Sabores ártabros-Regreso a Pardobajo. A Pousada da Galiza Imaxinaria

José Perales Garat

He tenido en mente estos días dedicar mis esfuerzos a reseñar ciertos locales que irán apareciendo en estas páginas si sigo escribiendo en ellas, pero he tenido que hacer un alto en el camino por un agradable e inesperado reencuentro que quiero compartir con los que aún no lo conozcan. Regreso a la Calle Pardo Bajo a conocer más a fondo A Pousada da Galiza Imaxinaria, pasen y lean…

Que Pardo Bajo se está posicionando como una de las calles en donde mejor se come de Ferrol es algo que ya sabemos casi todos los de Ferrol y que empiezan a saber en otros sitios del mundo gracias a la ubicación del Hostal La Frontera, que por lo que me dicen mis fuentes más solventes y fiables, se ha convertido en el albergue de peregrinos oficioso de la ciudad.

La cosa es que recorría ese Camino Inglés en demanda de una recomendación de un allegado, y me encontré con varios locales que se habían tomado vacaciones -más que probablemente de cara a la previsible efervescencia del verano-, entre ellos, el local al que me dirigía. Los locales que permanecían abiertos estaban bastante concurridos, y un bullicioso gentío disfrutaba de las viandas con sonrisas que confirmaban que las medidas de restricción ordenadas por las autoridades no han hecho que desciendan ni
un ápice nuestra alegría de vivir ni nuestras ganas de disfrutar… y allá nos fuimos dispuestos a unirnos al jolgorio.

La antigua Posada de las Ánimas es un local más amplio de lo que parece desde fuera, y está decorado con sencillez y buen gusto, por lo que apetece entrar, máxime cuando, desde el momento en que pusimos el pie dentro, la atención por parte del personal de sala fue cordial, amable y educada. La cosa es que no había mesa, por lo que nos pidieron esperar un momento mientras preguntaban a los comensales que estaban acabando  y nos traían la carta y ofrecían una bebida. Ni que decir tiene que los que disfrutamos de la hostelería la valoramos de forma integral, pero lo resumiré de forma sencilla: hay locales en los que falla la cocina y a los que yo no suelo volver, pero hay otros con una cocina aceptable a los que no apetece ir por el trato recibido o por las instalaciones: No es el caso de A Pousada, en el que todas las notas serían altas si yo fuera de los que pongo notas.

El caso es que, como solemos hacer, cada uno eligió un plato, y el menú consistió en unas croquetas de cecina y queso ahumado de San Simón extraordinarias unos langostinos crujientes con mayonesa de kimchi, unas bolitas de centollo a las que juro mi amor y fidelidad eterna, unas tiras de pollo cajún con yogur y un cachopo asturiano que excedía con creces mis expectativas en cuanto a tamaño y que las cumplió más que con creces en cuanto a su calidad, que desde mi punto de vista fue extraordinaria.

Los couland de chocolate blanco y negro y el brownie deconstruido que veis en las fotos provocaron una conversación acerca del punto que tiene que tener el popular bizcocho americano, que según mi sobrino Antonio “no tiene que llegar a betanceiro, pero que sí ha de estar de Zahara, y me dí cuenta de hasta que punto damos por asumido el buen hacer de la cocina local hasta que nos encontramos con elaboraciones bien ejecutadas y presentadas y mejor servidas. El Alto do Bocelo de Monterrei perpetua mi idilio con los godellos, y los toques de humo de los acompañamientos me reafirman en mi creencia de que estamos en el camino correcto.

Y como apunte final os comento que los responsables de cocina del mesón, provienen también de la escuela de hostelería de Puentedeume, y que creo que el Camino Inglés del que os hablaba en mi anterior artículo, tiene un camino inverso que nos está trayendo felicidad directamente desde la villa de los Andrade, y que no podemos sino reconocerlo y, en la medida de nuestras posibilidades, corresponderlo, motivo por el cual de vez en cuando me pierdo por esas vetustas callejuelas que hace poco fueron
definidas por un peregrino como la pequeña Compostela.

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