gastronomía, como ya os he expresado anteriormente, es uno de los principales tractores económicos que se puede asentar en áreas despobladas, y aunque me ponga triste cada vez que lo pienso, nuestro Ferrol y gran parte de la comarca a la que damos nombre es una de ellas, y tal vez no es tan grave por lo que os voy a esbozar brevemente.

Decían Plinio el Viejo, Estragón, Ptolomeo o cualquier otro -porque ya no me acuerdo quién fue- que en el Portus Magnus Artabrorum se pescaban los mejores lenguados del Imperio, cosa que yo no puedo confirmar porque no he tenido el placer de probarlos todos los lenguados del imperio, pero sí me imagino que algo tendrán de especial, dado el precio que alcanzan en el Mercado. En ese mismo Golfo Ártabro,
donde se ubican varias cofradías de pescadores, está una de las mejores zonas de producción marisquera de España, por lo que puedo afirmar que sin salir de las Rías de Ferrol, Ares-Betanzos y Coruña puedes echarte al gaznate desde berberechos, almejas o mejillones hasta pescados de una calidad difícilmente superable, pasando por zamburiñas, navajas, vieiras, volandeiras, santiaguiños, nécoras, centollos,
percebes, erizos, ostras y nuestros extraordinarios cefalópodos, con el rey pulpo a la cabeza pero sin olvidar nuestro choco o nuestros insuperables chipirones.

Y todavía acabamos de atracar en Curuxeiras… bueno, algunos lo harán, esto hay que reconocerlo, en La Coruña: Estoy hablando, como no, del Camino Inglés.
Empecemos a caminar, con una concha de vieira como testigo muda del opíparo banquete que hemos degustado, ya saciados tras degustar unas cervezas ferrolanas, probar unos milhojas, una palmera de chocolate o unos picaderos, debatir acerca de si son mejores los cruasanes del París, los del Stollen o los del Horno de San Amaro, del que no sabemos si hace el pan tan bueno como el del Horno de Joane, del que a su vez no sabemos si es mejor que el de Neda.

Es posible que nos llevemos en el recuerdo una discusión acerca de si son mejores las tortillas del Zahara o del Ankha, debate que volverá a surgir cuando lleguemos a Betanzos.

En Narón podemos disfrutar de esa extraordinaria huerta de la Cooperativa del Val, en la que yo destaco sus excelentes pimientos del Couto, y de todo lo que nos ofrece su bien llevada zona rural. Pasaremos a Neda y reabriremos el debate acerca de esas empanadas y ese pan que llevan siglos deleitando a propios y extraños.

En Fene nos detenemos a comprar esos licores de Meigas Fora, y seguramente podamos reflexionar acerca de por qué sin salir de la Ría de Ferrol podemos encontrarnos tantos panes, empanadas, bollas, bicas o bizcochadas tan sumamente suculentas, para inmediatamente llegar a Cabañas y empezar a disfrutar de esos quesos y mieles del Eume que adornan a esa gran comarca, y acabaremos la etapa en Puentedeume disfrutando de la excelente gastronomía de la villa (gracias a la magnífica Formación Profesional impartida en el I.E.S. Fragas do Eume), que tantos buenos cocineros está proporcionando a la comarca. Allí vamos a probar todo la anterior combinado, para rematar con una casi desconocida proia o cualquier otro de sus deliciosos postres. Recomiendo parar a dormir y hacer la digestión tras un paseo por sus hermosas calles.

Empezaremos el día siguiente llegando a Miño, donde tomaremos sus impresionantes tomates corazón, para seguir hasta Paderne con sus tés y los primeros viñedos de la I.G.P. Tierras de Betanzos, y cuando lleguemos a la ciudad de los caballeros, uniremos todo en una experiencia casi mágica en la que la tortilla betanceira será el centro de todo, con ese desbordante huevo que nos complacerá tanto a los de aquí como
sorprenderá a los de fuera.

Al día siguiente (hay que reposar tanta y tan buena gastronomía, recorreremos
Abegondo, sede del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo, y podrá disfrutar de esas explotaciones donde vacas y cerdas se preparan serenamente para pasar por los fogones. En Órdenes podrá degustar sus champiñones o su lacón, y en Mesía quedarse boquiabierto con los lácteos de A Casa Grande de Xanceda (Granja Ecológica Casa Grande Xanceda | Queso y Yogur ecológicos).

Alguno habrá salido desde Coruña, tan ártabra y combativa con los ingleses como Ferrol, y se habrá encontrado con que no sabía que Estrella Galicia tiene casi tantas variedades como gustos, probará los tequeños, las patatas fritas de Bonilla, los calamares del Serrano y, siempre que su economía esté saneada, las asombrosas cigalas, y si ha estado en Ferrol podrá reflexionar acerca de en cual de las dos ciudades se como mejor raxo. Coruña se disputa con Santiago la capitalidad gastronómica de Galicia, por lo que es difícil elegir un sitio, pero me arriesgaré diciendo que en la Pulpeira de Melide se puede tomar un pulpo de los que te traslada al reino de Poseidón, y seguramente su puerto pesquero no es el único motivo de esta excelencia gastronómica de la que, por destacar algo, considero que se debe incluir al meritorio pan de Carral.

Todos esos peregrinos, los que salgan de las dos cabeceras del Camino Inglés, confluirán en Oroso comiendo sus riquísimas truchas y finalizarán en Santiago con sus tomates negros y su famosísima tarta, entre otros muchísimos productos que no caben en un artículo.

En medio, tal vez gracias a esa GADISA que tan bien distribuye nuestros tesoros, podrá degustar carnes de rubia gallega (ternera, vaca o buey), de cachena o de porco celta. También esos pollos que tanto deleitan a los eumeses, o unos huevos que (creedme) fuera de aquí son difíciles de encontrar.
Encontrará unas patatas que estarían en cualquier podio mundial, unos grelos tan buenos como cualquier otro de esos que se llevan la fama (¡Ay, los grelos de las tierras de Monfero!) y, por encima de todo, una manera de hacer las cosas que pocos reconocen como lo que es: una muestra de nuestra forma de ser tan arraigada como cualquier otra.

Porque en Ferrol y en Coruña empiezan dos caminos que son uno que reúne en sus dos recorridos una gastronomía muy por encima de la media: Coruña se está posicionando como una Meca gastronómica, Puentedeume también, Betanzos siempre lo fue y Ferrol despierta día a día de lo que mi amigo Eduardo ha definido como “salir a cenar con la PCR (pulpo, chipirones y rajo)”... y entre todos esos vértices se encuadra una región en la que el paso de las estaciones, las mareas, la lluvia, la orografía, la temperatura y la tierra han hecho posible que tengamos miel, queso, requeixo, carnes, pescados, mariscos, verduras, frutas, panes, empanadas, vinos, cervezas, tomates, pimientos, licores, freixós, filloas, bollas, orejas y todo lo que hace falta para ponerse en camino y decirle a la gente que hay otra peregrinación que tienen que realizar.

PD: El 19 de Junio de 2021 se celebró en Ferrol el evento «Primaveira noCamiño» , en el que la Asociación de Municipios de Camino Inglés aportó un importante grano de arena para difundir esas riquezas gastronómicas que poco a poco van ganando fama y prestigio; en las inmediaciones de Curuxeiras el gran Daniel López gestiona O Camiño do Inglés, un poco más arriba nos encontramos La Huerta del Camino, y yo no me pregunto si nuestros productos y nuestra cada día más apreciada gastronomía son o no parte del patrimonio de ese Camino que tantos miles de peregrinos han realizado en los últimos ocho siglos, porque la única duda que tengo es acerca de cuándo empezaremos a unirlos todos para promocionarlos de forma conjunta y así echar una mano a esos campesinos, ganaderos, agricultores, hosteleros, apicultores, queseros, transportistas, tenderos y artesanos que han sabido portar la llama de los que les antecedieron, llevándonos a un mundo de sabores que acompaña esa peregrinación que, gracias a ellos, deja tantas veces de ser un sacrificio para convertirse en un placer.

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