Eva Solla seguirá al frente de Esquerda Unida al imponerse a la lista de Jorge Suárez

La exdiputada autonómica Eva Solla continuará durante los próximos cuatro años al frente de Esquerda Unida, federación gallega de Izquierda Unida, después de que la lista que encabezaba se haya impuesto a la otra candidatura en liza en el proceso interno, la liderada por el exalcalde de Ferrol Jorge Suárez y que cerraba Suso Díaz, padre de la vicepresidenta tercera del Gobierno, Yolanda Díaz.

En unas votaciones celebradas de forma telemática y presencial entre el 30 de junio y el 4 de julio que serán refrendados en la XIII Asemblea Nacional del próximo 10 de julio, la militancia de EU ha respaldado de forma mayoritaria la propuesta política y organizativa de la actual dirección frente al proyecto alternativo, que apostaba por continuar con la senda de la confluencia con otras formaciones del espectro de la izquierda y del nacionalismo.

Así, la lista de Solla –‘Construír a Esquerda’— se llevó el 69,71% de los votos por el 26,5% de la lista alternativa –‘Pola esquerda confluínte’–, en la que viajaban, además de Suárez, otras caras del ‘municipalismo’ como la edil de Compostela Aberta María Rozas, el edil de Ferrol Suso Basterrechea; y la exconcejala santiaguesa Noa Morales o el exdiputado autonómico Juan Fajardo.

Por tanto, Solla continuará al frente de la organización en la que actúa como coordinadora xeral desde el año 2017. Destaca la ausencia en ambas listas del actual secretario de Organización y portavoz de Marea de Vigo, Rubén Pérez, una de las referencias a nivel gallego de la federación en los últimos años y que desde marzo de 2021 ejerce como responsable de Política Municipal de Izquierda Unida a nivel estatal.

HACER «VISIBLE» LA ORGANIZACIÓN

De este modo, el rumbo elegido por la militancia apuesta por «fortalecer» Esquerda Unida con el objetivo de hacer «visible» a la organización después de una etapa en la que consideran que los procesos de confluencia y la unión con fuerzas como Podemos y Anova debilitaron la capacidad de proyección hacia el exterior del trabajo de la federación.

Todo ello sin renunciar a la idea de confluencia con otras organizaciones, siempre que se produzcan, según remarca el documento, en el marco de unas relaciones «de equidad» a la hora de tomar decisiones y de la visibilización externa de las marcas de unidad popular.

Y es que en el documento de balance de gestión (aprobado por las bases con casi el 70% de los votos), la dirección realiza una visión crítica de los procesos de unión con otras fuerzas que tuvo su última expresión electoral con la coalición Galicia En Común-Anova Mareas el pasado año 2020.

En esas elecciones autonómicas, el proyecto encabezado por Antón Gómez-Reino fracasó en las urnas al no rebasar el umbral de votos necesarios para obtener representación pese a estar impulsada por las fuerzas que cuatro años antes habían logrado ser segunda fuerza en Galicia bajo las siglas del partido instrumental En Marea.

En este sentido, apuntan al «mal clima» en las relaciones entre las organizaciones que llevó a que, tras la ruptura con la En Marea de Villares, Anova quedase descolgada de la coalición que cuenta con dos diputados en el Congreso, uno de ellos ocupado por la ministra Yolanda Díaz, excoordinadora xeral de EU pero que rompió hace ya dos años con el partido y sólo conserva su militancia en el Partido Comunista.

Las autonómicas de julio (primero convocadas para abril pero aplazadas al verano por la pandemia) se encararon con «desgaste» en los cuadros políticos y militancia y unas relaciones «muy afectadas» respecto a Podemos y Anova; apunta el análisis de la dirección de EU, que acusa a sus exsocios de «demorar» las reuniones para configurar la candidatura de unidad para las gallegas.

En este sentido, tras recordar que el adelanto electoral fue «el único elemento que propició que se acelerasen las reuniones», censura la configuración de la candidatura para las autonómicas porque «a pesar» de contar con el número uno por Pontevedra (ocupado por la propia Solla), «la mayoría» de los miembros de la organización quedaron fuera de los puestos de salida.

A continuación, señalan que el acuerdo para estas elecciones fue valorado de forma «positiva» por la dirección de EU, además de por las cuestiones económicas que implicaba, por el compromiso del líder de Podemos Galicia y candidato a la Presidencia de la Xunta, Antón Gómez-Reino, de que abandonaría su escaño en el Congreso tras la cita con las urnas. La salida del de Podemos posibilitaría que el escaño pasase a manos de una miembro de EU.

CRÍTICAS A YOLANDA DÍAZ Y GÓMEZ-REINO

Sin embargo, esto nunca llegó a producirse. Pese a que, además del compromiso interno ahora desvelado por EU, Gómez-Reino había manifestado públicamente que dejaría su puesto en la Cámara baja para centrarse en sus tareas en Galicia, el líder de Podemos Galicia se mantuvo en el Congreso después de las elecciones gallegas.

Esquerda Unida también carga contra Gómez-Reino por su implicación en el proyecto común en los meses previos a las elecciones y ya durante una campaña que, según EU, se desarrolló bajo «un clima de control» por parte de Podemos con la intención de «reducir y centrar» la estrategia electoral «en una sola persona».

Así, sostienen que las previsiones, «que ya no eran positivas» antes de la suspensión electoral, se vieron agravadas «con la ausencia de trabajo por parte de la candidatura y especialmente del candidato a la presidencia, ya que más allá de las declaraciones del primer mes, el tiempo siguiente se caracterizó por una baja política comunicativa, una escasa iniciativa política y la ausencia total de coralidad en la visibilización de la candidatura».

El resultado de las elecciones de julio es calificado de «desastroso» por Esquerda Unida porque, además de quedar fuera del Parlamento gallego, comprometía «seriamente la viabilidad económica de la organización» y su «visibilidad» como organización política.

En este punto, la dirección que encabeza Eva Solla apunta sus críticas hacia la vicepresidenta y excoordinadora xeral, Yolanda Díaz, a la que afean su decisión de abandonar la organización «y el trabajo coordinado con el grupo de En Común en el Congreso no fue posible».

Así las cosas, el proyecto de Solla durante los próximos cuatro años pasa por «recuperar» la visibilidad que, dicen, ha perdido durante los últimos tiempos la organización de cara a reconfigurar su posición en el panorama político gallego, aunque manteniendo su apuesta por Unidas Podemos.

«No creemos en un modelo de confluencia basado en la imposición y en el raquitismo político y sí en una propuesta basada en el diálogo franco y en la representación equitativa y respetuosa. Apostamos desde siempre de forma clara y nítida por la confluencia y para que esta pueda tener algún futuro real solo podrá producirse si se trabaja en un marco de respeto mutuo», remarca.

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